virgenQueridos hijos e hijas. Soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Hoy me dirijo a ustedes en este día tan especial para todos los cubanos pues celebramos la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, Madre y Patrona de todos los cubanos.

Hemos subsistido en un año muy difícil, y aún sentimos que el futuro mejor está distante. Una pandemia nos ha obligado a vivir de una manera diferente. Hemos experimentado el miedo y el sufrimiento muy de cerca viendo a familiares y amigos contagiarse de Covid-19, o padeciéndolo nosotros mismos; sintiendo que las cosas habituales ya no las podemos realizar. Hemos permanecido en las casas para cuidarnos, los niños no han podido ir a la escuela, los adultos al trabajo, los ancianos a sus salidas acostumbradas. Debemos usar mascarillas e higienizar nuestras manos y calzados constantemente, haciendo incómodo nuestro desarrollo diario.

En medio de toda esta cruda realidad, la situación económica se ha agudizado, aumentan las colas en establecimientos de comercio, y el abastecimiento de la familia es todo un reto. Esa es nuestra vida en estos tiempos. Muchos podríamos creer que no hay espacio para la esperanza.

Hemos querido hacer referencia, en distintos momentos de este espacio, a la presencia de la Virgen en la historia de nuestra patria, para reflexionar en torno a ella.

Al ubicarnos en el momento histórico en que ocurre el hallazgo de la imagen, los aborígenes habían comenzado a escasear como mano de obra debido a los abusos, matanzas y enfermedades traídas por los españoles a la isla, por lo que se decidió traer a esclavos de África. Cuba estaba sumida en el dolor y la sangre de sus hijos y de los emigrados producto de la trata.

En estas condiciones la Madre de Dios se hace presente en nuestras aguas, con sus vestidos secos a pesar de flotar en el mar y anunciando a todos su nombre: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

“Yo soy la Virgen del Amor. No están solos. Su dolor no nos es ajeno. Yo estoy aquí para acompañarlos, animarlos en la fe y alimentar la esperanza”. Este es el mensaje que podemos descubrir en el relato de aquel 1612. Así ha acontecido en toda nuestra historia. ¡Qué gran regalo le ha hecho Dios a Cuba al enviarnos a su Madre!

Esta misión la entendieron perfectamente nuestros mambises, por eso a Ella encomendaron sus esfuerzos porque Cuba fuera libre e independiente. A su altar del Cobre fue Carlos Manuel de Céspedes para ofrecerle la campaña que se iniciaba el 10 de octubre de 1868. Años más tarde, cuando alcanzan el triunfo al mando del Mayor General Calixto García, éste “ordena a su Estado Mayor, al mando del General Agustín Cebreco, pues a él no lo dejaban entrar en Santiago de Cuba,  que “celebre el triunfo Cuba sobre España en Misa solemne con Te Deum a los pies de la imagen de la Virgen de la Caridad”. El 8 de septiembre de 1898 se celebró en el antiguo Santuario “la primera fiesta religiosa en Cuba Libre e Independiente”. Y para que así constara en los anales de la historia, firmaron esa mañana el Acta levantada junto a la imagen venerada los oficiales del Ejército Libertador Cubano, y también los del ejército americano presentes en la celebración. Esta Acta, que se conserva en los archivos del Santuario como preciada reliquia, se considera como la Declaración Mambisa de la Independencia, y es expresión del compromiso del cubano católico con la Iglesia de su tierra y para su tierra.”

Cimarrones apalencados, esclavos escarnecidos, mambises aguerridos, humanos con derechos pisoteados, rebeldes que llevaban el rosario al cuello para sentirla cerca, como mismo sus antepasados llevaron al campo de batalla la cinta tricolor con la medida de la imagen, hombres todos a quienes los siglos separan en el tiempo, pero todos viviendo su tiempo con ansias de un futuro mejor.

Podríamos nombrar muchísimos momentos de nuestra historia en los que la Madre ha dado fuerza a la esperanza y bríos al espíritu de los cubanos. Al calor de su amor, se ha forjado la identidad de este pueblo donde crece, junto a sus raíces, la devoción a la Virgen de la Caridad.

Es que así son las Madres, no pueden abandonar a sus Hijos. No te sientas solo ni olvidado. En estos tiempos Ella también se hace presente en nuestra historia.

Este año no podemos acompañarla en su tradicional recorrido por nuestras calles, pero Ella camina a tu lado en cada paso que das, en cada preocupación a la que te enfrentas, en el día a día de tu familia, ante la necesidad de superar las difíciles pruebas que se te presentan, en el reto de subsistir.

La Virgen de la Caridad es parte de la vida del cubano, donde quiera que esté. Es un amor correspondido por el pueblo que le confía sus alegrías y penas, su realidad. Pidamos a nuestra Madre, con la confianza de los hijos, que interceda por nosotros ante Jesús, su Hijo Amado, al que vio padecer y morir en una cruz por amor a la humanidad entera. Que mire con bondad a nuestra Patria y salve a Cuba de llantos y afanes. Que así sea.