Mons. Manuel Ruíz Rodríguez

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 
Mons. Manuel Ruíz Rodríguez

Vacante la Diócesis de Pinar del Río desde octubre de 1904, en 1907 se pensó en dotarla de un nuevo Pastor. La Santa Sede después de haber recogido las oportunas informaciones acerca de la bondad y capacidad del sacerdote, propuso al P. Manuel Ruiz Rodríguez quien había nacido en Ceja de Pablo (Corralillo), provincia de Santa Clara, el 11 de diciembre de 1874 de familia pobre pero honrada e intensamente católica.
Después de haber cursado sus primeros estudios en la escuela pública local, por sus dotes, bondad e inteligencia, fue alentado a entrar en el Seminario de San Carlos por el Cura Párroco D. Manuel González y Cuervo.
Fue ordenado sacerdote por el Obispo Santander y Frutos el 25 de diciembre de 1897. A pesar de su juventud fue designado Administrador de la Casa de Recogidas, capellán del Coro, profesor de Latín y Humanidades del Seminario de La Habana y a la vez secretario del Seminario y el Cabildo.
En 1899 acompañó como capellán a maestros cubanos en una excursión a la Universidad de Harvard y después a la Universidad Católica de Washington de donde volvió a Cuba Licenciado en Teología.
De regreso a Cuba en 1904, fue designado Secretario de Cámara y Gobierno de la Diócesis de La Habana y Fiscal del Tribunal Eclesiástico. Renunció sin embargo a este elevado cargo para ejercer el ministerio pastoral. Fue Cura Párroco de Santa Isabel de Las Lajas y de Cruces. Después de una breve estancia en estas comunidades donde dejó imborrable estela de bondad y celo apostólico, pasó a Párroco de Sagua la Grande y luego se le designó Secretario del Obispado de Cienfuegos y Párroco de la Catedral.
Fue nombrado Obispo de Pinar del Río en 1907, a sólo 10 años de su ordenación sacerdotal. Tal vez por ser tan joven el P. Ruiz rehusó varias veces la dignidad que la Santa Sede le confería por medio del entonces Delegado Apostólico Mons. José Aversa. Intervinieron para aconsejarlo, Mons. Barnaba, Obispo de La Habana y Mons. Aurelio Torres, Obispo de Cienfuegos. El Delegado Apostólico le obligó a aceptar la Mitra bajo la virtud de Santa Obediencia. Bajó la cabeza el P. Ruiz, nombrado precedentemente Protonotario Apostólico, y aceptó.
Preconizado el 18 de abril de 1907, su consagración episcopal se celebró en la Catedral de Cienfuegos el 11 de junio de 1907. Obispo consagrante fue el Delegado Apostólico Mons. Aversa, presentes también los Obispos de La Habana y Cienfuegos.
Sacerdote que ya se había distinguido en importantes cargos, hombre ejemplar y fervoroso patriota, Mons. Ruiz tomó posesión de la Diócesis pinareña el 10 de julio de 1907. Tenía apenas 32 años cumplidos pero llevaba en su inteligencia «el caudal riquísimo de una vasta cultura eclesiástica y profana y en el corazón el ideal encendido de su arraigada vocación sacerdotal»
De su juventud, recuerda que apenas consagrado Obispo de Pinar del Río, visitó al Santo Papa Pío X quien, asombrado ante su aspecto juvenil, le llamó cariñosamente «eObispo Niño», «Tu sei - le dijo con aquella dulzura que lo caracterizaba - il Vescovo Bambino»
Pronto se comprometió en un trabajo sin descanso por su Diócesis y sus fieles para «reedificar lo destruido, restaurar la vida de las parroquias y prodigar cuidado y amor a sus feligreses. Comenzó por dotar a su Catedral de nuevos altares, púlpito, nuevos pisos y otras importantes reparaciones y necesarios arreglos.»
«Recorrió varias veces toda la Diócesis, llegando hasta el último bohío, por eso conocía como la palma de su mano las tierras de Vuelta Abajo; predicó en todos los púlpitos y estuvo presente en todas las horas de angustia de sus diocesanos para alentarlos con su ayuda material y la palabra cariñosa de su paternal corazón».
Intensificó la obra religiosa, y conociendo lo que significa para un pueblo la cultura, se sintió satisfecho cuando en 1910 se establecieron en Pinar del Río los PP. Escolapios, en 1911 propició, animó y llevó a cabo la instalación de las religiosas del Inmaculado Corazón de María en un magnífico centro. Para los Escolapios construyó un buen colegio que empezó a funcionar en 1926. Este edificio está en la actualidad casi todo en ruinas menos la parte correspondiente a la antigua capilla, espacio que hoy está dividido y se emplea como capilla y como Biblioteca Diocesana.
