La fe cristiana «a lo católico» en Cuba

José Enrique Collazo

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Un tema interesante para los católicos, para todo creyente cristiano, para otros tipos de creyentes, para los agnósticos y los ateos, es la «fe cristiana a lo católico» en nuestro país. Hace sesenta años nuestra religión era más conocida y practicada que en estos tiempos. Según una encuesta era mayoritaria en cuanto a bautizados y creyentes, no tanto en la asistencia a la misa y otros cultos.
Hoy vivimos inmersos en una Aldea Global muy diversa en religiones, en fusiones entre religiones y otras corrientes, en el postmodernismo con su consecuente relativismo que influye, y mucho, dada las facilidades de la comunicación. Tenemos el cambio radical de 1961 al introducir el Socialismo real con su carga ideológica basada en el materialismo ateo. La enseñanza, la cultura, y los medios de comunicación abogan por los patrones de esta ideología. Si bien con las visitas de los tres papas hay aperturas palpables, el background no está a tono con lo que había antes de los sesenta.
En Cuba había un tipo de religiosidad católica muy marcada por las devociones marianas y los santos patronos de las ciudades y los pueblos. Los colegios católicos privados y los parroquiales gratuitos enseñaban la doctrina y preparaban a los educandos en una conducta moral basada en los 10 Mandamientos. No pocos al salir de los colegios dejaban de ir a misa, pero seguían los patrones de los principios cristianos a lo católico.
La mayoría de los cristianos-católicos de hoy son nuevos, muchos no proceden de hogares donde los padres brinden una educación acorde a nuestra fe y moral. Las posibilidades educativas radican en las catequesis con los catequistas de ahora, le sigue la preparación a la confirmación y un número menor al sacramento del matrimonio. Hay cursos, hay libros, hay bibliotecas, hay ciertas asociaciones de laicos y eclesiales que brindan formación y acompañamiento, aún con estos progresos considero que no hay un nivel básico «suficiente» en la mayoría de los asistentes a nuestros templos.
La fe cristiana a lo católico, así la defino para distinguirla de las otras iglesias cristianas pues hoy existe un mayor número de adeptos a estas denominaciones que hace sesenta años; tenemos los creyentes sincréticos que ligan el catolicismo y las religiones africanas, no pocos llamando a Ochún con un valor superior a la Virgen de la Caridad. Hay corrientes de espiritismo, que siempre hubo y perduran, debido a las dificultades de los tiempos buscando “conocer el futuro” o si se les da la salida del país y cuándo. Existe una población más diversa en materia de religión dándose como fenómeno actual la potenciación de lo africano mediante el arte y lo comercial para atracción turística.
¿Cómo enfrentar estos retos actuales? En primer lugar hay que valorar con sabiduría la «competencia», ni subestimar a los competidores, ni creernos la Iglesia verdadera que tiene la primacía en los compatriotas. En segundo lugar, re-afirmar nuestra identidad como “católicos”, después del Vaticano II (1962-65) la tendencia es llamarnos cristianos para acercarnos a otras denominaciones. Lo cierto que esas denominaciones nos identifican como “católicos romanos” y los creyentes sincréticos como “católicos” al igual que los no creyentes.
En tercer lugar, precisar con conocimientos que fundamenten los principios de nuestra visión del Cristianismo según el rico magisterio eclesial. En un trabajo publicado en la revista Amanecer sobre la «religión descafeinada» citaba a dos sacerdotes, uno dijo: “… no se puede apretar mucho pues corremos el riesgo de que se espanten”; el otro me preguntó: “…¿en qué estamos fallando? ¿qué tenemos que exigir?” Le contesté: “La religión católica hay que enseñarla tal y como es, con el mismo rigor que se hacía cuando crecimos en esta Iglesia. Aspecto fundamental, la moral, énfasis en el estilo de vida acorde con el decir y el hacer de Jesús.
En cuarto lugar, revisar dos cuestiones vitales: una, con qué profundidad se enseña en nuestros Seminarios los fundamentos de nuestra fe como “asignatura esencial”, incluye la dirección espiritual por sacerdotes con experiencia en esta guía; la otra, cómo evangelizar de acuerdo con estos tiempos en cuanto a métodos y el empleo de las nuevas técnicas de comunicación. Un ejemplo, unos testigos de Jehová que me visitan traen en una tabla que tiene desde los libros de la Biblia hasta entrevistas con personas que apoyen sus puntos de vista. Me pregunto: ¿y nosotros qué?
