Mons. Evelio Díaz Cía

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 
Mons. Evelio Díaz Cía

Mons. Evelio Díaz Cía nació en San Cristóbal (Pinar del Río) el 17 de febrero de 1902. Alumno del Seminario de San Carlos, recibió el sacerdocio el 12 de septiembre de 1926, siendo designado Teniente Cura de la parroquia capitalina de Monserrate. Allí fue asiduo confesor, prudente director y destacado benefactor que daba sus escasos recursos económicos.
A su regreso de un viaje a Roma donde hizo estudios especiales fue nombrado en el responsable cargo de Colector General de Capellanías y Capellán del Colegio de las Madres del Sagrado Corazón; poco después fue nombrado Canónigo, y encargado de la formación de los futuros sacerdotes y de la enseñanza de Historia Eclesiástica y la Sociología.
El mismo día de la muerte de Mons. Manuel Ruiz Rodríguez, el 3 de enero de 1940 en la tarde se reunieron los miembros del Cabildo Metropolitano de La Habana y eligieron al Ilmo. Rmo. Mons. Dr. Manuel Francisco Arteaga y Betancourt, que desempeñaba el cargo de Vicario General, Vicario Capitular de la Arquidiócesis, y al Presbítero Evelio Díaz y Cia, Rector del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, Ecónomo del Obispado.
Pocos días después, el 8 de enero de 1940, el Consejo de Consultores de la Diócesis pinareña elegía Vicario Capitular Ecónomo a Mons. José Reigadas y Antigua, gran amigo y activo cooperador del Prelado fallecido.
«Sacerdote modesto, culto, poeta, abnegado y ejemplarísimo como su predecesor» (60), Mons. Evelio se distinguió por su predicación siempre llena de unción evangélica en muchas iglesias de La Habana. A fines de 1941 fue preconizado para el Obispado de Pinar del Río y consagrado como tal el 2 de marzo del año siguiente en la catedral pinareña. Fue el primer Obispo de Pinar del Río natural de la Diócesis.
Aquí se dedicó a hacer efectivo lo que llamó programa de su vida episcopal: «Querer y ser querido» aunque su lema era: «La cruz es mi guía». Rápidamente se ganó el afecto de su clero y el pueblo por su bondad, sencillez y su palabra caldeada de amor a Dios.
Mons. Siro lo recuerda como «Hombre de vasta cultura y de hermosa oratoria.» Fueron famosos sus sermones y sus discursos en Actos Públicos donde era siempre invitado por las autoridades. En su tiempo fue decorada la Catedral, se construyeron los cuatro hermosos vitrales que la adornan, se remozó totalmente el Asilo de San José de la Montaña, se construyeron las iglesias de Candelaria y Santa Cruz de Los Pinos además de varias capillas, entre ellas la de San Cayetano en la zona de Viñales, Arroyos de Mantua, la de Dimas y el Central La Francia en el municipio Los Palacios.
Mons. Evelio reavivó la Acción Católica, e hizo propia la preocupación por las vocaciones, en su tiempo se construyeron, en muchas de las parroquias, escuelas parroquiales para la instrucción y se edificó otro Colegio de las Religiosas del Corazón de María en San Juan y Martínez.
Mons. Evelio Díaz como Obispo de Pinar del Río, junto con los Arzobispos de La Habana y Santiago de Cuba y, los Obispos de Cienfuegos, Matanzas y Camagüey firmó el 25 de febrero de 1958 la Exhortación del Episcopado Cubano «reine de nuevo la caridad y termine este triste estado de nuestra Patria» y se logre «el establecimiento de un gobierno de unión nacional, que pudiera preparar el retorno de nuestra Patria a una vida política normal» (40)
Firmó junto a los demás Obispos cubanos la Carta «Al Pueblo de Cuba» que subrayaba: «El derecho a educar a los hijos corresponde en primer lugar a los padres, los derechos de los padres de familia son anteriores a los derechos del Estado... Cuando el Estado se cree poseedor en materia de enseñanza de un verdadero monopolio, la libertad admitida en teoría es de hecho limitada y aun combatida». (40) El 21 de marzo de 1959 fue nombrado Auxiliar y Administrador Apostólico de La Habana y como tal el 31 de mayo de ese año publicó la Carta: «La Iglesia Católica y la Nueva Cuba» donde, con relación a la Reforma Agraria decía: «Nosotros que nacimos y después nos tocó regir espiritualmente una provincia eminentemente agrícola, como la de Pinar del Río, palpamos con el más vivo dolor, más de una vez, en nuestras visitas pastorales, las miserables y angustiosas condiciones sociales de nuestros campesinos»
Le daba la bienvenida entonces a la Reforma Agraria y la juzgaba perfectamente conforme al pensamiento de la Iglesia viéndola encaminada en ese momento, a favorecer un futuro más próspero para la Patria, procurando que «cada cubano sea dueño de su casa y de la tierra que trabaja, que todo cubano, y todos los días, pueda ganar honradamente su pan».
