Obispos anteriores a la creación de la Diócesis

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 

El Papa León X, a petición del rey Carlos V, creó en 1518 el Obispado de Baracoa que cuatro años más tarde se trasladó a la ciudad de Santiago de Cuba. Primer Obispo designado fue el dominico Fray Juan de Witte quien sin embargo renunció a la mitra en 1525 sin haber venido a Cuba.
Fray Miguel Ramírez de Salamanca (1527 - 1533):
Para sustituir a Witte, fue designado en 1527 Fray Miguel Ramírez de Salamanca también dominico que vino a Cuba en 1529, después de haber hecho acto de presencia en la otra isla perteneciente al mismo Obispado (Jamaica). Por su carácter enérgico e intolerante la corte española le ordenó en 1533 que regresara a España donde falleció dos años después.
Fray Diego Sarmiento (1538 - 1544):
Cartujo. Llegó a Cuba en julio de 1538. Realizó la primera visita pastoral y defendió a los indios. Se fue a España en el verano de 1544 y murió en Sevilla el 30 de mayo de 1547.
Fernando de Uranga (o Uronga) (1551 - 1556):
Obediente a lo dispuesto por el Concilio de Trento de que todos los Obispos tuviesen Seminario, procedió en 1607 a la fundación del Seminario de S. Basilio Magno y el mismo año se marchó en visita pastoral a la Florida.
Durante su obispado llegaron a La Habana también los religiosos Hermanos de San Juan de Dios, procedentes de Cádiz, que se hicieron cargo y dieron incremento al Hospital homónimo, fundado por el piadoso Sebastián de la Cruz.
El Obispo Cabezas fue hombre muy bondadoso y caritativo, siendo de lamentar para Cuba que en 1610 fuese promovido al Obispado de Guatemala. Merece mención que fue al inicio de su obispado, en 1604, cuando ocurrió el hallazgo de la imagen de la Virgen en la bahía del Nipe, aunque hay discrepancias para establecer con precisión la fecha de este acontecimiento.
Fray Alonso Enríquez de Almendáriz (1611 - 1624):
En 1611 fue designado nuevo Obispo de Cuba, Jamaica y Florida y el Sevillano y mercedario Fray Alonso Enríquez de Almendáriz. En 1624 el Obispo Almendáriz era sin embargo promovido al Obispado de Michoacán. Los últimos años de su estancia en Cuba los pasó un poco enfermo y buscó remedio en las aguas del río de la Chorrera. Por eso los vecinos empezaron a llamarlo «Río Almendares» suavizando el origen navarro del apellido del Obispo.
Fray Gregorio de Alarcón (1624) y Fray Leonel de Cervantes Carvajal (1627 - 28):
Ya en 1624 había sido designado para suceder a Almendáriz el religioso descalzo de San Agustín Fray Gregorio de Alarcón quien embarcó el mismo año para su toma de posesión pero murió durante el viaje y su cuerpo tuvo el mar por sepultura.
El cargo de Obispo de Cuba se otorgó al hasta entonces Obispo de Santa Marta, Dr. Fray Leonel de Cervantes Carvajal que vino a tomar posesión en 1627 y permaneció muy poco tiempo en Cuba siendo promovido el año siguiente, al obispado de Guadalajara (México)
Fray Manrique de Lara (1630 - 1644):
El mercedario Fray Manrique de Lara llegó a Cuba en 1630. Ocupó su encargo por un período discretamente largo de 14 años. Su gobierno de la Iglesia cubana tropezó con muchas dificultades, sin embargo no fue infructuoso, pues se fundaron en aquellos años otros conventos, entre ellos, el de las Clarisas de La Habana. Su muerte ocurrió en dicha ciudad en 1644.
Dr. D. Martín de Zelaya y Ocáriz (1646), D. Nicolás de La Torre (1651 - 53), Dr. D. Juan Montiel (1657) y Dr. D. Pedro Reyna Maldonado (1657 - 1660):
En 1646 fue dsignado para suceder a Lara el Dr. Martín de Zelaya y Ocáriz, quien renunció sin venir a tomar posesión. Fue nombrado ese mismo año el mexicano D. Nicolás de La Torre, quien vino a La Habana sólo en 1651 para morir en 1653.
Vacante la sede otra vez, en 1655 fue designado para ocuparla el Dr. D. Juan Montiel que llegaba a La Habana en 1657 pero fallecía poco después. También el Dr. D. Reyna Maldonado, elegido como sucesor en 1657, fallecería en 1660 siendo sepultado en la Parroquial Mayor de La Habana. En solo diez años desfilaban por la Diócesis de Cuba 4 Obispos, sin que ninguno tuviese tiempo, ni oportunidad, de realizar algo en beneficio de la Iglesia de Cuba.
Dr. Santo Matías Sáenz Mañosca (1661 - 1667):
Mexicano, fue designado Obispo de Cuba en 1661 y tomó posesión en 1663. Dura era la labor que lo esperaba y muchos fueron los sucesos que pusieron a prueba sus energías y actitudes, sobre todos los saqueos frecuentes de piratas y corsarios desde Santiago hasta Sancti Spíritus. En 1667 era promovido a Obispo de Guatemala.
Fray Alonso Bernardo de Los Ríos Guzmán (1667 - 1671) y Dr. D. Díaz y Vara Calderón (1673 - 1675):
A Santo Matías le sucedió el andaluz y trinitario Fray Alonso Bernardo de Los Ríos Guzmán que en 1671 empezó la construcción de la Catedral de Santiago, sin embargó, sólo vio el comienzo del trabajo porque ese mismo año fue promovido al Obispado de Ciudad Rodrigo (España) y sustituido por el Dr. D. Gabriel Díaz y Vara Calderón que llegó a Santiago en septiembre de 1673.
El Obispo Vara Calderón emprendió también una seria campaña de reforma del clero regular y secular bastante relajado y de la población civil entre la cual eran frecuentes las uniones ilegítimas, la poligamia, el trato con piratas, etc.

