La alegría en la oficina

Tania Gómez Rodríguez

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“Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada,
sé generoso y da la tuya.
Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa
como aquel que no sabe sonreír a los demás”
Dalai Lama

El centro de trabajo es uno de los lugares donde, por lo general, pasamos gran parte de nuestro tiempo. Ahí vivimos momentos de tensión, de doblar esfuerzos, de problemas que enfrentar; pero también de tejer lazos de amistad con personas afines, de apreciar la alegría de un chiste, una sana travesura a otro compañero, o de algún momento difícil que al recordarlo nos saca lágrimas de risas por el apuro o la solución dada. Compartir con seres humanos capaces de comprendernos, animarnos, respetarnos y caminar juntos, es un regalo de Dios que todos podemos sentir.
Los problemas y las tristezas llegan solas, por eso debemos aprovechar los buenos momentos y esforzarnos porque los demás también lo puedan vivir.
Nuestra oficina llama la atención por las risas que se oyen desde el exterior. Sin dejar de cumplir con el trabajo encomendado, no falta el momento para disfrutar de una infusión con la planta que encontremos ese día, o recordar a la hora del café, las frases que han quedado como célebres en la memoria y que nos evocan años pasados cuando otras personas trabajaban con nosotros: “¿Usted sirve…?”, o “Dice ella que fue al correo”, son algunas de las más escuchadas; hacer bromas con la “emulación del buró más recogido” y el compartir la limpieza entre las féminas del local. No todo es color de rosa siempre, pero por lo general el cariño que nos tenemos es más fuerte y “la sangre nunca llega al río”.
¡Qué bueno si todos los trabajadores dentro y fuera de la Iglesia, pudieran tener la misma opinión! Desgraciadamente no ocurre siempre así. A nuestro paso por el ámbito laboral nos encontramos con jefes que se empeñan en que su criterio sea el que prevalezca aunque la orientación sea absurda, o que el “¡Buenos días!” de cada mañana sea un regaño público a los trabajadores por cualquier motivo, sin que, muchas veces, se tenga razón. ¡Qué triste cuando un trabajador se lamenta de que ha llegado el momento de dirigirse hacia el lugar donde realiza una función útil para el desarrollo del país o presta un servicio a la sociedad! ¡Qué desagradable resulta llegar a un lugar de Atención a la Población y recibir un mal trato, cargando las consecuencias de un “mal día”, o “mal año” de la empleada!
Peor ocurre cuando ese mal trato, o amargura, mala información o simplemente una escena de conflicto, la encontramos entre empleados de la Iglesia. Aunque estamos llamados a la santidad por nuestro bautismo, no somos perfectos y también padecemos de mal carácter, molestias físicas, inconformidades, y demás problemas como cualquier ser humano, sin embargo, tenemos que ser conscientes que cuando nos encontramos atendiendo a las personas que se acercan a nuestros templos u oficinas eclesiales, estamos siendo el rostro de la Iglesia y los que se acercan esperan encontrar algo diferente a lo que por desgracia, encuentran en otros lugares.
Al respecto la Madre Teresa de Calcuta nos recuerda que: «Nuestra alegría es el mejor modo de predicar el cristianismo. Al ver la felicidad en nuestros ojos, tomarán conciencia de su condición de hijos de Dios. Pero para eso debemos estar convencidos de eso».
El trabajo es una bendición de Dios y como tal debe vivirse. Está en los orígenes mismos de la Creación cuando Dios le entrega al hombre la tierra para que la cultive y viva del fruto de sus manos. No debe verse como maldición o castigo.
Trabajes en la Iglesia o fuera de ella, recuerda que estamos llamados a dar testimonio de lo que somos en el lugar donde nos encontremos; y es mejor cuando los demás nos reconocen como cristianos por nuestra forma de ser y actuar que por repetir cientos de veces “Señor, Señor”. Hagamos de nuestro lugar de trabajo un espacio de alegría y confraternidad; que cuando estemos las personas se sientan bien a nuestro alrededor y al ausentarnos, seamos recordados con cariño.
