cuaresma domingo primerINTRODUCCIÓN: Comenzamos el pasado miércoles la Cuaresma, este tiempo de gracia que Jesús y la Iglesia nos ofrecen para renovarnos en la fe, la esperanza y la caridad. La renovación es fruto de la conversión, en la cual siempre Dios es el que toma la iniciativa que provoca el deseo de crecer y ser mejores personas.

Es un tiempo para entrar en nuestro interior e intentar ordenar nuestras vidas, de modo que podamos volver a escuchar la voz de Jesús que nos llama a seguirlo y a servirlo en nuestros hermanos.

Nosotros iniciamos como Iglesia un camino hacia la Pascua, un proceso de liberación de todo aquello que nos ata o condiciona nuestra libertad de uno u otro modo.

Queremos renovar nuestras vidas, familias y comunidades, para que podamos vivir con alegría y sencillez de corazón la misión que Jesús nos confía para ser capaces de hacerlo presente en todo momento y lugar.

Escuchamos en el Plan Pastoral “Por el camino de Emaús”:

“La Conversión fue la primera palabra de la predicación de Jesús, “conviértanse porque el Reino de Dios ha llegado” (Mt 4, 17).

Esta conversión tiene dos dimensiones: la personal y la pastoral:

Cada uno de nosotros: laicos, sacerdotes, religiosas, religiosos, obispos conviene que nos preguntemos: ¿soy y hago lo que Dios quiere que sea y haga? ¿Estoy ayudando a que resplandezcan las Bienaventuranzas en medio de mi pueblo y de mi gente?

Pero la conversión personal no basta, es necesaria también una conversión pastoral, es decir una conversión de los modos de proceder comunitarios. Esta exige escucha de la Palabra, mirada sensible a las realidades de nuestro pueblo; gran docilidad y disponibilidad para poner manos a la obra.”

Para aprovechar este tiempo en que nos encontramos en casa la mayoría del tiempo a causa de la pandemia  los invitamos a detenernos más, para reflexionar y rezar, de modo que nuestra respuesta a Dios sea más generosa. Necesitamos experimentar la misericordia de Dios que sale a nuestro encuentro para sanar las heridas que nos provoca el pecado y nos ayuda a recuperar la confianza que nos hace capaces de comprometernos con nuestra realidad social, eclesial y familiar.

Por eso les ofrecemos estos cinco encuentros, para cada domingo de cuaresma, de manera que nos puedan ayudar a compartir el camino hacia la Pascua. Dejemos que el Espíritu del Señor nos guíe en nuestro peregrinar, Él nos lleva como a Jesús al desierto, como el lugar propicio para escuchar la Palabra con atención, el lugar del encuentro sereno, cercano, amistoso con el Señor; el lugar de la memoria que sostiene nuestra esperanza y el lugar de la prueba, para volver a optar por Jesús y la propuesta de vida nueva que nos ofrece compartir con su Evangelio.

Les sugerimos intentar elaborar en familia un sencillo programa que marque los pasos que queremos dar a lo largo de la Cuaresma, donde podamos fortalecer y crecer en la relación con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos.

Nos ponemos en la presencia de Dios haciendo la señal de la Cruz y cantamos.

  1. ORACIÓN INICIAL: Rezamos con el Salmo 103

Recemos con la antífona: Bendice alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios.

Bendice, alma mía al Señor y todo mi ser a tu santo nombre.

Bendice, alma mía al Señor, y no olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades;

y te colma de gracia y de ternura;

Él sacia de bienes tus anhelos, y como un águila se renueva tu juventud.

  1. MOTIVACIÓN INICIAL:

En general, todos, en mayor o menor medida, queremos ser mejores en algunos aspectos de nuestra vida, lo pensamos o reflexionamos; sin embargo, no llegamos a concretar ese sano deseo de crecer y cambiar para bien. En la vida cristiana, tanto a nivel personal como comunitario, sentimos el llamado de Jesús a convertirnos, pero nos cuesta responder de un modo más concreto y nos quedamos en buenos deseos.

Por eso ahora que estamos comenzando un tiempo de gracia tan especial como la Cuaresma, es una buena oportunidad de poner orden en nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Podemos hacer un sencillo plan con pasos posibles, concretos, que podamos revisar cada semana, en este camino hacia la Pascua de Jesús, que también es nuestra propia pascua.

 ¿Sentimos el deseo de cambiar, crecer, convertirnos? ¿Qué aspectos les parecen más importantes?

 ¿Les parece que como familia, o personas de la misma comunidad que nos hemos reunido para esta celebración, podemos hoy hacer un programa para vivir lo mejor posible la Cuaresma? Recordemos los tres aspectos fundamentales: Oración (la relación con Dios), Limosna (relación con los demás: solidaridad y perdón) y Ayuno (relación con nosotros mismos). Sería bueno que para cada uno de estos aspectos hagamos propuestas concretas para cada semana y las revisemos al comenzar el próximo encuentro.

  1. A LA LUZ DE LA PALABRA: del Evangelio según san Mateo 6, 1-6, 16-18

Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre que está en el cielo. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo anuncies con trompeta como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad les digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos por los hombres; en verdad les digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad les digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

Palabra del Señor/ Gloria a Ti, Señor Jesús.

¿Qué les llamó más la atención de este texto? ¿En qué insiste Jesús? ¿Por qué?

¿Qué significa la expresión de Jesús “en lo secreto”?

¿Qué entendemos por: ayuno, oración y limosna? ¿Cómo lo podemos vivir en esta Cuaresma?

  1. REFLEXIÓN: del Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2021

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz». En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación, son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna)

y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

¿Qué les llama la atención de la enseñanza que nos deja el Papa Francisco?

  1. ORACIÓN COMUNITARIA: a cada oración respondamos:

¡Muéstranos Señor, tu misericordia!

  1. COMPROMISO: Hacer un plan personal o familiar (escribirlo) que nos ayude a aprovechar este tiempo de gracia que Jesús y la Iglesia nos ofrecen, poniendo para cada semana propósitos concretos en orden a crecer en la relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos.
  2. Rezamos juntos el Padrenuestro, Dios te salve María y el Gloria, concluimos con un canto de Cuaresma.