A finales de noviembre de 1959 participó activamente en el Congreso Católico y en el Homenaje a la Virgen Mambisa en la entonces Plaza Cívica “José Martí”, hoy Plaza de la Revolución. Días antes había sido designado Arzobispo Coadjutor con derecho a sucesión a la muerte del Cardenal Arteaga. Fue, efectivamente Arzobispo de La Habana desde 1963 hasta 1970.
El 7 de agosto de 1960 firmó con los demás Obispos la «Circular Colectiva del Episcopado Cubano» que, con referencia a la reforma Agraria, multiplicarse las escuelas y los hospitales y otros hitos de la Revolución afirmaba: «Las reformas sociales que, respetando los legítimos derechos de todos los ciudadanos, tiendan a mejorar la situación económica, cultural y social de los humildes, tienen hoy y tendrán siempre el más decidido apoyo de parte de la Iglesia». Pero nos preocupa «el creciente avance del Comunismo en nuestra Patria». En efecto este sistema, «afirmando engañosamente el más absoluto respeto a todas las religiones, va poco a poco destruyendo, en cada país, todas las obras sociales, caritativas, educacionales y apostólicas de la Iglesia... va anulando progresivamente el derecho de propiedad y convirtiendo a la larga a todos en esclavos del Estado... subordina la vida de la familia al Estado educando a los hijos en la forma que el Gobierno desea, sin contar con la voluntad de los padres... La Iglesia está hoy y estará siempre a favor de los humildes pero no podrá nunca compartir lo que en el Comunismo es el materialismo ateo».
El 4 de diciembre de 1960 se unió nuevamente a los otros Obispo cubanos para firmar la «Carta abierta del Episcopado al Primer Ministro Dr. Fidel Castro». En la misma los Obispos lamentaban la represión desatada por su precedente «Circular Colectiva», que originó «detención de varios sacerdotes el día mismo en que fue leída en las Iglesias, el inicio de una campaña anti-religiosa de dimensiones nacionales, (...)la organización de motines en varios pueblos insultando y vejando a los sacerdotes, a ciencia y paciencia de las autoridades locales, clausuradas casi todas las horas católicas de radio y televisión, injurias y calumnias a los Obispos y más prestigiosas instituciones católicas como la Universidad de Villanueva etc».
El 10 de abril de 1969 y el 3 de septiembre de aquel mismo año firmó como Arzobispo de La Habana dos comunicados de la Conferencia Episcopal de Cuba «A nuestros Sacerdotes y Fieles». Eran una reflexión sobre los documentos emanados de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín.
En fin, firmaba en calidad de Presidente de a Conferencia Episcopal de Cuba, el Mensaje de los Obispos cubanos con motivo de «Navidad y Jornada Mundial de la Paz de 1970» El tema indicado por el Papa Pablo VI en aquel año tenía como lema: «Educar para la paz a través de la reconciliación» La paz -recordaban los Obispos cubanos «no es algo adquirido de una vez para siempre, sino que constituye una búsqueda constante del espíritu y del corazón para promover una mayor comprensión en todos los niveles de la vida a fin de ir construyendo todos un mundo cada vez más humano».(40)
Murió santamente, dedicando a los pinareños su último recuerdo y paternal bendición, el 21 de julio de 1984.