Dr. D. Juan García de Palacios (1678 - 1681):

Pide a la Corona de España dos o tres ministros para la zona de Sotavento - Fray Baltasar de Figueroa (1683 - 1684)
A Gabriel Díaz le sucedía el mexicano Dr. D. Juan García de Palacios que tomó posesión en 1679. El 20 de mayo de aquel mismo año, considerando el lamentable estado del culto en el interior de la Isla, al quedar las personas que residían en las haciendas privadas del cuidado espiritual por la lejanía de la capital envió un informe a la Corona de España donde escribía que del lado de Sotavento de la Isla se extendía una comarca de «...más de sesenta (leguas) sin haver en tantas leguas pueblo alguno, en que asista ministro...»
Proyectaba, y de ahí su consulta, colocar varios ministros seculares o regulares «... a distancia proporcionada enalgunas hermitas que ay interin se fabrican Yglesias...», y así intentaba conseguir que los hacendados contribuyeran a su mantenimiento, además de sugerir a la Corona se le facilitaran fondos para tal fin, extrayéndolos de las plazas vacantes de la guarnición, como era práctica con los capellanes castrenses.
Podían paliar la situación -estimaba- destacando en la Vuelta Abajo dos o tres ministros, al considerar la existencia allí de un centenar de haciendas de ganado mayor y menor, labranzas de tabaco y pesquerías, que sostenían cerca de 800 personas y escribía: «(...) Cada ministro en el lugar o parte más proporcionada para la mejor administración...», mientras que las jurisdicciones eclesiásticas comprenderían «....diez o doce leguas de contorno para que assi puedan acudir a las necesidades que en el discurso del año se ofrecieron...»
Al siguiente año, 1680, el prelado dispuso que una comisión visitase los parajes propuestos para edificar ermitas e informase lo pertinente. Advertía en su despacho que los encargados de la misión debían ser sujetos «... que tienen conocimiento de la Ysla u de dichos Paraxes y de las haciendas y poblaciones que en ellos hay y los quales sean más a propósito para poner en ellos a dos ministros que estén con alguna Seguridad de los enemigos Piratas que infestan esta Costa, y Promptos a la mejor administración de los Santos Sacramentos...»(55 A) Un año después el Rey daba respuesta positiva.
En 1681 el Obispo Juan García de Palacios llegó a Santiago encontrando allí un cuadro desolador, pues en 1678 había ocurrido un terremoto durante el cual todas las iglesias sufrieron terribles efectos, y la catedral, levantada y reparada se había convertido en un informe montón de escombros. Mientras el prelado echaba manos a reparar tantos desastres lo sorprendió la muerte en 1682.
Para cubrir la sede vacante fue designado en 1683 Fray Baltasar de Figueroa que, consagrado en España y ya en vísperas de embarcar, falleció en Cádiz en 1684.
El Obispo Compostela:
El éxito de la obra del Obispo Compostela se debe en parte a que en aquel tiempo gobernaron la isla «Tres hombres piadosos, honrados y constructivos que fueron los gobernantes Don Diego de Viana, Don Severino de Manzaneda y Don Diego de Córdoba. Compenetrados con la alteza de su misión y con la dinámica acción del prelado propiciaron una brillante y admirable trayectoria de progreso en todos los órdenes»
Diego Evelino de Compostela llegó a La Habana el 17 de noviembre de 1687. Con él empezaba un período floreciente para la Iglesia en Cuba que continuará con su ilustre sucesor: el Obispo Valdés. Con el la Iglesia, también la Vuelta Abajo se adelantaba al Estado hasta en la administración de la Justicia porque «El Obispo Diego Evelino por medio de misiones religiosas había puesto en práctica la división de todo el territorio de esta comarca en cuatro puntos de ‘avanzada civilización’, comenzando a existir en aquel entonces un gobierno, si bien puramente patriarcal y teocrático.
Compostela era sin duda alguna un verdadero pastor que, sobre todo por su ejemplo de vida, logró reformar el clero. «Andaba siempre a pie, comía frugalmente y repartía sus ingresos en limosna y con su majestuosa y somera voz siempre llena de dulzura y cortesía, conmovía desde el púlpito a los más fríos». (Pezuela)
En 1689, al resumir su primer bienio de Obispado cubano, informó a la Corte de España que, prácticamente desde el inicio había cursado avisos para que se hiciese exacta relación de los lugares a Sotavento y Barlovento de La Habana «...y el número de feligreses españoles e Yndios que ay en este Obispado...»
En lo que a Sotavento concierne, en el apartado relativo a ingenios, estancias y hatos: enumeraba los de Santo Cristo y Consolación, el primero habitado por 49 familias que suman 150 personas, el segundo con 39, llegando a 260 almas.
Un lustro después y cumpliendo los acuerdos del Sínodo del Obispado insular en materia de límites y términos jurisdiccionales de las diversas parroquias y ante la enorme confusión que existía al respecto, dictaminó que «...para mayor y más pronta administración de los sacramentos...» y puesto que la Parroquial Mayor de La Habana «...tampoco tiene términos ni límites...por la parte que llaman Costa del Norte, y las que hay desta Ciudad por la parte del Sur hasta cabo de Corrientes, para que todas las personas libres o esclabos que vivieren y murieren dentro de dichas leguas assí en la parte del Sur como en la del Norte en Corrales, Hatos, Vegas, estancias e ingenios, los Curas de dichas Iglesias Parroquiales de San Christobal, y el Espíritu Santo les administren los Santos Sacramentos, y las reconozcan por sus Ovejas, y feligreses, para dar cuenta a Nuestro Señor dellas y ellos reconozcan a dhos curas por sus propios Párrocos y les acudan con los derechos Parroquiales, obtenciones, Primicias y parte de Diezmos que su Mgd. les tiene aplicados...»
En sus últimos años el dinámico Obispo Compostela, ya enfermo y agotado, pidió a Roma que nombrara un Obispo auxiliar y propuso para ello al habanero Dionisio Rezino. Al aceptarse ambas propuestas, Rezino se convirtió en el primer Obispo cubano.
Evelino de Compostela falleció a los 69 años de edad en La Habana, en 1704, no sin haber dejado las huellas de su celo pastoral también en nuestra Diócesis actual. Grande fue el concurso de fieles a su funeral y extraordinarias las manifestaciones de afecto, al punto que el gobernador tuvo que enviar guardias para custodiar el cadáver y evitar que la gran muchedumbre, ávida de reliquias de aquel hombre de Dios, lo despojara de sus vestiduras.
Digno sucesor de Evelino de Compostela fue el maestro fray Jerónimo Valdés, español de la Orden de San Basilio, designado en 1705. Este Obispo impulsó la construcción o restauración de varias iglesias en toda la Isla entre las cuales hay que mencionar la reconstrucción de la iglesia de Guanajay. Favoreció el ingreso en la Isla de otras Órdenes religiosas y la reorganización del Seminario de San Basilio.
Por orden suya, Joseph Sánchez Pereira efectuó el 15 de febrero del año 1722 la primera visita pastoral a la cabecera de nuestra actual Diócesis: «En el hato de San Mateo de la jurisdicción de San Rosendo en quince de febrero de mil setecientos veinte y dos el Sr. Lizdo. Don Joseph S. Pereira Beneficiado del Partido de Ntra. Sra. de Consolación, Vicario, Juez y Visitador de los Curatos de la parte de Sotavento de la Ciudad de La Habana, por encargo de su Sría. Issma. Ha estado en la Iglesia de dicho Curato. Exhibió ante su Merced el Beneficiado Don Lorenzo de vera cura propio del lugar el libro en donde se asientan los que se desposan y velan en la parroquial de dicho curato, para efecto de que se visite y aviendolo su Merced visto reconoció estaban sus partidas conforme la Constitución Sinodal de este Obispado en cuya atención hubo por visitado y mando se la vuelva a dicho Beneficiado para que lo prosiga. Y por este año lo proveio, mando y firmo de que doy fe.» Joseph Sánchez Pereira» ( libro N0 1 de Barajas del Archivo Parroquial de San Rosendo)
Del Obispo Jerónimo Valdés fue también la idea de fundar en La Habana un centro para estudios superiores que, más tarde, en 1728 fructificará con la fundación de la «Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana».
Jerónimo Valdés intervino prudentemente también a favor de los vegueros para mitigar las consecuencias de la represión desatada por el Gobernador Guazo Calderón a la cual aludimos antes.
Fue hombre muy pródigo con los pobres, tanto en vida cuanto en sus disposiciones testamentarias previas a su muerte el 29 de marzo de 1727.

