MEMORIAS INOLVIDABLES DE UNA VISITA PASTORAL

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE
SAN JOAQUÍN DE SAN LUIS

Parroquia de San Joaquín de
San Luis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quien aquí escribe tuvo la oportunidad de leer decenas y decenas de informes de actas de Santas Pastorales Visitas de Obispos a parroquias de esta diócesis de Pinar del Río y, haciendo una comparación, puede dejar constancia que esta última no conoció nada de lo triunfalístico y fiscal, sobre todo de las Visitas Pastorales de finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Se trató en verdad de un afectuoso y genuino contacto del sucesor de los apóstoles con la gente sencilla y más sufrida de este pueblo de San Luis.
Ante todo el pueblo de San Luis vio como un signo de la benevolencia de Dios que el día de inicio de la Santa Visita Pastoral coincidiera con un muy esperado y providencial aguacero después de una intensa y excepcional sequía, y que la lluvia cayera abundante, sobre todo durante el tercer día de la Visita.
He aquí, en resumen, la crónica de estos intensos días: Jueves 10 de junio, misa de acogida del Obispo, Mons. Siro, por él concelebrada con el párroco y el secretario de la Visita, P. Juan Carlos Carballo, a las 8.30 p.m; la presenciaba el grupo de los más sensibles y comprometidos de la parroquia. Al finalizar la misa, el Obispo dirigía a gran parte de los miembros del Consejo Parroquial, Ministros de la Palabra, Catequistas, Visitadores de enfermos, comprometidos con la pastoral carcelaria, etc. una charla sobre el tema: “Misión de los laicos en la Iglesia”. Se inspiró, en su clara exposición, en documentos del Concilio y de la Iglesia Latinoamericana pero sobre todo en su concreta experiencia personal de pastor de almas.
No se pudieron hospedar aquí el Obispo y su secretario por la escasez de agua en la casa, debido a la sequía e ineficiencia del acueducto del pueblo que, como muchas otras cosas en Cuba en estos tiempos, no funciona bien y para sustraerlos, además, de la tortura de la música loca que irrumpe cada fin de semana en las inmediaciones de la iglesia por iniciativa de los jóvenes de la llamada “Casa de Cultura”.
El día siguiente, viernes 11 de junio, el Obispo y el secretario de la Visita llegaban puntuales de Pinar del Río a las 9 de la mañana. Dedicaban una media hora a revisar el último libro de bautizos, los libros de matrimonios y confirmaciones del archivo parroquial, declarando de palabra y por escrito que se encontraban en buen orden. Lamentaba Monseñor el escaso número de matrimonios por la Iglesia, debido a los tiempos que se viven y auspiciaba que mejore cuanto antes.
Por el resto de la mañana el p. cura, el secretario y una señora que preside el grupo de visitadoras de enfermos acompañaron al Obispo a visitar una docena de ellos a lo largo y ancho del casco urbano de San Luis. Podía Monseñor darse cuenta de cómo algunos de ellos viven en tales condiciones de pobreza y escualidez que es dura prueba para el estómago demorarse a su cabecera. El más joven Secretario, por ejemplo, tuvo que salir dos veces de un apartamento por conatos de vómito. A todos estos enfermos el Obispo dispensó su gran afabilidad, cariño y una palabra de aliento, además de un pequeño crucifijo.
Después del almuerzo y breve siesta, se daba inicio a la visita a los barrios rurales, empezando por Barrigona 2. La lluvia que caía sobre San Luis en aquella hora de la tarde nos hacía temer por la participación en esta primera cita. Pero en Barrigona 2 no llovía y la señora Fefa había preparado, bajo la sombra de un frondosa flamboyán buena cantidad de rudimentarios asientos completamente repletos de gente de esta comunidad y otros procedentes de las cercanas Barrigona 1 y Naranjal.

El Obispo compartiendo con un grupo de
miembros de la comunidad.


