MEMORIAS INOLVIDABLES DE UNA VISITA PASTORAL

TESTIMONIOS

 

La lluvia como bendición del cielo despidió al Papa y recibió al Obispo. Continuidad pastoral en Cuba .

“... Un obispo no puede perder el ser persona itinerante...”

El cariño por aquel que hoy es su obispo y ayer fue su sacerdote.

Un homenaje a los cincuenta años de vida sacerdotal de quien ha sido padre, maestro y luz de esta Diócesis.

La misericordia y la solidaridad, esencia de esta Visita Pastoral.

La alegría que da la visita de un familiar querido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la derecha, en primer plano, el P. Gaiga, P. Juan Carlos Carballo y el Obispo, rezando el Rosario en una comunidad de barrio de San Luis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA LLUVIA COMO BENDICIÓN DEL CIELO DESPIDIÓ AL PAPA Y RECIBIÓ AL OBISPO. CONTINUIDAD PASTORAL EN CUBA

En una tarde lluviosa de julio, en los días comprendidos entre el 15 y el 18 recibimos la Santa Visita Pastoral de nuestro querido Obispo José Siro González Bacallao, a la comunidad de Guane. La pertinaz llovizna no impidió que muchos feligreses asistieran a tan lindo y digno recibimiento amenizado por jóvenes estudiantes de música, el coro de nuestra parroquia y décimas con motivo de tan alegre visita.
Esta se desarrolló en un ambiente amistoso y de diálogo entre el Señor Obispo y distintas instituciones asistentes para así poder saber de las inquietudes y problemas afines. Esta conversación se celebró disfrutando una sabrosa taza de café. Posteriormente, en la noche, Monseñor hubo de celebrar la misa con la cual se inauguró oficialmente la visita pastoral.
Fueron varias las actividades que se desarrollaron, como los encuentros con catequistas y organizaciones parroquiales. Se compartieron almuerzos y comidas familiares, encuentros con jóvenes y niños y la tan misericordiosa visita al “mundo del dolor” compartiendo con enfermos en el hospital local y además visitando el cementerio.
Los enfermos recibieron el sacramento de la Unción a los Enfermos. Fueron días de intensa labor pero considero que él se sintió a gusto entre nosotros y para la comunidad de Guane fue un privilegio y un honor contar con su presencia.
Esta visita no sólo se circunscribió a la comunidad urbana sino que fue a los campos, como Punta de la Sierra y La Güira.
En la misa de despedida, donde varios hermanos de la comunidad recibieron el sacramento de la Confirmación, el Señor Obispo dijo haberse sentido como en su casa y agradeció tantas muestras de cercanía y cariño.

Milagros Pedrera Martínez.
Comunidad de San Ildefonso de Guane.


"... UN OBISPO NO PUEDE PERDER EL SER PERSONA ITINERANTE...”

Cuando me enteré que, con motivo del Centenario de la Diócesis, se iba a llevar a cabo una Visita Pastoral, me alegré mucho y lo vi muy necesario; primero: porque creo que Dios interviene a través de la realidad concreta de la vida, de la realidad cotidiana y es un momento de encuentro con Él a través de la vida de las personas y comunidades.

Segundo: es como la imagen del Padre que reúne a sus hijos para celebrar y disfrutar el crecimiento de la vida que se hace presente por un lado a partir de la iniciativa y creatividad de las personas y comunidades cristianas y, por otro lado, orientando y animando a los que por motivos distintos se encuentran con un ritmo más lento o les falta luz para ver más claro.

Pienso que un Obispo no puede perder el “ser persona itinerante”, mantener contacto directo con las personas, comunidades y con su pueblo, con el amor de gratuidad con el que Dios nos ama. Gracias, Monseñor.

Hermana Ana María García Novo.
Madre Escolapia de la Comunidad de San Hilarión de Guanajay.


EL CARIÑO POR AQUEL QUE HOY ES SU OBISPO Y AYER FUE SU SACERDOTE

Para mí la visita pastoral que realizó el Señor Obispo de Pinar del Río en el pasado mes de mayo fue un momento para profundizar más esa comunión fraterna que por la vocación sacerdotal diocesana estoy llamado a vivir con mi Obispo y que es lo que define al sacerdote diocesano.

