tronco d arbolUn tronco de árbol

Había una vez un padre con tres hijos. Los llamó y les dijo:
—Hijos míos, yo ya soy muy viejo. Voy a morir y vosotros no conocéis aún el poblado del que vienen vuestros antepasados. Así que poneos en marcha, id y saludad a la familia. Pero tendréis que ir a pie, porque no hay caminos, pero para lo que pueda haceros falta, cada uno llevará un tronco de árbol que yo os daré. El poblado estaba muy lejos, pero los hijos obedecieron. A poco de comenzar a caminar, el mayor dijo:
—Lo que papá nos pide es absurdo; es imposible andar con este peso encima.
Así que tiró el tronco, y continuó el camino mucho más rápido que sus dos hermanos.
Más adelante, el segundo dijo:
—Nuestro hermano mayor tiene razón, pero como no quiero desobedecer a papá, cortaré el tronco por la mitad para aligerar la carga.
El hermano menor quedó rezagado, con su gran tronco a cuestas, preguntándose por qué su padre les hacía sufrir así. Pero, a pesar de no comprender, siguió con su carga, fiel a lo que el padre les había dicho. Los dos primeros llegaron mucho antes que él al poblado. Sólo que, delante de la entrada, un profundo barranco por el que discurría un río muy caudaloso les
cortaba el paso. El mayor trató de saltar, pero no llegó y se precipitó en el vacío y se mató. El segundo intentó usar su medio tronco de puente, pero la madera no alcanzaba, resbaló, y cayó también.
Cuando llegó el pequeño, exhausto y medio muerto por el esfuerzo, vio y comprendió. Su tronco tenía las dimensiones justas para servir de puente sobre el precipicio. Atravesó el barranco, entró en el poblado, y fue recibido con alegría por toda la familia.

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Todos tenemos un tronco que llevar. Jesús hablaba de cargar con la cruz cada día. Al final del camino comprenderemos porqué.