Las misiones parroquiales organizadas

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 

La obra misionera, comenzada en Cuba en tiempos de los Indios con la llegada de los primeros sacerdotes, fue superficial y ocasional en los campos, un poco más sistemática y profunda en los centros urbanos. Se mantuvo sin interrupciones, pero sin una apreciable organización. Padres misioneros más especializados, que se destacaban por su carisma, eran invitados también en las parroquias pinareñas para preparar las visitas pastorales, las fiestas patronales y otras grandes ocasiones.
Alentado por la experiencia hecha en nuestra Diócesis, el Obispo Mons. Manuel Ruiz apenas fue elegido Arzobispo de La Habana, en 1926, después de haber interesado a las comunidades religiosas más importantes existentes en Cuba, dio inicio a una obra misional más constante y organizada.
El 12 de abril de 1926 designaba Delegado Diocesano para las Misiones de La Habana al P. Hilario Chaurrondo. Además de los Padres Paules que serán los más comprometidos en estas misiones en la Diócesis, también los jesuitas, franciscanos, dominicos, pasionistas, redentoristas, claretianos y carmelitas, se brindaron para esta obra que encontró buena acogida también en parte de los párrocos.
La obra de las Misiones Parroquiales fue secundada también por numerosas asociaciones católicas de obra social y divulgadas por la prensa y la radio. Pronto la enseñanza del catecismo a los niños, explicaciones doctrinales al pueblo y conferencias a caballeros y señoras, de preparación más adecuada de los sacramentos, se difundió de La Habana a las diferentes Diócesis, incluso a la nuestra.
El Padre Chaurrondo, como bien recuerda el P. Lara, llegaba con su fervor misionero a sembrar la buena semilla del Evangelio hasta Guane y los extremos confines del occidente de la Isla. Pertenecía a los Padres Paules. Dichos Padres fundados por San Vicente de Paúl en el año 1625, habían llegado a Cuba en el año 1863; hoy siguen presentes y cuidan por ejemplo la Iglesia habanera de la Virgen de la Merced.
En la Diócesis de Pinar del Río son muy recordados estos padres que iban a los pueblos y hacían una obra que, como dice Mons. Siro, determinó el nacer de la actual forma de misionar en nuestras parroquias y comunidades con la sola diferencia de ver comprometidos a los laicos. Además del P. Hilario Chaurrondo, que es muy recordado en nuestra Diócesis, también lo es el P. Silvestre R.
Fundada por el Obispo Ruiz, la Obra de las Misiones Parroquiales encontró en nuestra Diócesis el apoyo y aliento en Mons. Evelio Díaz. Cada año se celebraba el "Día de la Colecta para las Misiones Parroquiales" porque, como recordaba Mons. Evelio en una Circular a los feligreses de las parroquias pinareñas: "El mover a estos misioneros, sus viajes, su propaganda, cuesta dinero. Si nos lo tuviéramos, no les molestaríamos, pero somos pobres y tenemos que recurrir a la caridad de todos. Hagan un sacrificio y cooperen con generosidad. Otros emplean grandes sumas en negocios temporales, nosotros tan sólo buscamos el llevar la paz a las almas".
Recordaba como se había beneficiado de la obra de estos misioneros la parte más oriental de la provincia, desde Taco Taco hasta el pueblo del Mariel, y cómo su trabajo había tenido mayor éxito gracias a la ayuda dada por las Damas Catequistas, los abnegados y venerados Curas Párrocos, y los miembros de la Acción Católica.
En fin destacaba como dar el apoyo material a esta obra era darlo a la Obra de Caridad más importante que es reconciliar las almas.