De Barrigona 2 nos desplazamos hacia Las Cruces en casa de Susa. Tanto con Fefa como con Susa el Obispo gozaba de reconocer a mujeres comprometidas con la Iglesia desde su juventud y que habían vuelto a serlo después de tiempos más difíciles que los actuales. También en casa de Susa lo esperaba y se entretenía, atento a su palabra, un buen número de gente, sobre todo de niños, algunos venidos con su catequista Juan Alberto de la comunidad de Los Pelayos.
Alcanzábamos después la comunidad del Rosario donde el Obispo podía constatar como varias familias, después del ciclón de hace casi dos años, viven todavía en los llamados “contenedores”, toscas y angostas chozas sin piso, hechas con viejas tablas y con cubierta de zinc. En uno de estos cuchitriles, por ejemplo, vive una familia así integrada: papá de 35 años, mamá aún más joven y 5 hijos, en una estrechez y promiscuidad desgarradoras. Aquí el P. Miguel, el P. cura que me precedió, ayudó a la señora Lidia, animadora de esta Comunidad, en la reconstrucción de su casa, en gran parte de madera, y la realización de un baño donde puedan ducharse y cuidar un poco su higiene personal también los vecinos.
Se presentaron muchos y estrenaban lo mejor de su ropita los niños y mujeres del Rosario; a pesar de las condiciones en que viven se mostraban muy atentos y educados con el Obispo que, al finalizar sus paternas palabras, invitaba a todos a rezar un Ave María delante de la imagen de la Virgen colocada en un gracioso nicho en el patio de la casa, también regalo del P. Miguel.
La lluvia que había continuado, aunque con menor intensidad, en la cabecera y centro norte del municipio disminuyó un poco el número de los participantes en las dos siguientes comunidades de Forteza y Hermanos Vena. En esta última Monseñor renovaba su satisfacción al encontrar otra mujer comprometida con la Iglesia en sus años juveniles, que se alejó de ella cogida por los mitos revolucionarios, pero volvió a la Iglesia en los años de su madurez.
Más o menos a las 6: 30 de la tarde llegábamos a la comunidad y guardería de Río Feo, hecha realidad gracias al P. Miguel. El Obispo la visitaba por primera vez. Esperaban nuestra llegada y nos daban la bienvenida varias personas: niños y personal de la guardería que nos brindaron también la cena. A las 8: 30 p.m. seguía la Santa Misa presidida por Monseñor Siro y bien preparada en su liturgia por María, responsable de la guardería y sus ayudantes en la catequesis que imparte en esta comunidad a niños y adultos. El Obispo se iba muy contento y sus palabras y actitud le captaban la simpatía y confianza de los numerosos presentes que no cabían en el salón-capilla.
La jornada del sábado 12 de junio, tercera de la Santa Pastoral Visita, empezaba con la visita al campo santo. Rodeado de un grupo de fieles que habían acudido a la cita, junto a la tumba donde descansan los restos de los Padres Curas fallecidos en este pueblo, Felipe Beltrán y José Martínez, el Obispo animaba unos momentos de oración, el rezo de un Salmo, la lectura de un párrafo bíblico, una pequeña reflexión e impartía la bendición a las almas de los difuntos.
Nos dirigimos después hacia Palizadas. Si el día antes Monseñor había podido darse cuenta de las difíciles condiciones de los tramos del camino hacia El Corojo y Las Cruces, llenos de baches, en este día experimentaba las insidias que constituyen los baches e tiempos de lluvia a lo largo de los terraplenes. De alguna manera alcanzábamos Palizadas donde el P. Miguel hizo construir una casa muy sólida y capaz en mampostería que desde hace poco tiempo hospeda la familia que es punto de referencia de la comunidad, reservando un espacio adecuado para nuestras actividades.
Estaba esperándonos un numeroso grupo de miembros de la comunidad de Las Llanadas. Como en todos los demás lugares el Obispo dirigía su paternal saludo, su afable palabra, escuchaba y daba respuesta a preguntas, dialogaba y, al despedirse, a todos les entregaba unas medallitas, unos crucifijos o unas estampitas que esa buena gente recibía con gran cariño y devoción. En esto hay que decir que Monseñor se mostraba más generoso y benéfico sobre todo con los más pobres. Los mejores crucifijos, por ejemplo, les tocaban a los habitantes de Espanta Sueño, a los cuales llegábamos poco después. Visitar esta pequeña y desheredada comunidad es darse cuenta de cómo no faltan en Cuba lugares intrincados donde, por un conjunto de causas, se vive todavía en condiciones infrahumanas. En Espanta Sueño el P. Miguel hizo construir un rancho de forma hexagonal con un buen piso de cemento y techo de guano donde por el momento algunos animadores de la parroquia puedan reunir y entretener con algún juego sano u otra actividad sencilla a los niños de esta comunidad visiblemente afectada también por matrimonios entre estrechos parientes.

Visita del Obispo al campo santo. Rodeado de un grupo de fieles que habían acudido a la cita, junto a la tumba donde descansan los restos de los Padres Curas fallecidos en este pueblo; Felipe Beltrán y José Martínez, el Obispo animaba unos momentos de oración,