Don Francisco Seregui (1729) - Fray Gaspar de Molina (1730) - Fray Juan Lazo de la Vega y Cansino (1731 - 1752)

Para cubrir la vacante del Obispo Valdés fue designado en 1729 D. Francisco Seregui que, luego de aceptar el cargo, lo renunció sin tomar posesión. Se designó entonces al agustino Fray Gaspar de Molina quien sin embargo, ya consagrado en Madrid y próximo a embarcar, fue retenido en España por sus grandes méritos que lo harían alcanzar el capelo de Cardenal.
En 1731 fue designado el franciscano Fray Juan Lazo de la Vega y Cansino (español) quien no fue un prelado del dinamismo de Compostela o de Valdés, sin embargo los 21 años en que dirigió la Diócesis fueron provechosos en todos los sentidos.
Realizó visitas pastorales. Al respecto, si el Ldo. Joseph Sánchez Pereira volvía a efectuar una segunda visita pastoral a la parroquia de San Rosendo el 6 de marzo de 1732 estando vacante el obispado de Cuba, el Obispo Lazo en persona realizaba la tercera visita pastoral, primera de un Obispo a dicha parroquia el 12 de febrero de 1734, durante el cual administró el sacramento de la Confirmación a 4 feligreses.
He aquí el informe de aquella histórica Visita: «En el Hato de Pinar del Río en doce de febrero de mil setecientos y treinta y cuatro años el Ilustrísimo Sr.D. Fray Juan Lazo de la Vega y Cansino Obispo de la Isla de Cuba, Jamaica y la Florida. A consuelo de su Majestad... Ando en visita General y haviendo visto este libro en que se asientan las personas que se Bautizan, Desposan y fallecen en el Curato de San Rosendo presentado para su visita por el Sr.D. Joseph del Carmen Ortiz Cura beneficiado de dicho partido, dijo que atendiendo a que las partidas están inscriptas según lo mandado por la visita antecedente y dispuesto por el Sto. Sínodo de este Obispado lo habían y hubo por visitado y mando se le devuelva para que lo continúe y por este auto proveyo, mando y firmo.
El Obispo de Cuba.
Ante mí: Don Juan de Briones»

Durante el gobierno del Obispo Lazo realizaba una visita pastoral a la parroquia de San Rosendo Don Pedro Ponce y Carrasco, Obispo titular de Adramytium y Obispo auxiliar de Cuba el 29 de febrero de 1748: «En la iglesia parroquial de Pinal del Río a veinte y nuebe de febrero de mil setecientos cuarenta y ocho a Dios G. El ilustrísimo Don Pedro Ponce y Carrasco Dignísimo Obispo de Adramytium y Auxiliar de este Obispado de Cuba del... Estando en visita... y aviendo visto este libro en donde se asientan las partidas de Bauptismo, Matrimonios y entierros que se hacen en dicha Iglesia presentado para su visita por Don Thomas de la Luz Cura Beneficiado de dicha Iglesia. Su Sta. Ilustrísima dijo aparenta a estar sus partidas conformes y arregladas a lo dispuesto por el Sto. Sínodo de este Obispado... y huvo por visitado y mando que se le devuelva para que lo continúe y por este auto así lo proveyo, mando y firmo de que doy fe.
Obispo de Adramy
Ante mí Lucas Frco,
Duarte y Buron Secretario.»