Comparto contigo estos 10 consejos para llevarse bien con los compañeros de trabajo y que nos regala el sitio www.trabajo.com.mx porque quizás te puedan ayudar a desenvolverte en el ámbito laboral, recordando este pensamiento de Víctor Franklin, fundador austriaco de la Logoterapia (1905- 1995): “Cuando la profesión que se desempeña no satisface, la culpa ha de buscarse en la persona que la ejecuta y no en la profesión en sí misma. El trabajo no puede hacer a la persona indispensable e insustituible; solamente le da la probabilidad de hacerse tal.”
1.- Respeta a tus compañeros: El respeto es la base de toda buena relación, tanto en familia, amigos o trabajo. Haz todo lo posible para evitar ofender a las personas con las que trabajas. Cosas como hablar demasiado alto por teléfono, no llegar puntual a las reuniones, culpar a otra persona cuando tú tienes la culpa, crear rumores, mirar a los demás por encima del hombro, llevarse los méritos de otro, son sólo algunas de las cosas que pueden molestar a tus compañeros y no te favorecerán a ti. Evítalas y ayudarás a crear un buen clima de trabajo.
2.- Límites: Intenta mantener los límites sin llevar los problemas de la casa al trabajo, ésto podría ponerte hostil, antipático o distante, y nadie desea lidiar constantemente con un empleado así.
3.- Evita temas polémicos: Religión, política y sexo, suelen ser temas que evitamos discutir en el lugar de trabajo. Muchas personas consideran que estos temas son muy personales y prefieren dejarlos para los colegas.
4.- Respeta la diversidad: Muchas empresas emplean a personas que pueden ser diferentes de la mayoría de los demás por motivos de raza, etnia, género, edad, u otras características. Si bien estos rasgos pueden llamar la atención porque destacan, no son causa de chistes, comentarios o desprecios. Haz todo lo que puedas por tu parte para que se respeten todas las diferencias y tratar de animar a los demás a hacer lo mismo.
5.- Relaciones personales: Evita a toda costa involucrarte sentimentalmente con alguien de tu trabajo. Problemas como chismes, rencor y celos son algo que viene acompañado de mantener una relación con compañeros de trabajo y es totalmente innecesario.
6.- Haz lo que te diga tu jefe: Lo normal es que tu jefe esté ahí para enseñarte, ayudarte y supervisar tu trabajo y no para fastidiarte. Tal vez en ocasiones te encomiende tareas que no te gusten o que pienses que no te las debería asignar a ti. Lo más inteligente (con excepción de circunstancias graves) en estos casos, es hacer lo se te ha mandado lo mejor que se pueda.
7.- Trabaja en equipo: Uno de los puntos claves del buen ambiente de trabajo con los compañeros es la “sociabilidad”. Trate de ser parte del grupo y trabajar en equipo, “póngase la camiseta”.
8.- Ser profesional: Está bien si no te agrada algún compañero de trabajo. Mantente alejado de él y se cortés, que no te caiga bien no es sinónimo de que debas tratarlo mal y ser grosero.
9.- Conoce mejor: Esfuérzate por conocer mejor a tus compañeros de trabajo, a veces las primeras impresiones engañan y debajo de toda esa capa de apariencias se esconden grandes seres humanos, solo debes tener la paciencia y las ganas de descubrirlos.
10.- Protege tu reputación: Cuando un problema o un comentario salte y tenga que ver contigo, soluciónalo. Si no llega desde una fuente directa, ve al origen y si merece la pena, da explicaciones sólo a quien concierne. Muchas veces el evitar involucrarse en situaciones que sabes que pueden llegar a “estallar” como liarse con alguien de la oficina, o actividades ilícitas dentro de la empresa, te evitarán muchos problemas.

Educación Cívica. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-05-28

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