Fue un momento de compartir oración, experiencias pastorales y amistad con Monseñor José Siro.

Fue una ocasión para ver el cariño y agradecimiento de los sanjuaneros por aquel que hoy es su Obispo y ayer fue su sacerdote en momentos difíciles desde que llegó a esta parroquia en el año 1957.

Doy gracias a Dios por esos días inolvidables que marcaron a todos los que lo vivimos.

Padre Carlos Portela Merzeau.
Párroco de San Juan y Martínez.


UN HOMENAJE A LOS CINCUENTA AÑOS DE VIDA SACERDOTAL DE QUIEN HA SIDO PADRE, MAESTRO Y LUZ DE ESTA DIÓCESIS

La Santa Visita Pastoral que tuvo lugar en nuestra Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de La Palma del 5 al 8 de febrero del año 2004, fue una ocasión muy especial al tener al Señor Obispo muy cerca, residiendo en nuestra parroquia.

Fue una satisfacción indescriptible acompañarlo en sus visitas a enfermos, familias y comunidades donde mi admiración y respeto fueron mayores al ver como él recordaba cosas de años con mucha facilidad de detalles, solamente dados a quien ha sido un gran Pastor por una veintena de años para esta porción del pueblo de Dios que peregrina en esta Isla.

También hubo espacio para reunirse con el Consejo Parroquial donde animó y orientó a cada responsable de las distintas pastorales a servir con mayor compromiso a la Iglesia en el seno de la comunidad. Además visitamos el Panteón Católico donde rezamos y recordamos a aquellos miembros de la parroquia que han sido pilares de la Iglesia.

En la visita a enfermos llegamos hasta el Hogar de Ancianos del pueblo donde al saber unos y conocer otros de la presencia del Señor Obispo se quedaron sorprendidos.

Por primera vez en la historia un Obispo presidió la misa en el poblado de Sanguily y se encomendó dicha comunidad bajo la protección y amparo de Nuestra Señora de la Merced. Así mismo prometió una imagen de la Patrona la cual, días después, hizo llegar a través del párroco, causando gran entusiasmo en la pequeña comunidad cristiana.

La visita culminó con la Santa Misa dominical donde recibieron el sacramento de la Confirmación veinte hermanos de la comunidad, en su mayoría jóvenes y esto constituyó un homenaje a los cincuenta años de vida sacerdotal de quien ha sido Padre, Maestro y Luz de esta Diócesis y a quien con respeto y cariño le llamamos, sencillamente, Monseñor Siro.

Francisco Cruz Diáñez.
Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de La Palma.