El Obispo Lazo se destacó por combatir el juego, que ya había llegado a ser una lacra social y dirigió una conferencia semanal sobre temas morales y educativos. En fin impulsó la fundación de nuevas parroquias entre ellas Guane, en el occidente de nuestra provincia.
Su muerte ocurrió en 1752.

Dr. D. Pedro Agustín Morell de Santa Cruz de Lora (1754 - 1768)

Sacerdote secular nacido en Santo Domingo conocía a Cuba donde había recibido también la ordenación sacerdotal por mano del Obispo Valdés. Pronto sus dotes, inteligencia, simpatía y espíritu caritativo, le merecieron el título de Vicario General, todavía muy joven, y luego la de Vicario Capitular.
Al ser designado en 1749 Obispo de Nicaragua, partió a su nuevo destino, pero a los pocos años, le resultó grata la noticia de haber sido designado Obispo de Cuba. Tomó posesión en 3nero de 1754. Después de Lazo fue el segundo Obispo que visitó las incipientes parroquias de la Vuelta Abajo.
Más de 80 años antes que Cirilo Villaverde hiciera y después escribiera su «Excursión a la Vuelta Abajo», este celoso Obispo llegaba en nuestro territorio y, sobre todo, dejó descripción detallada de su viaje.
El cubano Pablo J. Hernández González, actualmente residente en Puerto Rico y profesor de la Universidad Interamericana, pudo acceder a un expediente inédito depositado en el Archivo General de Indias que contiene la visita que el Obispo Morell realizó a la Vuelta Abajo en abril - mayo del año 1755, y publicaba su investigación en la revista VITRAL de marzo-abril de 1998.
Es un informe sin el encanto novelesco de la narración de Villaverde, pero sí con el rigor histórico al referir detalles del ambiente geográfico, condición de las nacientes parroquias, pobres caseríos, y primeras toscas iglesias en tiempos notablemente anteriores. Sobre todo brinda interesantes datos acerca de la población y sus medios de vida.
Él mismo acotaba que se había preocupado de averiguar la distancia hasta «cada Curato de los cinco por donde havía transitado, el número de sus haciendas y vegas, familias y personas de que se componen, las dificultades que se ofrecen para la administración de los sacramentos, la indecencia con que se executa y lo demás que me pareció conveniente para hacer constar (judicialmente) lo mismo que havía tocado en mi Vicita y con vista de ello procurar el remedio de las Necesidades Espirituales de aquellos infelizes que viven en la Tinieblas de la ignorancia y expuestos a perderse para siempre».
De esta visita el Obispo Morell envió un informe a la Corte con fecha 2 de julio de 1755, poco después de su regreso; su celeridad dejaba sorprendidos a los colaboradores y a él mismo pues al concluirla acotaba: «Llegué p.r. fin a esta capital el onze del mismo mes (mayo). Todos admiraron la Vrevedad de mi Regreso porque en veinte y Tres Días penetré hasta la Última Parroquia de los que Caen al Occidente. El menor cómputo de mi viaje redondo hasta el mencionado término se reduce a ciento y veinte leguas y el mayor a ciento y quarenta...»
Las varias visitas pastorales hechas durante su gobierno, lo llevarían a conocer todo el país «no dejando poblado ni iglesia en la Isla sin visitar», hay constancia de su presencia, el 19 de abril, en Quemados, Maria Nabo, y en la Iglesia de la Purísima Concepción de El Cano, comunidades hoy pertenecientes a la ciudad y Diócesis de La Habana.
De El Cano, recorriendo otras siete leguas, llegaba a la parroquia de Guanajay, entrando así en el territorio de la actual Diócesis de Pinar del Río. Caminando otras 15 leguas, el 24 de mayo alcanzaba Santa Cruz de Los Pinos. De este Curato llegó a nosotros un mapa por él mismo esbozado.
Lo esperaban otras 14 leguas para llegar a Consolación del Sur, después de la cual seguía su camino hasta «Pinal del Río» donde llegaba el 29 de abril. Avanzaba después hasta Guane el «último Curato que cae a óccidente de esta capital y dista de ella sesenta y quatro leguas».
Durante el viaje de regreso era su deseo llegar hasta Cacarajícara. Sólo enormes dificultades de acceso al intrincado lugar lo indujeron a «encometer la diligencia a Dn. Patricio Rodríguez Aldado Teniente de Cura de Guanajay».
Los detalles de sus visitas a estos lugares los retomaremos en el momento de hablar de cada uno en particular, aquí reportamos algo de lo que concierne a su visita a la actual cabecera de la Diócesis. En su informe, como hemos hecho anteriormente, nos permitimos sólo añadir algunos puntos, comas y completar alguna palabra abreviada para facilitar la comprensión de nuestros lectores.
Cuatro leguas al oeste del Curato de Consolación - acotaba el Obispo Morell en su informe - comienza él de Pinal del Río que es el nombre del Hato en que se halla situado. Extiéndese a veinte leguas de longitud y ónze de latitud. En ella hay quarenta haciendas de ganado mayor y menor y ochenta vegas, setenta y seis familias y seiscientas y quarenta personas de todas edades y últimamente una compañía de Montados Compuesta de los mismo Vecinos con su capitán y respectivos oficiales.
Ha tenido tres Yglesias. La primera erigida por el Rdo. Obispo Evelino el año de Noventa y nueve del siglo pasado, en el áciento viexo del mencionado Hato este (del cual) se mudaron por las inundaciones del Río en que se hallan con inmediación. La segunda se consumó en quince de noviembre de setecientos veinte y seis, permanece hasta el precedente en el aciento nuevo bajo de sus cercas. Abandonóse también por la grande humedad del terreno:
La tercera se halla a distancia de media legua, y se principió el año de quarenta y nueve. Todas han merecido un mismo patrón y titular que es san Rosendo. Además de ser muy pequeña. De tablas y paja, estaba inservible. Pendiente mi demora, confirmé ocho personas, visité los Libros Parroquiales y vi los hornamentos que sobre pocos son indecentes».
El día siguiente visitaba la tercera iglesia y escribe al respecto: «Corre de Oéste a Leste, consta de un Cañón con trece Varas de largo, cinco de ancho y tres de alto. Su techo es de paja sobre horcones y sin serca alguna ni altar. Celébrase el Santo Sacrificio de la Misa en la sala de un Bohío en que havita el Cura.
Éste tiene guardada una Lámpara, Cruz y quatro Blandones todo de plata perteneciente a la misma Yglesia y tres campanas. Me expresó que su ánimo era hacerla más capaz, de mampostería y teja, y servirse en el interior de la otra. No me parece surtirá efecto por que ni él, ni sus feligreses, ni la Yglesia tienen caudal alguno».
El año siguiente, en 1756, el Obispo Morell elevaba a parroquia de ascenso a san Basilio el Magno de Las Pozas (Cacarajícara) y Ntra. Señora de las Nieves de Mantua auxiliar de Guane. En 1758 se había multiplicado el número de ganado y desarrollado el cultivo del tabaco en el Curato de Santa Cruz, fundado a finales del siglo XVII por el Obispo Evelino, al punto que el Obispo Morell de Santa cruz elevó un detallado padrón agrario junto con un cartograma ilustrativo de como dicho partido eclesiástico ya podía dividirse en tres Curatos (Curatos respectivamente de Santa Cruz de Los Pinos, Guanacaxe y Jesús Nazareno) para facilitar la obra pastoral que se dificultaba en área tan extensa por las lluvias y los malos caminos. También se hacía ora posible recaudar los diezmos para el sustento del cura del campo calculados en 150 anuales, lo que no era realizable en tiempos del Obispo Compostela.
Elevó a parroquia en 1760 la iglesia de Jesús Nazareno del Ciego en Los Palacios. Y a auxiliar de San Rosendo de Pinar del Río la Iglesia de San Juan y Martínez en 1781.
El año 1762 fue de grandes sufrimientos para el Obispo Morell por el comportamiento inepto del gobernador Cajigal Alonso, ante el inglés Conde de Albemarle, que atacaba y tomaba La Habana. Morell terminaba deportado en una fragata de guerra a la Florida. Afortunadamente en mayo de 1763, al asusentarse Albemarle, su hermano, el General Guillermo Keppel, autorizó el regreso de Morell a su querida Diócesis adonde, preocupado también por el progreso material de Cuba, trajo y enseñó el oficio de la cría de abejas y producción de la miel. Otro medio más de subsistencia para los cubanos que, también por eso lo recuerdan con simpatía.
Pocos meses después de su regreso del destierro, Morell encargó a Don Antonio Claudio de la Luz la que resultabaser la quinta visita pastoral a la parroquia de San Rosendo: «En esta Parroquia de San Rosendo del Partido de Pinal del Río en siete de Dic. De mil setecientos sesenta y tres años el Sr.D. Antonio Claudio de la Luz Presbítero, Abogado de los Stos. Consejos, Consultor de Sto Oficio de la Inqq. I Visitor por S. Sa Autdad. Del Obispo habiendo visto este libro corriente y el antiguo que le precede en que se asientan las partidas de Bautismos Matrimonios y Entierros de todas clases, presentados para su visita por Don Thomas de la Luz Cura Beneficiado Coadjutor desta misma Parroquia, dixo a S. Señoría que se echa menos la observancia de la distinción de asiento preceptuada a final del Auto de la visita anterior pronunciada en cuatro de julio del año pasado de mil setecientos sesenta y uno que se asienta al folio doscientos cincuenta y dos del citado libro primitivo en cuya consecuencia y haviendolos en todos firmas po los visitados, atentos a estar conformes con todos los Sinodales del Obispado debía mandar y mando se vuelvan a entrega al referido Don Thomas para que los continúe bajo su nuevo precepto, que se le impone en orden a la separación prevenida en el mencionado auto que cumpliera bajo la multa de veinte y cinco ducados con que se le apercibe y en que por el mero hecho de su contravención se havría por.... quedando su aplicación reservada, Y por este, que previó S. Señoría así lo mandó y firmo.
D. Luz
Ante mí Don Francisco Xav. De Saro.»

