pandemiaLos virus son alegoría de los ángeles rebeldes, que tanto olvidamos. Pese a su tremenda pequeñez, su maldad es notoria. La del tentador también. En un dialogo entre un periodista y el Papa, vía internet, publicado estos días, había admitido que en ciertas temporadas, había sufrido crisis que le hundían en el ateísmo. Algo semejante ocurrió cuando se supo que la Madre Teresa de Calcuta había sufrido periodos de ausencia de Fe.

¿No le sucedió a Jesucristo algo parecido? Se hizo semejante a nosotros excepto en el pecado, afirmamos con Hebreos 4,15. ¿no es genuinamente humano ser víctima de la duda? En Getsemaní fue atacado por el virus maligno al que había vencido en el desierto, sin haber quedado inmunizado. En la cruz sufrió su último ataque. Padre, por qué me has abandonado? Venció definitivamente la crisis: en tus manos encomiendo mi espíritu.

Que los coranovirus sirvan por lo menos para recordarnos lo expuestos que estamos al ataque de este enemigo invisible y nos preparemos.

Han salido a relucir los numerosos ejemplos de generosidad de tantos que se entregan a un esfuerzo agotador. Se ha dado la vuelta a los contenidos frívolos de tantas crónicas y se ha visto el envés que se escondía. Debemos felicitarnos y felicitar a estos anónimos héroes.

Quisiera señalar dos cosas. Todo acto bueno es apreciable y digno de premio. En Mateo 25, 33 ss queda muy claro. El Papa los llama santos de la puerta de al lado.

Sin desdeñar lo dicho, debemos ser conscientes del olvido, o de la supuesta dañina ignorancia que han manifestado las autoridades civiles y los medios, respecto a la colaboración explicita de los cristianos y de sus instituciones, desde Caritas a otras muchas. Se han cedido grandes locales, llámeseles seminarios o dependencias parroquiales. Sacerdotes que han muerto desviviéndose por ayudar a los contaminados. Jesús dijo “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16) continuaré.