Mons. Manuel Rodríguez Rozas

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 
Mons. Manuel Rodríguez Rozas

Mons. Manuel Rodríguez Rozas nació en La Habana el 7 de junio de 1911. Cumplidos sus estudios en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, fue ordenado sacerdote el 30 de marzo de 1935 y celebraba su Primera Misa el 7 de abril del mismo año. En marzo de 1936 era encargado del servicio pastoral de la antigua Parroquia de El Cano y Arroyo Arenas, fundada la primera bajo el título de «La Purísima Concepción» en 1723 mientras la iglesia de la segunda, que tiene como titular a Jesús Nazareno, fue construida entre 1894 y 1899.
El P. Manuel Rodríguez Rozas permaneció en dicha parroquia trabajando intensamente durante 25 años. Hay en El Cano personas que todavía lo recuerdan con cariño y admiración y han recogido cuantas memorias de él han podido, entre ellas, la anciana maestra de la antigua escuela parroquial de El Cano, Carmelina Errandorena, que se ha transformado en diligente historiadora de su pueblo y de su antigua parroquia de la periferia de La Habana. La Sra. Carmelina puso gentilmente a mi disposición sus apuntes inéditos que me han permitido brindar más noticias acerca del trabajo pastoral de P. Rozas en aquella parroquia.
Ante todo organizó y atendió por más de 8 años nueve catecismos, de los cuales fundó seis, dando clases personalmente en todos ellos cada semana con la cooperación del grupo de catequesis de la Parroquia. En 1937 establecía los Círculos de Estudios de Religión para todos los miembros de las Asociaciones Católicas de la Parroquia.
Organizó y llevó a feliz término el primer Concurso Catequístico de Cuba, celebrándolo en El Cano el día 14 de agosto de 1938. Fundó en 1939 y sostuvo por dos años una Escuela Gratuita Parroquial nocturna para adultos. Fundó la Revista Quincenal “Jesús Nazareno” que se mantuvo durante varios años.
Fundó en El Cano, el 12 de octubre de 1940, la Federación de la Juventud Católica Femenina y Masculina de la Purísima Concepción y San José respectivamente. Promovió las tradicionales procesiones y los cultos de la Semana Santa, tanto en El Cano como en Arroyo Arenas. Reanudó en 1939 la tradición del Santo Entierro el Viernes Santo en El Cano y también fiestas como la de los alfareros desde 1945.
Amplió, reformó y embelleció la iglesia parroquial de El Cano en 1943. Fomentó el culto al Nazareno. En 8 de enero de 1945 fundaba la rama «C» de la Acción Católica Cubana, grupo número 12 en la parroquia de El Cano. En febrero de 1945 fundaba la Unión 109 de Caballeros Católicos en esa misma parroquia. En 1946 establecía la «Escuela Gratuita Parroquial La Purísima Concepción». Era de madera y constaba de dos aulas, en las cuales se impartía la Primera Enseñanza, y clases de Inglés y Religión.
El 2 de marzo de 1947 fue nombrado «Ciudadano Eminente» por la Sociedad «Centro Social de El Cano» y el 20 de marzo del mismo año fue nombrado «Hijo Adoptivo de Marianao» por unanimidad del Consistorio. En octubre ese año acompañaba en su viaje a Roma al Cardenal Arteaga. A su regreso de Europa, después de tres meses, fue recibido por todos sus feligreses a la entrada de Arroyo Arenas y después en El Cano con bandas de música y voladores.
El domingo 21 de noviembre de 1954 se le rendió homenaje por haber recibido la dignidad Pontificia de Camarero Secreto, otorgada por el Papa Pío XII.
En abril de 1958 la tradicional fiesta de Jesús Nazareno se celebró por primera vez con procesión en El Cano hasta Arroyo Arenas no a pie sino en un convertible, seguido de una caravana de varios automóviles, según parece por la situación difícil que atravesaba el país y según algunos, en señal de protesta.
Entre los años 1956 y 1958 algunos miembros pertenecientes a las damas Católicas, Caballeros Católicos, Juventud Católica, Juventud Parroquial y Párroco, cooperaron con la clandestinidad, vendiendo bonos del 26 de Julio y del Directorio Revolucionario, además de medicinas y ayuda material y monetaria para los revolucionarios que pedían y recibían ayuda de parte del párroco para no caer presos.
Biondi, el artista argentino de «la pareja Dick y Biondi», fue traído también a esta Iglesia para que el Padre Manuel Rodríguez Rozas lo escondiera, y su programa televisivo no saliera al aire ese día. Al triunfo de la Revolución, el 7 de febrero de 1959 presidió las Honras Fúnebres en la Iglesia de El Cano por el alma del revolucionario Manuel Márquez Rodríguez.
El 26 de enero de 1960 fue nombrado Obispo de Pinar del Río sucediendo a Mons. Evelio Díaz Cía. El pueblo de El Cano le entregó como regalo el Anillo Pastoral y el de Arroyo Arenas la Cruz Pectoral. Recibió la Consagración Episcopal en la Iglesia Catedral de La Habana el 27 de marzo de 1960.