Durante su gobierno de la Iglesia cubana, se realizó en 1764 la reparación del segundo templo parroquial de Pinar del Río que el presbítero Tomás de la Luz costeó personalmente. Un inventario de la época así lo describía: «La Iglesia que se está acabando de construir de teja y mampostería, con treinta varas de largo, añadidas la Sacristía, coro alto y balconcillo boleado, tres puertas principales, las dos de la Sacristía, otra en el Baptisterio, dos barandas en el Presbiterio. Sobre el dicho Baptisterio comenzada a construir a torre. Altar dorado y pintado, con las imágenes de Ntra. Sra. Y S. Francisco Javier».
Otros sufrimientos le causó al Obispo Morell en junio de 1766 el temblor de tierra que tanta ruina y desolación produjo en Santiago, Bayamo y el Cobre. En aquel mismo año elevó a parroquia a Nuestra Sra. de las Nieves de Mantua.
Fue hombre también de cultura. La «Vida eclesiástica» por él escrita puede definirse como el diario de muchas jornadas en viaje de reconocimiento por la Isla, lo que le mereció ser considerado el primer historiador de Cuba.
Su muerte ocurrió el 30 de noviembre de 1768 en La Habana cuando tenía 78 años de edad. Las últimas amarguras se las había procurado en 1767 Carlos III, con la expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles quitando así también a Cuba aquellos Padres impulsores de la educación y factor importantísimo de progreso religioso y civil.

