el ciego y la lamparaSe cuenta que, una noche, un hombre caminaba por las oscuras calles de su poblado llevando encendida una lámpara de aceite. Se encontró con otro hombre que lo miró y lo reconoció de inmediato. Era el ciego del pueblo.

Entonces, le manifestó con admiración:
– ¿Qué haces tú, siendo ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves.

El invidente le respondió:
– Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí.

Jesús nos dijo: Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo…Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5, 13-16).