Bebo Valdés, ¡un músico para respetar!

Lázaro Gómez Piquero

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Siendo un adolescente disfruté de una película que cuánto quisiera volver a ver: Un hombre para respetar, un filme de acción con argumento y valores humanos.
Hoy he tenido la satisfacción de disfrutar de un documental sobre el músico cubano Bebo Valdés, Old Man Bebo, realizado en el 2007. En mi pobre conocimiento sobre música, soy del criterio que este pianista fue un músico para respetar; es una lástima que gran parte de los cubanos desconozcan su trayectoria en el patrimonio cultural de la música cubana para el mundo, una gloria de nuestro pentagrama que ha dado muchos talentos, conocidos unos y desconocidos otros en su patria por causas conocidas y otras no, pero no es el espacio para hablar de ellas.
Me gusta contar a cosas interesantes y nutritivas para nuestro espíritu. En estos tiempos donde todos quieren hablar y tener la razón, y muy pocos escuchar, prefiero escribir para el beneficio espiritual de ser útil a los demás.
Bebo nació el 9 de octubre de 1918 en Quivicán, pequeño pueblo a 37 Km de La Habana. El piano le fascinó desde niño. Ponía un taburete como piano y tocaba lo que se le ocurriera, aunque su padre no estaba de acuerdo, él quería un oficio para su hijo, que se ganara la vida trabajando, pero su madre sí quería un hijo músico.
Por el año 1926. Bebo, siendo un niño, fue con sus padres a un baile amenizado por Antonio María Romeu al piano. El niño permaneció todo el tiempo mirando y escuchando los acordes musicales de Romeu. Al otro día colocó piedras en el piso simulando las teclas de un piano y comenzó a cantar lo que sólo él entendió.
Frente a su casa vivía una familia blanca que se llevaba como hermanos con la familia de Bebo. En una ocasión la muchacha estaba tocando el piano y Bebo se acercó para escucharla. Ella le preguntó: —¿Te gusta?, ¿quieres estudiarlo?, él le respondió afirmativamente. Para sorpresa de todos, comenzó a tocar el instrumento inspirado por algo divino pues jamás había estudiado y mucho menos música. Tenía la música en el cuerpo, hasta jugando pelota no dejaba de tararear alguna canción.
En el año 1933 ó 1934, Bebo se fue para La Habana a vivir con su tío, en el barrio de Santa Amalia, es entonces cuando ingresa al conservatorio para estudiar música. En esta casa había un piano por lo que pudo estudiar e interpretar las contradanzas que su tío, José Isabel Barreto, le indicaba. Con apenas 18 años integró una orquesta de jazz formada por los alumnos del conservatorio.
En Santa Amalia conoció una joven mulata muy hermosa, Pilar González, y aunque no se casaron, tuvo tres hijos con ella, el primero, Chucho Valdés, hoy está considerado uno de los mejores pianistas del mundo. Nació el mismo día de su padre y con apenas 4 ó 5 años de edad, desde una banqueta tocaba e interpretaba algunas canciones que escuchaba de su padre. Su casa era visitada por músicos estupendos como los Barreto, entre ellos Guillermo Barreto, un genio musical en la batería.
En el año 1943 participó en un concurso para la emisora de radio “Mil Diez” que buscaba un arreglista. En el mismo quedaron como finalistas René Hernández, Dámaso Pérez Prado y Bebo. Felizmente fue contratado y acompañó allí a muchos cantantes como Elena Burke, Olga Guillot, Celia Cruz, Benny Moré, etc. Se consagró como arreglista y conoció a César Portillo de la Luz.
En 1947 Bebo dejó “Mil Diez” y la orquesta de Julio Cuevas, aceptando un contrato para trabajar en Haití, tierra cuyos ritmos influyeron mucho en la música de Bebo. Después comenzó en el cabaret Tropicana, donde acompañó a grandes estrellas como Bola de Nieve y Rita Montaner.
Siempre se dice que el creador del mambo fue Dámaso Pérez Prado, pero él era del criterio que fue Israel López (Cachao), porque Cachao modificó el danzón. Bebo enriqueció el mambo porque inspirado en la santería cubana, adaptó un toque de Obatalá con un nuevo sonido llamado batanga por la combinación del batá con la conga, un ritmo adelantado para la época. De acuerdo con criterios de su hijo, Chucho Valdés, el mambo fue más popular pero la batanga tenía mejor arreglo musical aunque comercialmente fue un fracaso, al punto que sus grabaciones han desaparecido.
Según Guillermo Álvarez Guedes, el primero que acompañó a Benny Moré en Cuba fue Bebo, después Benny formó su propia banda, pero le incorporaron los arreglos de Bebo. “No he conocido un arreglista como él, por su conocimiento musical y la rapidez para componer un arreglo musical de determinada canción”.
En el año 1956 el famoso cantante norteamericano Nat King Cole visitó Tropicana, y volvió en el año 1958 para grabar el disco Cole en español acompañado por la orquesta del cabaret, fue el primer cantante negro en cantar canciones románticas en la televisión.