Dr. D. Santiago José de Hechavarría y Elguezua (1769 - 1788)

Sucesor del Obispo Morell, y continuador de su eficiente y meritoria labor, fue el Dr. D. Santiago de Hechavarría y Elguezua nacido en Santiago de Cuba y primero de los Obispos residenciales nativos. Fue designado en 1769 y tomaba posesión en 1770.
Coincidió su obra y su labor con la del insigne gobernador D. Felipe de Fondesviela, Marqués de la Torre, muy atento a los problemas de la Vuelta Abajo. Aumentó Hechavarría las cátedras y becas del seminario que desde entonces se llamó de «San Carlos y San Ambrosio». Fue buena su relación con el clero y las órdenes religiosas. En 1788 fue trasladado al Obispado de Puebla de los Angeles (México).
No sólo fue el primero de los prelados nacidos en la Isla, otros habían alcanzado la categoría de Obispos Auxiliares, sino que fue también el último en colocarse al frente de una Diócesis que abarcaba toda la Isla y más, pues el año siguiente, debido al crecimiento poblacional y a la importancia cada vez mayor de la capital, Cuba quedaba dividida en dos Diócesis: Santiago de Cuba y La Habana.
Nuestra actual Diócesis evidentemente, quedaba incorporada a la Diócesis de La Habana. Es por este motivo que, desde ahora en adelante nuestra atención se limitará a la actividad de los Obispos de La Habana y su relación con la Vuelta Abajo.

Dr. D. Felipe José de Trespalacios y Verdeja - Visita Pastoral de su Auxiliar a las parroquias de Pinar del Río - Primeras preocupaciones pastorales

Dr. D. Felipe José de Trespalacios y Verdeja

El 27 de enero de 1789 fue designado Obispo de Santiago de Cuba el Dr. D. Antonio Feliú y Centeno y como primer Obispo de La Habana: El Dr. D. Felipe José de Trespalacios y Verdeja, nacido en Puerto Rico. Pertenecía a la Diócesis de La Habana, además del territorio pinareño, el de Matanzas.
No se pudo precisar bién si Hechavarria antes de su partida, o este Obispo recién llegado, constituyó en parroquia Las Mangas de Guanajaje en 1789 y designó auxiliar de Guanajay la Iglesia de Cayajabos.
Trespalacios falleció en el año 1799. Su Obispo auxiliar y Obispo de Tricaly, Francisco Cirilo de Barcelona, había efectuado una visita pastoral a las parroquias de Pinar del Río en 1794. Además de revisar las iglesias y los Archivos parroquiales dando disposiciones a fin de mejorar su estado y buen aseo, expresó dos preocupaciones del momento una relativa a la familia y matrimonios a veces incestuosos, otra a los enfermos.
Para evitar lo primero encomendaba a los párrocos que se expresara muy claramente «la naturalidad de los bautizados, filiación legítima, nombrando los padres que reconozcan por tales a sus hijos... también su vecindario y sus abuelos paternos y maternos».
Con respecto al cuidado de los enfermos, podía que no le faltara el confort de los sacramentos en su última agonía y el cuidado y gran respeto de llevarle la Eucaristía: «Cuando se visite a los enfermos se traslade el Santísimo (la Comunión) para ellos (los enfermos) con el debido recato y decencia que permitan las circunstancias». Su sucesor, el Obispo Espada, volverá sobre los mismos puntos y añadirá: « Los Curas Párrocos no vayan a las Haciendas a administrar los sacramentos a las personas que gozan de salud». Medida que recordaba que los dones de la Gracia de Dios hay que merecerlos con un poco de sacrificio y al Paraíso no se llega en una cómoda carroza.

D. Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (1802 - 1832) - Pinar del Río provincia del departamento Occidental

D. Juan José Díaz de Espada
y Fernández de Landa

A Trespalacios sucedió D. Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa. Designado Obispo el año 1800 fue consagrado en 1802. Es considerado uno de los más grandes Obispos de la historia cubana.
Prelado de la talla de Compostela y Valdés, dispuso de mejores medios de acción que ellos; dedicó su activa y fructífera existencia a la atención de su Diócesis no sólo en el orden espiritual y moral sino también en el material e intelectual.
Apoyó las innovaciones del Padre Felix Varela en el Seminario de San Carlos. Los dos, aunque de ideas no siempre coincidentes, se respetaron y colaboraron elevar a gran altura el nivel intelectual del clero cubano.
Su obra religiosa fue enorme de su treinta años de servicio episcopal y varias visitas pastorales que lo vieron transitar también por las parroquias de Pinar del Río observando, escuchando, orientando.
Su espíritu progresista lo hizo crear escuelas, y modificar la estructura de la Universidad. Si muchos Obispos precedentes chocaron con gobernantes ineptos, la suya fue la época de buenos gobernantes y de destacados hombres de letras y cultura como el P. Varela, D. Francisco de Arango y Parreño, D. José Agustín Caballero, D. José Antonio Saco etc. El 22 de junio de 1803 llegaron a La Habana las religiosas Ursulinas procedentes de New Orleans, primeras religiosas que se dedicaron a la enseñanza en Cuba.
Con respecto a nuestra actual Diócesis de Pinar del Río, Espada, además de visitar las parroquias en algunas ocasiones, en 1805 declaró la iglesia de San Diego de Nuñez auxiliar de la parroquia de las Pozas. En 1806 declaró Puerta de la Güira auxiliar de Guanajay. En 1807 ascendió a parroquia la Iglesia de Quiebra Hacha, edificada por el Conde de Villanueva, y fue declarada auxiliar de Guanajay la Iglesia del Mariel. En 1816 declaró Candelaria auxiliar de Santa Cruz de Los Pinos. En 1820 agregó Artemisa a Guanajay y Bahía Honda a Las Pozas. En 1825, reconstruida la iglesia de Artemisa, Espada erigió la parroquia. En 1827 impulsó la reparación de la iglesia parroquial de Baja (Dimas).
Este mismo año se efectuaó la división de la Isla en tres departamentos: Oriental que incluía las provincias de Santiago y Camagüey; Central: Santa Clara y Matanzas; Occidental: La Habana y Pinar del Río; esta división no creó problemas desde el punto de vista eclesiástico.
El Obispo Espada falleció en 1832 después de 30 años de fecundo apostolado que dejó huella en la historia eclesiástica y civil de Cuba. Puede decirse, sin dudas, que Espada «hizo época»

Dr. D. Francisco Fleix y Solans

Dr. D. Francisco Fleix y Solans.