LA MISERICORDIA Y LA SOLIDARIDAD, ESENCIA DE ESTA VISITA PASTORAL

Varias veces encontré en el Obispado a Mons. Siro de regreso de algunas de las Visitas Pastorales a las parroquias de la diócesis que lo ha tenido ocupado largo tiempo en los dos últimos años. Siempre lo vi cansado pero contento. Contento de la felicidad que siempre acompaña las fatigas apostó1icas y que es bien reflejada en aquellas palabras de Pablo con las cuales, escribiendo a su amigo y colaborador Timoteo, hacia el balance de sus múltiples tribulaciones evangelizadoras: “He combatido la buena batalla, he terminado la carrera...”.
Hablaba con gusto Mons. Siro sobretodo de su llegada a lugares donde mayor era la pobreza, lugares en los cuales la Iglesia era presente para llevar el conocimiento de Jesús y algo que aliviase las penas materiales y morales de aquella gente. A menudo donde llegan las altas autoridades estatales se nota en Cuba un gran afán del pueblo impulsado por su dirigentes locales en ocultar lo triste de su condición, en mejorar la fachada del ambiente, limpiar calles, pintar casas y aceras, poner a la venta abundancia de productos que después normalmente carecen. Así el pueblo se queda satisfecho de lo magnánimo y providencial que es el paso aunque raro de sus autoridades y ellas se van ilusionadas de lo contento y en todo bien servido que está el pueblo.
Quizás algo semejante y formal pudo pasar en el pasado en las parroquias también al paso de ilustres Obispos y Prelados. Pero nada de eso al paso de los Obispos cubanos de hoy y en este caso: de Mons. Siro, hombre enérgico pero al mismo tiempo sencillo, en sintonía con su pueblo pobre, copartícipe de sus penas y comprometido en aliviarlas lo más que puede. Hombre mayor que, sin embargo, ha merodeado por calles, avenidas y sendas bajo el sol caliente que a menudo le aconsejaba protegerse con una gorrita o un sombrero campesino de paja. Que ha zigzagueado entre charcos fangosos por las lluvias recientes o por el generalizado deterioro del alcantarillado. Que ha tocado a la puerta de enfermos, de personas que en tiempos difíciles y, hasta su edad avanzada, han permanecido fieles y entregadas a la Iglesia. Se ha sentado muchas veces en el interior de una humilde capilla o de unas casitas cubiertas de fibra o de guano, a la sombra de un portal o de la copa frondosa de un espeso mango o de un florecido flamboyán hablándole a las comunidades allí reunidas un lenguaje entendible a grandes y pequeños. En los centros parroquiales después ha dirigido su palabra alentadora a catequistas, animadores y al mismo tiempo ha estado en actitud amigable el más largo tiempo al lado de sus sacerdotes, capaz de relacionarse con el grupo y al mismo tiempo de fijarse en el individuo y sus problemas personales.
Le ha sido posible tocar con mano más de cercana y más ampliamente realidades que ya conocía y que le preocupan, junto a los demás pastores, como la inestabilidad de muchas uniones matrimoniales, la persistente ignorancia en la fe y escasez de la práctica religiosa, la larga separación de los hijos de la familia y la continua movilización de los mismos que hace difícil encontrar momentos y clima adecuado para hablarles también de Dios, todo el conjunto de obstáculos, de diversiones, de impedimentos y de trampas que se urden para hacer siempre más difícil la obra de Evangelización y promoción humana de la Iglesia. A pesar de eso en muchas partes ha gozado el Obispo al constatar el esfuerzo de sus sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos y los frutos de ese esfuerzo misionero.
Personalmente tuve la suerte de acompañarlo en la Visita Pastoral en Los Palacios, en noviembre de 2003, y en San Luis, en junio de 2004, parroquias donde me encontraba de cura párroco en tiempos tan cercanos debido a mi traslado. Entre una y otra parroquia lo acompañé en visita, además de a las comunidades principales, a más de treinta otras pequeñas comunidades del campo.
No obstante los limitados medios disponibles comunicar y sensibilizar, tuve la impresión que en casi todas se dio prueba de haber percibido la importancia del evento y se dio cita un número significativo de fieles, sobre todo muchos niños, para recibir con alegría y cariño la persona y la palabra paterna y alentadora del sucesor de los Apóstoles.
He presenciado mútiples escenas en que me parecían materializarse las palabras de Jesús: “El Buen Pastor conoce a sus ovejas y las ovejas escuchan su voz...”. Recuerdo, por ejemplo, cuando cerca del puente de la Autopista en Los Palacios, por su mismo deseo, fuimos a visitar a un viejito paralítico de las piernas desde cuando tenía 4 años y que ahora se acerca a los 80. Mientras Monseñor conversaba con este hombre de exquisita humanidad, gran pobreza, encantadora serenidad, acurrucado sobre una carretilla tirada por un carnero que cada día lo lleva al centro del pueblo a buscar sus mandaditos y también aquellos de unos vecinos, captaban su atención desde una casa vecina los lamentos continuos de una anciana de 90 años que llamaba repetidamente a su hija y se quejaba de sus dolores.