Al momento de nuestra llegada a Espanta Sueño no había gente preparada para acogernos.
Las mujeres estaban ocupadas en las faenas de las pobrísimas casas. Un grupo de hombres y muchachos estaban junto a algunos corrales con cangrejos que recogen en gran cantidad en este tiempo, pero poco a poco fueron acercándose y la misma curiosidad por sus cangrejos y su simpatía, les congregó en buen número a escuchar unas palabras, recibir la bendición, el regalo, y también una última recomendación que testimonia cuanto Mons Siro es hombre con los pies sobre la tierra: “Por respeto a este rancho así bien hecho, por gratitud al P. Miguel que tan generoso fue con ustedes: ¡No amarren más puercos y lechones a los horcones!”
Más adelante visitábamos la comunidad de Pino Solo, más cuidada y preparada a bien acogernos. Hay que destacar en estas comunidades la presencia y trabajo pastoral de las Religiosas Pasionistas. También en Pino Solo no faltan familias que, después del ciclón, todavía viven en los “contenedores”. Empezaba a llover al momento en que dejábamos a los miembros de esta comunidad y la lluvia nos acompañaba, molesta y, al mismo tiempo providencial y deseada desde hace meses, hasta Buenavista donde, en la linda y recién restaurada iglesita local nos acogía un grupo reducido de personas adultas y pocos muchachos. Culpa de la lluvia pero también de cierto general ausentismo en esta comunidad en la cual la restauración material de la Iglesia no correspondió con un fortalecimiento de aquellas almas. Aquí, como en otros lugares, se notan las consecuencias de la penetración y proselitismo de las sectas e iglesias protestantes.
La última cita de la mañana era en la iglesita de Barbacoa donde, a pesar de arreciar la lluvia, se habían reunido gran número de personas de los alrededores, sobre todo niños del más lejano caserío de Carlos Lóriga. Estos habían venido en un gran carro de caballos. Gozaba el Obispo al verse rodeado de tantos niños vivaces y al mismo tiempo atentos a su palabra y bien preparados a este encuentro por Teresa y una catequista local que colabora con ella.
Después de un almuerzo genuinamente criollo, que se nos ofrecía en una cercana casa de familia, volvímos a la parroquia para una breve siesta. La lluvia se hacía aún más intensa en la tarde y, para esperar que mermase un poco, partíamos con cierto atraso hacia los demás barrios que habíamos programado visitar. Por el mal tiempo y cierta fisonomía también de esta difícil comunidad, en casa de Justa, en Santa María, nos esperaban sólo ella y el marido.
El persistir de la lluvia y el temor de quedar atascado en dos grandes baches del terraplén hacia Luengo desaconsejaban en un primer tiempo intentar alcanzar aquel lugar. Pero, al llegar al emboque del terraplén mismo, una fuerza instintiva empujaba hacia aquella dirección. En verdad nos esperaban dos lindas sorpresas: la primera que el terraplén había sido bien arreglado por un vecino de ciertas posibilidades e iniciativa; la segunda que en casa de Rita, animadora de la comunidad, estaban esperándonos muchos con muy calurosa la acogida reservada al Obispo. Rita leía una linda carta que había sido preparada por la más joven catequista del Km. 13, allí presente con buen número de sus alumnas, demostración de que, a pesar del mal tiempo, cuando se cree en ciertas cosas y valores, se persiguen a costa de cualquier sacrificio.

El Obispo comparte familiarmente en la casa de
un miembro de la comunidad de un barrio.


A partir de Luengo y hasta la visita a la última de las comunidades encontradas en la tarde, el Obispo siempre fue aludiendo a la importancia a la devoción mariana y del rezo del Rosario colocando en su encuentro el rezo de una decena del mismo. Rezo en el cual se hacían protagonistas los niños mismos.
Mientras tanto la lluvia se había calmado un poco y era más factible ante todo la visita a la comunidad del Kilómetro 15. Comunidad viva y muy unida que anima María, responsable también de la comunidad de Río Feo. María, sus colaboradores y esta comunidad de humildes y pobres habían preparado otra calurosa acogida que Monseñor supo bien disfrutar y agradecer. Seguía el encuentro con la comunidad del Kilómetro 21 y en fin con la comunidad de Las Canas. En este lugar, que lleva todavía las profundas heridas del ciclón sin sanar, los del Partido, para desviar a los niños del encuentro con el Obispo, habían organizado una “actividad cultural” en la vecina escuela. Sin embargo nuestro atraso en llegar al lugar y la buena voluntad de los niños de la catequesis hicieron que buen número de ellos y varios adultos no faltaran a la cita con el Obispo en casa de la maestra Sara. Monseñor compartía con quien escribe el calor de esta comunidad que vive a orillas del mar, resulta entre las más golpeadas por el meteoro de hace dos años y yace rodeada de las ruinas, sin alojamiento decente y todavía incierta de su futuro.
Las comunidades del campo han manifestado su gratitud por un visitador tan ilustre y al mismo tiempo tan humano, paterno y sencillo en su estilo también brindándole cantidad de frutos de su tierra. Más frialdad en eso, en la participación y otros aspectos, han demostrado las comunidades principales de San Luis y la Coloma. Celebraba el Obispo la misa en la Coloma el sábado 12 de junio a las 8: 30 p.m.. Presidía la Santa Misa de conclusión de la Visita el domingo 13 de junio en San Luis.
Coincidiendo esta misa con la fiesta del Hábeas Christi, el Obispo, con gusto, aceptó presidir, al terminar la Eucaristía, la procesión con el Santísimo por las calles alrededor de la iglesia llevando en sus manos el Ostensorio. Procesión reanudada después de tantos años por el P. Miguel y respetada en este pueblo. Procesión hecha con decoro, pero participada por aquel que todavía es un “pequeño resto” Tal vez estos detalles han proyectado cierta sombra sobre aquel que en conjunto, ha sido un encuentro consolador, iluminador e inolvidable entre el Pastor de la Diócesis y esta porción de su rebaño que es la parroquia de San Joaquín en San Luis.

 

+ J. Siro González Bacallao,
Obispo de Pinar del Río.
P. Juan Carlos Carballo,
Secretario de la visita.

 

 

Visita Pastoral de Mons. José Siro González Bacallao,
en el Centenario de su Diócesis de Pinar del Río