Mons. Ruiz fue el constructor también del actual Obispado de Pinar del Río. Eso fue posible porque la familia Cabada, en 1910, regaló el terreno necesario para tal fin. La obra concluyó en 1912. Construyó también la segunda torre de la Catedral cuyo edificio remodeló después en 1926 cuando trajo de España los actuales altares que adornan el templo.
El ciclón de 1910, que asoló la provincia pinareña, destruyó gran parte de su obra constructiva; pero perseverante en su esfuerzo y seguro del apoyo de sus fieles, en 1911, reconstruyó la iglesia de Mantua, destrozada por el ciclón y confió a los franciscanos el servicio parroquial de Candelaria y del Mariel.
En 1912 reedificó las iglesias de Candelaria y San Cristóbal y animó el establecimiento de las Madres Escolapias en Guanajay para dar a su Diócesis un centro educacional más. En 1914 construyó la iglesia de Paso Real de San Diego y la incorporó como auxiliar a Los Palacios, también reconstruyó la iglesia de Las Martinas, que había destruido el ciclón de 1910, mientras edifica, exalta con su bondad y piedad a sus fieles; continúa su obra edificando en 1923 una linda capilla en la catedral, a las vez que reparaba las iglesias de Guane y del Mariel.» Además que del asilo de ancianos S. José de la Montaña en Pinar del Río, fue fundador del Asilo de Artemisa atendido por las Hermanas de los Ancianos Desamparados. Fue hombre de vastísima cultura, gran teólogo, escritor profundo y orador elocuentísimo. Sus sermones eran escuchados con religiosa atención y profundo interés por lo claro de sus criterios y la solidez de su doctrina. Fue autor también de numerosas y documentadas pastorales, así como de varios libros.
Por estas cualidades y por quedar vacante en 1925 la Diócesis de La Habana, por la renuncia de Mons. González Estrada, fue designado Arzobispo de La Habana el 30 de marzo del mismo año. Resultó el primer Arzobispo pues la capital había sido erigida Arquidiócesis recientemente.
Pero la exaltación a puesto más alto no alejó al prelado de sus fieles pinareños. Su ausencia no fue más que material, porque continuó como Administrador Apostólico de la Diócesis, confiada a los sabios y virtuosos cuidados de su Vicario, Mons. Reigadas, que era como su prolongación y, de lejos, vigiló y atiendió a su amado rebaño pinareño prosiguiendo la obra de organización, apoyada por bien dirigidos y nutridos centros educacionales católicos, una admirable labor catequística y fieles fervorosos que se enorgullecían de ser católicos y conservar el afecto de su prelado.
Esos centros educacionales fueron: las Escuelas Pías, el Colegio de Hijas del Inmaculado Corazón de María de Pinar del Río; y las MM. Escolapias de Guanajay y Artemisa uniendo a esa acción la de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados del Asilo Santa Margarita de Artemisa y las Hijas del Calvario del Asilo San José de la Montaña de Pinar del Río.
Desplegó también sus cualidades de hombre de gran preparación cultural, de letras y hasta de poesía como se vislumbra en sus cartas pastorales y se concretiza en la producción de notabilísimas obras literarias como: «Impresiones de un viaje a Tierra Santa» y «El Corazón de Jesús de Nazaret». Como poeta firmaba con el seudónimo de Lucas del Cigarral y merece recordarse su tomo de versos titulado «Liras y estrofas» y el poema «La Conquista Espiritual».
Se distinguió también por su amor al Papa. Hizo sietevisitas “Ad Limina Apostolorum”. Hemos ya recordado el cariño que le mostró el Papa San Pío X en ocasión de su primera visita en 1908. Volvió a Roma en 1914, ocasión en la que también visitó la Tierra Santa. Regresó a Roma en 1919 y en 1925, ya Obispo de La Habana, repitió su visita al Santo Padre, al frente de una Peregrinación cubana. «Cuando en 1929 celebraba Pío XI su Jubileo Sacerdotal, su amor al Vicario de Cristo, le impele a una nueva visita a la Cátedra de Pedro, acompañado de una Peregrinación, porque anhelaba que todo cubano amara más y más al «Dulce Cristo en la Tierra»
En el año 1939 para dejar constancia nuevamente de su amor al Papa, cargado de achaques, emprende otro viaje, el último para venerar en la persona de S.S. Pío XII, al Pescador de Galilea».
El 3 de enero de 1940, a los 65 años de edad, casi sin haber guardado cama, entregaba su alma a Dios en pobreza y santamente en la paz del Señor. Así moría «aquel Preladomodelo de virtudes, que llamó la atención de propios y extraños por sus elevados vuelos poéticos, por sus magníficos escritos, sus libros, y cartas pastorales, verdadera gloria de la Iglesia y de la Patria, a la que amó con el amor más dulce».
Sus restos mortales fueron sepultados en el Panteón de los Obispos del Cementerio de Colón. Su magnífica herencia espiritual era resumida en su última carta pastoral.