El Obispo pidió y obtuvo con gusto el permiso de entrar en el cuarto de la pobre mujer: “¡Buenos días! -le dijo en voz alta -soy el Cura que está aquí para saludarla y darle mi bendición”.
De pronto aquella especie de delirio y entorpecimiento de la viejita se acabó y cogió ella plena conciencia le besó las manos a Monseñor y con lucidez le escuchó lo que le comunicó. Entre ellas y la hija le hicieron presente también al Obispo que necesitaba de cierto medicamento que, pocos días después, Monseñor me resolvió y fui a entregárselo a la abuelita.
Por haber nacido y crecido en esta Diócesis, por su servicio pastoral antes como Cura parroco y después como Obispo, creo que Mons. Siro ya desde hace tiempo conocía toda la geografía y topografía de la misma mucho más que el afamado Tranquilino Sandalio de Noda. Pero esta Visita Pastoral le ha permitido conocerla aún más minuciosamente, concediéndole llegar a casi todos los rincones, encontrando y fomentando allí la presencia y vivencia de la semilla del Evangelio.
A mí, al respecto, me procuraba gran consuelo, siendo a menudo afligido por la impresión de no hacer bastante en pro de la salvacion de las almas, escucharle decir: “Aquí, Padre, no se había llegado nunca ni en tiempo del tan popular Padre Ojea, ni en tiempos en que la Diócesis contaba con muchos más sacerdotes y un inferior número de habitantes”
Después durante el traslado de una a otra comunidad del campo Mons. Siro, como pinareño genuino, aprovechaba muchas veces para fumarse tranquilamente un puro y echar un vistazo a la campiña, ahora próspera y verdeante, ahora árida por la sequía e invadida por el marabú, atento también a las condiciones y variaciones del entorno natural y, en su espíritu franciscano, a las criaturas del monte y la manigua.
En su crónica de la larga visita a casi 40 parroquias de la entonces muy vasta diócesis de La Habana que el famoso Obispo Espada y Landa emprendía en el año 1804, narra Fray Hipólito Sánchez Rangel que el gran Obispo corrigió a curas, examinó archivos y libros, celebró una infinidad de Confirmaciones, arregló miles de matrimonios y, sin embargo, encontraba también alguna media jornada para salir a cazar pájaros con su escopeta.
No llegó a eso Mons. Siro, pero un par de veces lo vi regresar de la visita Pastoral contento, llevando una jaulita con algún negrito o tomeguín dentro que le habían regalado en alguna parroquia, algo que le gustaba hacer cuando muchacho. Otra vez me mostraba unas fotos por él mismo sacadas, parando por un momento la marcha durante la Vista Pastoral en Mantua. Fotos de algo raro: una tiñosa blanca que, como él mismo me explicaba, controlaba si las negras que la rodeaban podían o no (porque estuviera envenenado) disfrutar del ocasional pasto que le brindaba la muerte ajena. Así para este hombre de Dios, pero también hombre plenamente encarnado en la realidad de su pueblo, muy familiarizado con sus costumbres y franciscanamente encantado ante las maravillas, misterios y sorpresas de su medio ambiente, dolido por las heridas producidas al mismo, resultaba esta también una ocasión propicia para redescubrirlo mejor todo, contemplarlo, entregarlo a Dios en los espacios de oración comunitaria y personal que han marcado frecuentemente las etapas de su peregrinaje a través de la Vuelta Abajo de inicio del tercer milenio.
Para mí ha sido una no indiferente fatiga apostó1ica organizar y acompañar a Mons. Siro en una doble Visita Pastoral a distancia de pocos meses, pero me quedará grato e inolvidable el recuerdo de haber tocado con mano por unos días, a través de su presencia paternal, de su afable sonrisa, de sus breves y sosegadas reflexiones, momentos de oración, los dones y caricias que iba distribuyendo Dios, rico en misericordia, solidario sobre todo con los más humildes, que pasaba visitando a su pueblo.


P. Joaquín Gaiga.


“LA ALEGRÍA QUE DA LA VISITA DE UN FAMILIAR QUERIDO”

A continuación se recogen testimonios de algunos sanjuaneros, pueblo donde el Señor Obispo fungió como párroco durante 22 años.

· Significó paz, armonía, cariño, hermandad.
· Que el Espíritu Santo vino a nosotros.
· Fue maravilloso recordar sus tiempos de sacerdote aquí en San Juan y Martínez.
· Su forma de hablar penetra el alma.
· Confianza y enseñanza
· Humildad y generosidad.
· Es un sanjuanero muy nuestro.
· La alegría que da la visita de un familiar querido y admirado por su ejemplo de vida.
· Nos quitó el miedo y nos sembró esperanza.
· Fue un ambiente familiar.
· Sentí que recibí a Dios en mi corazón.

 

 

Visita Pastoral de Mons. José Siro González Bacallao,
en el Centenario de su Diócesis de Pinar del Río