En 1846 La Habana volvía a tener Obispo en la persona de D. Francisco Fleix y Solans entusiasta y fecundo sembrador a lo largo de casi 20 años significativos de la historia cubana porque fueron los del forjarse y fortificarse del ideal independentista y las primeras iniciativas concretas para llevarlo a su fin.
Para el Obispo Fleix fueron años de grandes satisfacciones de una parte y grandes sufrimientos de otra. No es difícil vislumbrar el conflicto interior de quien en la contienda que se iba perfilando, vivía en su interior la discrepancia entre el amor a la Madre Patria y la comprensión hacia las exigencias de mayor libertad y bienestar social para su rebaño.
Entre las satisfacciones que el Obispo Fleix experimentó en Cuba hay que mencionar el regreso de muchas órdenes religiosas como los Jesuitas y la llegada de algunas nuevas. Entre las amarguras hay que contar la preocupación del Obispo por el seminario San Carlos que se había transformado en semillero de hombres preclaros y brillantes para la historia cubana, sobre todo en la fragua de las ideas independentistas. Así que terminó pronto en la mira de las autoridades gubernamentales españolas y el Obispo, con trabajo, logró defenderlo de las disposiciones que aspiraban disminuir su preponderancia y su eficiencia.
Otra gran amargura procuraba al Obispo el Gobernador (General José Gutiérrez de la Concha) quien, desmintiendo la solemne promesa hecha al prelado de suspender la muerte a nueve de cada diez presos de la desafortunada expedición del independentista Narciso López en 1851, los hizo fusilar a todos en la falda del Castillo de Atarés
Mons. Fleix y Solans pasó dos veces en visita pastoral por las principales parroquias de Pinar del Río: En 1848 y en 1864. En ocasión de esta segunda visita impulsó la restauración de templo de San Rosendo «reducido para una población tan numerosa ya» que se encontraba «en estado ruinoso» A tal fin el Obispo Fleix encargó al Cura Párroco que «active en cuanto esté de su parte la obra de construcción de la nueva Iglesia que está en proyecto y que para este fin convocase desde luego la reunión de una Junta Parroquial que presidirá S.E. Ilustrísima con la idea de excitar el celo y religiosidad de los vocales
Durante el período de su servicio pastoral se efectuó, en 1853, el primer censo de la jurisdicción en general y del poblado de San Rosendo en particular.
Otros acontecimientos concernientes nuestro territorio que merecen mención fueron: en 1852 la Iglesia de San Rosendo alcanzó la categoría de parroquia de término y quedaba erigida la parroquia de San Diego de Nuñez. Fue construida la Iglesia de Bahía Honda y erigida parroquia. En 1853 era elevada a parroquia Mangas de Guanajaje y dos años después reconstruía su templo.
El 30 de enero de 1856 colocada la primera piedra de la Iglesia de San Diego de los Baños y declarada parroquia (de entrada) en 1858 cuando llegaba a su conclusión la construcción del templo. En 1857 alcanzó la categoría de parroquia S. Luis de Los Pinos, y fueron reconstruidas las iglesias de San Diego de Nuñez y Cabañas la cual también quedaba erigida parroquia. En 1859 era reconstruida la Iglesia de Mantua y en 1860 reedificada la de Consolación del Norte (La Palma); San Juan y Martínez ascendía al título de parroquia.
En 1861 En Guanajay se establecía una Vicaría Foránea. En 1863 quedaba agregada a la parroquia de Consolación del Sur la Iglesia de Alonso Rojas que ascendía a la categoría de parroquia el año siguiente después de reedificado su templo.
Tras diecinueve años de fructífera y fecunda labor, el Obispo Fleix y Solans era trasladado al Obispado de Tarragona en 1865.

Fray Jacinto María Martínez (1865 - 1869) - Pinar del Río proclamada ciudad

Poco después del traslado del Obispo Fleix y Solans, el 28 de octubre de 1865, tomaba posesión de la Diócesis de La Habana el nuevo Obispo Fr. Jacinto María Martínez y Sáez quien ya conocía la realidad cubana por haber desempeñado varios cargos, entre ellos el del párroco de San Carlos de Matanzas.
Le tocó ver encenderse, en 1868, la chispa revolucionaria e independentista. El Obispo Martínez era hombre de exquisita cultura y gran celo apostólico, siendo sacerdote y español, al comenzar la Guerra de los Diez Años, protestó contra los fusilamientos sumarios y las detenciones a granel, entre ellas la de seis párrocos incluido el de San Cristóbal: Pedro Nolasco Alberre.
Por su actitud conciliadora y a la vez valiente, terminó por ser considerado por las altas autoridades «persona non grata». Obligado a embarcarse hacia España en abril de 1869, regresó a La Habana en 1873 pero al negarle las autoridades el permiso para desembarcar, se fue a New York y nunca volvió a Cuba.
Antes de volver a nuestro país participó en el Concilio Vaticano I, donde su presencia se hizo notable por su enorme cultura teológica, sus grandes conocimientos de idiomas y costumbres y, sobre todo, por su formidable elocuencia. Durante el gobierno pastoral del Obispo Martínez que, por real decreto firmado por su Majestad Católica la Reina doña Isabel II, con fecha 10 de septiembre de 1867, se le otorgó a la Villa de Pinar del Río el honroso título de Ciudad.
«Al conocerse esta fastuosa noticia en octubre del propio año, el Teniente Gobernador Don José Atanasio de Hechevarría ordenó se celebrasen grandes festejos, con bailes, tómbolas, fuegos de artificio, lidias de gallos, carreras de sortijas, la cucaña o «palo encebado». También se acordó la liberación de varios presos por la gracia de su majestad Isabel II y se ofrecieron solemnes Misas.»

