LA ESPERANZA EN UN FUTURO QUE SIEMPRE SERÁ POSIBLE...

Félix Sautié Mederos

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Queridos lectores. Después de haberles escrito durante el 2017 un conjunto de “Carta desde La Habana” genéricamente tiulado Tras las huellas de Francisco, dedicado a comentar las intenciones de oración que propuso el Papa para el año año 2017, comienzo una nueva serie especialmente escrita para Vitral en el 2018, año en que cumplo mi 80 aniversario de peregrinaje terrenal en mi sostenido esfuerzo de seguir a Jesús, lo que para mí significa el proceso de culminación de toda una vida cargada de avatares, caídas y vueltas a levantarme. No puedo sustraerme pues, del significado muy especial que tendrá esta etapa y he pensado que debía escribirles sobre lo que ha sido para mí en toda mi vida LA ESPERANZA. Considero que es lo mejor que podría escribirles en las actuales circunstancias existenciales; y por eso comenzaré una serie que he titulado La esperanza, motor de la vida. En este orden de pensamiento ésta mi primera Carta, la he titulado “La esperanza en un futuro que siempre será posible”.
Quiero comenzar con algo que Don Pedro Casaldáliga nos comentó con mucho enfásisis durante su visita a Cuba en febrero de 1999 —que recogí en mi libro Evangelio y Revolución— durante la posibilidad que nunca olvidaré de acompañarlo en su viaje por La Habana y Pinar del Río, y reseñar todas sus intervenciones de aquella memorable gira. En una conferencia a los alumnos del desaparecido, Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT) de caracter ecuménico, Casaldáliga nos habló de la Esperanza con el tema titulado “Debemos saber sembrar esperanzas” del cual quiero destacar un párrafo que considero de muy especial importancia. Cito pues: “Una sugerencia para ustedes y para mí también: los cristianos no debemos solo también saber esperar, sino que debemos saber sembrar esperanzas. Me gustaba mucho la expresión del mártir Ellacuría, jesuita, teólogo y filósofo. «Debemos ser esperanzados y esperanzadores”.
Ahí esta, en mi criterio, un contenido esencial de la esperanza: saber sembrarla, porque la esperanza en Jesús y en el Reino que proclamó debe ser la finalidad última del objetivo existencial que todos traemos cuando llegamos a la vida. Así lo puedo vislumbrar mejor en el final del camino cuando me acerco decisivamente a mis 80 años y quiero compartirles mi testimonio de vida, de que si trabajamos por ese objetivo que nos proclamó Jesús, podríamos fundamentar una fe que sea capaz de mover montañas, porque cómo también dijo Don Pedro Casaldáliga en aquella memorable charla de 1999: “¿Quien dijo miedo habiendo resurrección? Puede costarnos la vida pero resucirtaremos. Esperanza estemos en donde estemos, el pueblo necesita mucha esperanza, mucho aliento, mucho ánimo... cuando no podamos hacer nada más, podemos compadecer, podemos sembrar ternura, según nos expresó Jon Sobrino”. Y añado por mi parte que siempre deberíamos sembrar esperanzas en el corazón de los más aflijidos, porque la esperanza en la justicia del Reino de Dios los alentará a enfrentarse a todos los males que puedan presentárseles.
Esta convicción se asienta en lo que Jesús en sus Evangelios nos afirma con reiteración, con sus múltiples mensajes de esperanza, muy en especial cuando en su aparición resucitado en Galilea expresó a sus 11 apóstoles reunidos lo que cuenta el evangelista San Mateo en su capítulo 28, versículos 18 al 20. Planteó con toda claridad una promesa final que nunca deberíamos olvidar: “Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la Tierra. Id pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
Si somos capaces de comprender estas frases de Jesús, entenderemos entonces que la esperanza máxima que moverá el peregrinaje de nuestras vidas hasta el final que a todos nos llegará está en las promesas de Jesús de ser el camino, la verdad y la vida para nuestra existencia.
Es esta la convicción que les propongo meditar durante el transcurso del año 2018, que será de tantas esperanzas, muy especialmente para mí en mi aniversario 80.

Carta desde La Habana. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-06-04

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