Hermandad de Ayuda al Preso y sus Familiares

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

     
 

Una asociación nacida de la sensibilidad de un laico

«Mi sensibilidad hacia los presos y la idea de hacer algo para estos hermanos nació como reacción al “acto de repudio» de triste recordación – me cuenta el Señor Ricardo Urrutia Guerra – que entrevisto mientras se fatiga un poco al hablar desde su lecho de sufrimiento sobre el que padece una penosa enfermedad. Me fue sugerida por Dios y por las difíciles circunstancias de estos años, fue fruto también del llegar a mis orejas y penetrar en mi corazón aquellas palabras del Evangelio de San Mateo: “Estuve preso y me socorriste” (Mt. 25,31-45) y aquellas de la Carta a los Hebreos: “Acuérdense de los presos, como si también ustedes estuvieran presos con ellos.” (Hebr. 13,3).
«La idea empezó a concretizarse al llegar los años 90 mano a mano encontré primero el apoyo incondicional de mi familia y después el de algunos hermanos de la Iglesia Católica. Pronto vino también el apoyo del Párroco de la Catedral, el P. Mario, el del Obispo y de Dagoberto Valdés.
Empezamos de la nada, sin fondos, recolectando lo que se podía en las casas y comprando cierta cantidad de alimentos que hacíamos llegar a los reclusos a través de sus familiares. Bajo nuestro impulso, la atención hacia los presos paulatinamente fue transformándose en una dimensión de la pastoral diocesana.
La Diócesis, la Organización Nacional de Pastoral Penitenciaria y CARITAS Diocesana, ahora nos dan un apoyo financiero que supera cuanto logramos recolectar entre las familias pinareñas que tienen posibilidad y sensibilidad a este problema.
Así nuestra obra benéfica, a pesar de la incomprensión de algunos, pudo desarrollarse gracias al sostén de otros. La Hermandad se esfuerza de brindar un triple servicio: de ayuda material, de formación, y otro de sano entretenimiento y recreación.
Con respecto a la ayuda material; continuamos periódicamente, según nuestras posibilidades, ofreciendo ayudas en alimentos a los presos a través de sus familiares y, desde hace algunos años, estas ayudas se distribuyen no sólo a familiares de presos de la ciudad, sino también a los de algunos pueblos como: Ovas, Piloto, Consolación del Sur, Los Palacios, Candelaria, Bahía Honda, Minas de Matahambre, Viñales, Km. 15 Coloma, y Sandino.
Cada año se confeccionan dos canastillas con la ayuda de miembros de la Hermandad y Casas de Reflexión y se entregan a familias de los reclusos consideradas más necesitadas. No se ha dejado de elaborar ni un solo día 160 almuerzos del llamado “Proyecto Misericordia” y, durante los recientes huracanes que azotaron la Provincia, la actitud de nuestros cocineros y de los mensajeros que llevaban los almuerzos a domicilio fue objeto de admiración. En la pasada Navidad, para ayudar también a muchos pobres a recordar este acontecimiento, y vivirlo con un poco de regocijo, se prepararon y distribuyeron 1617 cajitas con el contenido de una humilde cena a lugares y hogares que en este día apenas tenían qué ingerir. Para lograr este resultado nuestros voluntarios trabajaron 29 horas ininterrumpidas. En la próxima Navidad de 2002 esperamos llegar a 2000 cajitas con la sobria comida de Navidad.
Con respecto a la formación y ayuda espiritual a los familiares de los reclusos se crearon las llamadas “Casas de reflexión Juan Pablo II” en la ciudad y en algunos pueblos. Allí se anima la reflexión sobre los discursos del Papa, doctrina social de la Iglesia y temas propuestos por el Centro Diocesano de Formación Cívico y Religiosa. Además, el último domingo del mes, se reúnen en la catedral los familiares de los presos. Allí se dan conferencias sobre temas bíblicos y de doctrina social de la Iglesia, etc.
En cuanto a la dimensión recreativa: se hacen pequeños concursos de baile, de poesía, canto y pintura. Se creó un grupo llamado “Sexteto de la alegría” constituido por personas psicopáticas y que, sin embargo, animan momentos recreativos de las varias actividades. Este sexteto, además de exhibirse en nuestras casas de reflexión y en las iglesias, se ha presentado en actividades en algunos círculos de abuelos, asilos y escuelas primarias de la ciudad, hasta en la Biblioteca Provincial.»
En su informe, en ocasión del más reciente Consejo de la Hermandad, el Señor Urrutia escribía; “Pidamos con confianza al Espíritu Santo para que nos ayude. Confío totalmente en Él, estoy convencido que en toda obra donde intervenga la mano del hombre hay una mezcla de luces y sombras. En lo particular considero que la Hermandad tiene muchas más luces que sombras, tratemos de iluminar esas sombras. Nuestra intención a través de todos estos años ha sido, es y será la de servir al Cristo Sufriente, encerrado, marginado y despreciado hasta por personas que dicen creer en Él... Quiero y es lo más importante, dar gracias infinitas a Nuestro Señor Jesucristo por permitirme ser un instrumento para llegar a tantos hermanos en este sufrido e incomprendido ambiente, gracias por premiarnos con tan bella Hermandad durante todos estos años y, hasta que Él lo disponga, aquí estaré humildemente a su servicio, sin importar el desprecio de algunos. Ellos están permanentemente en mis oraciones para que se caigan las escamas de sus ojos que no les permiten ver la inmensa obra que lleva a cabo la Hermandad. Vayan a Damasco para que el Señor Jesús les arranque esas escamas.”


 

 
 

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