doming 2 d cuaresmaSegundo Domingo de Cuaresma

Nos ponemos en la presencia de Dios haciendo la señal de la Cruz y cantamos.

ORACIÓN INICIAL: Rezamos con el Salmo 103

Recemos con la antífona: Bendice alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios.

El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos;

Enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;

no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

  1. MOTIVACIÓN INICIAL:

En tiempos de Jesús, la enfermedad era vista como un castigo por algún mal que había cometido esa persona, el enfermo era visto como un pecador. Por eso, además del dolor físico que genera, quedaban marginados del culto, al cual se podían reincorporar al recuperar la salud y cumplir con los ritos de purificación. En el caso de los leprosos, eran expulsados por sus familias y condenados a sobrevivir en las afueras del pueblo para evitar contagiar a otros.

La enfermedad sabemos cuándo llega, pero no cuando se va. En la vida de una persona y de una familia siempre crea un antes y un después. Es una experiencia que transforma no sólo el ritmo de vida, sino también el modo de percibir la vida, la valoración de muchos aspectos que tal vez hasta ese momento no habíamos tenido en cuenta. Pero, sin duda, una enfermedad bien vivida, iluminada por la fe, es fuente de crecimiento, de purificación. Nos hace buscar más a Dios, ofrecerle lo que vivimos, abrirnos a nuestros hermanos, aprender a depender de otros, hacer el camino del sufrimiento, de la cruz, en el cual “Jesús nos da la cruz y la cruz nos da a Jesús”.

Ø  ¿En qué notamos que nos ha hecho crecer la experiencia de la enfermedad a nivel personal, familiar o comunitario o de país?

Ø  ¿Cómo se ha manifestado Jesús en medio de esta situación? ¿Cómo nos ha alentado la fe?

  1. A LA LUZ DE LA PALABRA: del Evangelio según san Marcos 1, 40-45

Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él y le suplicó: «Si tú quieres, puedes limpiarme». Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: «No cuentes esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la Ley de Moisés, para que les conste que has quedado sano». Pero el hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares solitarios. Pero la gente seguía acudiendo a él de todas partes.

Palabra del Señor/ Gloria a Ti, Señor Jesús.

 ¿Qué les llama más la atención del texto?

¿Qué nos enseña este hombre que padecía lepra en el camino hacia Jesús?

¿Qué aprendemos de Jesús en el trato hacia los enfermos?

  1. REFLEXIÓN: del Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2021

La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos”.

La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata.

La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Unidos a Él por la acción del Espíritu Santo, estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren. Y vivimos esta cercanía, no sólo de manera personal, sino también de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles

El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado.

¿Qué les llama la atención de la enseñanza que nos deja el Papa Francisco?

  1. ORACIÓN COMUNITARIA: a cada oración respondamos:

¡Muéstranos Señor, tu misericordia!

  1. COMPROMISO: Ponernos de acuerdo para ir de a dos a visitar esta semana a algún enfermo del barrio o la parroquia, siempre que las condiciones epidemiológicas lo permitan. En su variante al menos hacer una llamada telefónica y hacerle saber que nos preocupamos por él, que le acompañamos con nuestra oración y rezar un rosario ese día por todos los enfermos.
  2. Rezamos juntos el Padrenuestro, Dios te salve María y el Gloria, concluimos con un canto de Cuaresma.