El 3 de abril del mismo año una caravana de automóviles y camiones llenos de amigos y fieles le acompañaban a su encuentro y toma de posición de la Diócesis pinareña. (59)
La señora María Antonia Sojo, mujer muy comprometida con la Diócesis de Pinar del Río y actualmente directora de Cáritas, que fuera alumna durante la primaria y la secundaria del Colegio del Inmaculado Corazón de María, recuerda el día en que Mons. Rozas llegó a Pinar del Río. Ella, con la Banda de Música y un grupo de alumnas de este Colegio, acudió a recibir al nuevo Obispo a la entrada de la ciudad.
A partir de este día y de este gesto, él tuvo un trato particular con las Hermanas del Colegio y celebraba Misa allí muchos domingos.
«Después de la intervención de todos los colegios particulares - sigue la señora María Antonia - cuando yo tenía apenas 14 años, mi relación con el Obispo se hizo más frecuente porque practicaba en la Catedral y era activa como catequista, cantaba en el coro, atendía a las adolescentes. A menudo acompañaba a Monseñor a la capilla del Cangre y después de haber dado la catequesis, le ayudaba en la animación de la Misa.
«Siempre fue persona muy jovial, muy pastoral y muy cercana a los jóvenes. Cuando iba a celebrar la fiesta patronal a Guane, a San Cristóbal, al Mariel, etc,. invitaba a varios jóvenes a acompañarlo. A veces los invitados no cabían todos en su carroy había que ponerse de acuerdo sobre quienes iban y quienes tenían que quedarse».
Mons. Siro recuerda como «a Mons. Rozas, que había sido simpatizante de la Revolución y protector de revolucionarios, le tocó vivir los primeros difíciles años de encuentro y relaciones con las autoridades revolucionarias. Le tocó vivir el drama de la expulsión de los sacerdotes y el cierre de los Colegios y otras instituciones católicas.
«En breve tiempo, de 31 sacerdotes que la Diócesis tenía se quedó con sólo 6 y de alrededor de 50 monjas con sólo 4 Hijas de la Caridad. Asumió sin embargo esta situación con serenidad y fortaleza de ánimo. Sin embargo las circunstancias descritas limitaron bastante su acción pastoral».
También la señora M. Antonia recuerda: «La suya fue la época dura en que la Iglesia, además de pocos Curas y pocas religiosas, se quedó también con pocos fieles. Pero Mons. Rozas no se desanimó y fue dando ánimo, presenciando, asesorando y alentando todo lo que era posible hacer. Hizo todo lo posible, como dice el Evangelio, para mantener encendido el pabilo humeante e impedir que se apagara la llamita encendida de la fe».
Mons. Siro destaca como, gracias a Dios, Mons. Rozas pudo participar en las 10 sesiones del Concilio Vaticano II inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre de 1962 y clausurado por el Papa Pablo VI el 8 de diciembre de 1965.
En los años sucesivos hizo todo lo posible para aplicar y llevar al conocimiento del pequeño resto de los feligreses pinareños la doctrina del Concilio; como parte de la Nueva Reforma litúrgica realizó las obras de remodelación del presbiterio de la Catedral. Y fue en su tiempo que llegaron a nuestra Diócesis los misioneros canadienses.
«A su regreso de Roma, durante los años del Concilio Vaticano II - añade la señora María Antonia – hacía partícipes, también a nosotros los jóvenes, de la experiencia vivida en la Ciudad Santa. Del Concilio trajo sobre todo un nuevo fervor ecuménico que lo llevó a intentar formas de diálogo, de encuentro y estrechar lazos con los hermanos separados. Recuerdo que fueron sobre todo los Metodistas quienes respondieron más a este esfuerzo. Se hicieron ejecuciones corales conjuntas, obras de teatro, reflexiones bíblicas.
«Después de los años 70 fue con Mons. Rozas que empezaron a celebrarse las primeras Asambleas Diocesanas de pastoral y a constituirse los primeros consejos parroquiales. Siempre tuvo confianza, apoyó y animó al laicado pinareño. Empezaban también en este período comenzaron las convivencias de adolescentes y jóvenes.
«Personalmente recuerdo que el día de mi matrimonio, el 1 de octubre de 1977, uno de los poquísimos matrimonios por la Iglesia en aquella época, mientras el P. Cayetano presidió la celebración y al P. Jaime Manich le tocaba la homilía, Mons. Rozas participó en un acontecimiento que se había hecho muy raro en Cuba estando, al lado, junto a su reclinatorio y pronunció algunas conmovedoras palabras al final de la ceremonia.»
Lamentablemente no estaban lejanos los tiempos de su declinar físico que paradójicamente se manifestó en un día feliz para la Diócesis. En 1978 durante la visita del Card. Gantín y al empezar la concelebración con él en la Catedral, Mons. Rozas se cayó subiendo los escalones del Presbiterio. Recibió un fuerte golpe en la cabeza y tuvo varias fracturas». Su salud, en consecuencia, se puso muy mala. El 4 de diciembre de aquel mismo año, Juan Pablo II aceptaba su renuncia al gobierno de la Diócesis de Pinar del Río por motivos de salud.
Murió en el asilo Santovenia, en El Cerro, La Habana, el 28 de marzo de 1982, y fue enterrado en la bóveda de los Obispos del Cementerio de Colón, pero el 27 de marzo de 1992, por gestión del Párroco de El Cano, José F. Baldrich, sus restos fueron trasladados para el Santuario Jesús Nazareno de Arroyo Arenas, donde se encuentran actualmente.