En quinto lugar: definir con claridad absoluta nuestra fe a lo católico. Presento una cita de un autor importante Raimon Panikkar en su libro Iconos del misterio que fe, si bien es profunda, se hace necesario re-leer y buscar ayuda para lograr captar al máximo posible este maravilloso texto… “La experiencia de Dios es la raíz de toda experiencia. Es la experiencia en profundidad de todas y cada una de las experiencias humanas: del amigo, de la palabra, de la conversación. Es la experiencia subyacente a toda experiencia humana: dolor, belleza, placer, bondad angustia, frío… subyacente a toda experiencia en tanto que nos descubre una dimensión de infinito, no-finito, in-acabado. Subyacente a toda experiencia y por tanto, no susceptible de ser completamente expresada en ninguna idea, sensación o sentimiento”. Añade: “La experiencia de Jesús para el cristiano es la experiencia de Jesús resucitado, esto es, del Cristo vivo. No es una experiencia histórica, sino transhistórica, personal e intransferible […] Es el acto de fe el que actualiza esta experiencia de lo inefable, que para los cristianos se realiza «en y a través de Cristo»” Conviene re-leer con calma su concepción de la experiencia de Dios, es una fe vivencial que abarca nuestro subconsciente, nuestra mente consciente y nuestra alma. Atención al calificativo de subyacente.
Ives Congar, el teólogo de los laicos, ponente en el Vaticano II de nuestro sitio teológico en el Pueblo de Dios, cita en un trabajo suyo publicado en 1967: “Nuestras iglesias están todavía llenas de paganos que van a misa, gente que observan las leyes de Dios, del culto, pero que carecen de «fibras cristianas en su misma humanidad». La Sagrada Escritura está a punto de jugar un papel absolutamente decisivo en esta constitución de fibras de un hombre cristiano”.
Un criterio básico nos expresa el teólogo Santiago del Cura: “…para que Dios pueda habitar en el hombre, tiene que dejarse habitar por la experiencia religiosa, pues solamente «los habitados» por ella serán capaces de trasmitir y de comunicar el gusto por la realidad de Dios”. Esta cita se complementa con la de Congar, dando el tipo de católico que nos constituye y con esta visión ayuda a todo-otro a iniciarse, a acompañar a los practicantes, a consolidar su ser cristiano.
La reflexión es para ayudarnos a «despertar» y, despiertos, conocer nuestra identidad que parte de “las fibras profundas” de nuestro ser. Invita a profundizar en nuestro cristianismo a lo católico en la realidad de nuestro patio. He utilizado en otros trabajos expresiones muy cubanas… hay que enseñar la religión al duro, tenemos que vivir la experiencia de la fe sin tibieza.
Concretando, cito de un artículo lo que sigue… “El mejoramiento humano es el milagro que pide todo cubano para él y sus conciudadanos: el respeto, la confianza en mis próximos, la tranquilidad de entrar y salir en el medio social con paz, son bienes muy anhelados. Si concebimos al otro como Jesús manda otros gallos cantarían para agrado de todos. Las raíces cristianas de la honradez y la decencia que eran el orgullo de los campesinos y los compatriotas más humildes, son dos normas de conducta personal y social indispensables que parten de esa experiencia de la fe que subyace en nuestra mente inconsciente y en los mejores valores que están en el fondo del ser que es positivo”. Hay que despertarlos, tenemos que ayudar a despertar a los que nos necesitan, no olviden lo que dijera en la catedral de La Habana Juan Pablo II: “el pueblo cubano los necesita porque necesita a Dios que es la razón fundamental de sus vida”. Quede este llamado para mover nuestros corazones y prestar el mejor servicio que podamos a todo compatriota desde nuestra identidad.

Bibliografía
1.Collazo, José E. “La fe en el Dios cristiano: su valor humanizador y civilizador”. Palabra Nueva, Año XII, jul-agosto 2013, no. 231, p.30-33
2.Congar, Ives. Los caminos del Dios vivo. 14 Espiritualidad, Estela, 1997, p. 56
3.del Cura, Santiago. El hombre ante el misterio de Dios. Publicación de la Univ. Pontificia de Salamanca. 2003, p. 26 ss
4.L'osservatore romano n. 5, 30-01-1998 p.20
5.Panikkar, Raimon. Iconos del misterio. Ediciones Península, Barcelona, 2da. Ed, 1999, p. 52 ss

Religión. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-06-11

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