Lola Careaga

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 



Lola Careaga besa a SS Juan Pablo II
en la Plaza José Martí de La Habana

En VITRAL de julio-agosto del 2000 su director: Dagoberto Valdés Hernández, dedicaba una página a esta humilde y generosa abuela pinareña informando: "El sábado 19 agosto descansó en la paz del Señor María Dolores "Lola" Careaga, a la edad de 89 años. Lola fue una gran mujer y una gran creyente. Entregó su vida a la religión y a su Iglesia. Amó a todos... En los años duros mantuvo abierta la iglesia de Las Minas de Matahambre, su pueblo, dio catecismo, hospedó y alimentó al sacerdote, a los Ministros de la Palabra, siempre cariñosa, siempre diligente...
Ha podido ser llamada "el beso de Cuba" porque simboliza lo mejor de este pueblo, lo más entrañable de su identidad; su religiosidad y hospitalidad. Perseveró sin rajarse. Amó sin distinguir. Se sacrificó sin chistar. Trabajó hasta gastarse. Vivió intensamente su fe y la sostuvo sin miedo, la proclamó sin cansancio y la presentó como su mayor timbre de gloria."
Pocos años antes de su muerte - el 25 de enero de 1998 - en la Plaza de la Revolución, durante la Misa presidida por el Papa, subió para recibir la Biblia de manos del Vicario de Cristo y en un sobresalto de afecto y de fe le dio al Papa un beso caluroso que los medios de comunicación proclamaron por el mundo entero como "el beso de Cuba al Papa"
Si las matrioskas fueron responsables de haber mantenido encendida en la Gran Rusia el pabilo de la fe durante 70 años de propaganda y enseñanza del materialismo ateo, de algo análogo sirvieron esta y otras venerables abuelas cubanas.
Veo en Lola Careaga el símbolo de otras fallecidas o ya ancianas madres, abuelas, y bisabuelas que fueron por largo tiempo vigías de nuestra Iglesia, maestras humildes y silenciosas de fe y sana tradición cristiana en nuestros hogares. Desarrollaron la poca catequesis posible en las iglesias, cuidaron el decoro del templo, mantuvieron encendida la llama de la Esperanza y de la Caridad. Pienso en Ofelia Valverde y otras de mi comunidad de Los Palacios. Pienso en Rosa Peláez y en muchas otras de Consolación...
A la pobre Rosa le encarcelaron el marido, presidente de la Acción Católica de Pinar del Río. Cuando ella fue a informarse de la suerte de su esposo, el auditor del ejército le respondió: "En un primer tiempo lo habíamos condenado a 30 años, pero después se redujo a 9 porque pensamos que sean suficientes para neutralizarlo."
Rosa sin embargo, como quizás muchas otras abuelas valientes y generosas, no se nutre de resentimientos, sino sigue animando, poniéndose al día, catequizando, rezando, trabajando por el Reino de Dios y su justicia. Cada pueblo, sin dudas tiene varias de estas abuelas de las cuales valdría la pena no perder de la memoria.