Apolinar Serrano y Diez (1875 - 1876) - Ramón Fernández de Piérola y López Luzuriaga (1880 - 1887) - Pinar del Río declarada provincia - Clausurado el templo de San Rosendo

Después de la expulsión del Obispo Martínez la Diócesis de La Habana fue gobernada por el Vicario Capitular Benigno Marino Mendi además publicó una interesante carta pastoral sobre el «Espiritismo Moderno». En 1875 se efectuó la reparación de la Iglesia de Consolación del Sur. Y el 25 de noviembre, tomaba posesión un nuevo Obispo: Apolinar Serrano y Diez que murió el 15 de junio de 1876 de fiebre amarilla.
Con la Diócesis habanera vacante otra vez el Vicario Capitular, Gobernador del Obispado de La Habana, Pro. Ldo. Sebastián Pardo y Martín, efectuó en 1878 una visita pastoral al territorio pinareño. La situación que encontró en la parroquia de San Rosendo se caracterizó por el elevado número de bautizos de niños abandonados (expósitos), de lo que se lamentó profundamente.
En junio de ese año (1878) quedó establecida la provincia de Pinar del Río con su capital. Presidente de la Diputación fue nombrado Antonio Rivero Cena. La nueva provincia comenzaba (y así sería hasta 1976) en Mariel y Guanajay por el este, abarcando todo el territorio hasta el Cabo de San Antonio. Actualmente la nueva división político-administrativa establece el límite oriental en Candelaria.
La Diócesis de La Habana estuvo vacante hasta 1880 cuando tomó posesión como Obispo Ramón Fernández de Piérola y López Luzuriaga quien, por sus preferencias políticas, fue trasladado a la Diócesis de Ávila (España) en 1887. Desde allá escribió una carta pastoral a la Diócesis habanera que es de interés para valorar la situación religiosa de la Diócesis en aquella época.
Durante su estancia en Cuba Mons. Piérola conoció nuestro territorio pinareño durante su visita pastoral del año 1884. Durante su período se reconstruyeron el templo de Candelaria y el de San Cristóbal; se hizo una importante reparación a la iglesia de Mangas de Guanajaje y se construyó la iglesia de Viñales.
Suerte muy triste por el contrario correspondió al templo de la Cabecera provincial, que después de 116 años de servicio quedó clausurado en 1880 por su ruinoso estado. Además, según la tradición, las relaciones entre la Iglesia y la vecina soldadesca del cuartel español eran pésimas; los militares planteaban que las campanas molestaban al cuartel.
Se sabe que el Jefe Militar español tuvo una decisiva participación en la clausura del templo que se trasladó lejos de la Plaza de Armas. Así, durante tres años (1880 - 1883), los servicios religiosos tuvieron lugar en una casa particular perteneciente a la familia Delgado alquilada al clero, que estaba situada en la esquina de la Calle Real y la de Marañones o de San Mateo.
Todavía la familia Delgado en Pinar del Río conserva como un verdadero tesoro histórico, religioso y artístico el más que centenario Crucifijo que presidía las celebraciones en su casa particular transformada en de Iglesia. Nuestro actual Obispo, Mons. Siro, siempre ha visto en el «venerado Cristo de Pinar del Río» y en este Crucifijo familiar auténticos testimonios de que la comunidad cristiana nació, creció y sigue caminando en Pinar del Río bajo el signo de la Cruz de Cristo Redentor.

Dr. Manuel Santander y Frutos (1887 - 1899)

Consagrado Obispo en Valladolid, llegaba a La Habana el 5 de diciembre de 1887 y tomó posesión el 6 de enero de 1888. Habría sido el último Obispo de La Habana al terminar la dominación española en Cuba. En el año de su toma de posesión, 1888, ascendió a parroquia la iglesia de Las Martinas y se repararon las iglesias de Mantua y Viñales.
El Obispo Santander hizo una visita pastoral a las parroquias de Pinar del Río en 1890. En 1891 vió terminada la reconstrucción de la Iglesia de Guane y concluyó el fructífero año 1892 con la celebración del 4º Sínodo Diocesano.
En 1893 fue elegido senador del reino y partió hacia España. Así la Diócesis de La Habana quedó sin Obispo durante el tempestuoso período de la Guerra de Independencia.
Al terminar la soberanía española en Cuba, el 2 de abril de 1899 el Obispo de Santiago, Fr. Francisco Sáez de Urturi partió para España porque, entre otras razones, estaba enfermo. Fue designado como su sucesor el primer arzobispo cubano Mons. Francisco de Paula Barnada y Aguilar. También el Obispo Santander y Frutos renunció a su sede en La Habana al finalizar el año 1899. En la capital el nuevo prelado tenía que ser un hombre especial, un hombre capaz de tratar con cubanos y norteamericanos.
Eso produjo la designación del italiano Donato Sbarretti y Taza, quien fuera hasta entonces Auditor de la Delegación Apostólica en Washington. Sbarretti se establecía en La Habana en 1899. En este punto de nuevo sobresalía y protestaba el orgullo cubano pues «algunos periódicos anunciaron y hasta defendieron el establecimiento de una Iglesia Nacional desvinculada de la Santa Sede.»
Pero Sbarretti cumplió bien su tarea del momento. Sobretodo enfrentó positivamente la espinosa cuestión de los bienes eclesiásticos y, dos años después, en 1901 hasta los cubanos más nacionalistas podían tranquilizarse despidiéndolo como nuevo Delegado Apostólico en Canadá.
Al irse Sbarretti, el 28 de octubre de 1903, fue nombrado Obispo de La Habana el habanero Mons. Pedro González Estrada, que había sido secretario de Cámara y Gobierno del Obispado (1890) y Rector del Seminario (1892).
Mientras tanto el aumento poblacional y la considerable importancia que la Iglesia había adquirido en Cuba, junto con la necesidad de una mayor atención pastoral, llevaron a una nueva división eclesiástica de la Isla. Con la Bula del 20 de febrero de 1903 el Papa León XIII dispuso la creación en Cuba de dos nuevas Diócesis: Pinar del Río y Cienfuegos. Y fueron designados sus Obispos: para Cienfuegos el carmelita descalzo Fray Alonso Torres y Sanz y, para Pinar del Río, D. Braulio Orúe y Vivanco, sacerdote cubano de grandes virtudes y bondades.