Bebo grabó ese disco con el gran Cole, aunque ya no trabajaba en Tropicana. Actuaba en el show musical de variedades del hotel Sevilla. También trabajaba con Ernesto Lecuona y otras estrellas del más alto nivel de su época, hasta que formó su propia orquesta “Sabor a Cuba”. En esta orquesta comenzó Chucho Valdés como pianista, bajo la dirección de su padre, a la edad de 16 ó 17 años. Tenía como cantantes a Pio Leyva, Rolando la Serie, Fernando Álvarez y Orlando Guerra.
Cuando triunfó la Revolución en 1959, Bebo presintió que sus días en Cuba estaban contados, porque él tocaba en muchos lugares de gente rica y con ese trabajo mantenía a toda su familia. Él no sentía nada por la política, ni de un lado ni del otro, sólo sentía por la música, su familia y los seres humanos. Comenzaron las restricciones y para ser buen cubano había que estar vinculado con todo el proceso que se avecinaba en Cuba. Músicos y amigos se vincularon con la política, pero él no. Por ser como era, “un hombre para respetar”, no soportaba imposiciones y mucho menos humillaciones, no tuvo otra salida que marcharse de su tierra y partir al exilio. Con el dolor de un padre Bebo no tuvo fuerzas para despedirse de sus hijos, jamás pensó que un día se separaría de su familia. ¡Qué tragedia sufrió! Jamás pensó que haría un viaje sin regreso a su patria. El 26 de octubre de 1960 salió de Cuba rumbo a México con Rolando la Serie y la justificación de cumplir un contrato de trabajo.
“Un ejército de ciervos dirigidos por un león es mucho más temible que un ejército de leones mandados por un ciervo” (Plutarco).
En 1962 pasó a España donde trabajó con el cantante chileno Lucho Gatica, en varias giras por Europa. Actuando en Suecia con el grupo “Lecuona Cuban Boys” conoció una joven sueca muy bonita, Rose Marie, que quedó cautivada por el cubano. Se casaron y formaron una familia con dos hijos. En este país siempre tuvo trabajo, pero como él decía: “horizontal, pero vertical jamás al salir de Cuba”. Bebo pasó momentos muy duros para mantener a su familia, que era lo primero en la vida. Tocó en hoteles, fiestas de cumpleaños, navidades, en bares, escuelas, etc. Al extremo que el año 1983 a los 65 años de edad ya pensaba retirarse, pero ¡Dios no le falló!, el sueco Charles de Marie, director de un hotel, lo contrató como pianista por la calidad musical del cubano.
Dos años después bebo sufrió una inflamación en las vértebras, fue operado de la columna vertebral y quedó paralizado en una parte de su cuerpo. Con el apoyo de su familia y su fuerza de voluntad, superó otro obstáculo en su vida. El médico le dijo: “—Valdés, usted no podrá tocar jamás el piano”. Él le respondió: “—Únicamente muerto”. La fisioterapia la hacía en el piano, hasta que recuperó la movilidad de su mano. Bebo no se rindió. ¡Dios estaba a su lado!
Después de aquella tragedia pasaron diez años hasta que Bebo recibió una llamada telefónica del músico cubano Paquito D’ Rivera, ex músico del grupo Irakere, para grabar un disco con él. Bebo llevaba 34 años en la ignorancia de los estudios de grabación. Rivera declaró al respecto: “Mi gran orgullo es haber podido grabar a Bebo después de tantos años de olvido, un músico tan valioso”. Se grabó el disco en una disquera alemana que pensaba que ya la estrella cubana no existía. Bebo realizó 8 arreglos en dos noches para el disco Bebo rides again. Una proeza para un hombre que llevaba tantos años alejado de los estudios de grabación. D’ Rivera fue el productor del disco. Bebo reapareció con 76 años. Compuso 8 canciones y arregló 11 temas. Para alegría de todos, volvió a sonar el pianista. ¡Dios no lo dejó solo!
Bebo y su hijo Chucho estuvieron 18 años sin escribirse o hablar por teléfono. En una visita del grupo cubano Irakere a un concierto en New York, coincidió con Bebo y éste se presentó en los camerinos para volver a ver, tocar y abrazar a su hijo. Cuentan que fue un reencuentro no apto para cardiacos. Un hijo que nació con su padre al lado, vivió con él, un hijo que vivió lo que hacía su padre, componer y hacer arreglos en la madrugada y terminar en la mañana; un hijo que heredó de su padre el talento y el genio musical. Un hijo que aprendió de su padre el respeto a uno mismo. ¡Dios es amor de un padre a sus hijos! Es un regalo divino volver a ver al padre que nunca dejó de amarlo.
Alrededor de los años 2000 ó 2001 el director de cine Fernando Trucha realizó la película Calle 54 que aborda el encuentro entre Bebo y otros músicos de la talla de Tito Puentes, Eliades Elías, Jerry González, Michel Camilo y Paquito D’ Rivera. Una de las escenas más conocidas del film fue la interpretación de una canción a dos pianos con su hijo Chucho. Otra escena conmovedora fue cuando tocó con su amigo de los años, el contrabajista Cachao. La película y la banda sonora fue un exitazo para los amantes y conocedores de la buena música cubana. En el 2002 se produce el disco de Bebo Valdés titulado El arte del sabor, álbum que obtuvo el premio Granmy al Mejor Álbum Tropical Tradicional.
En el mes de septiembre del 2002 Bebo conoció al legendario cantante de música flamenca Diego El Cigala con quien graba un disco apadrinado por Fernando Trueba. El álbum consta de 9 canciones clásicas de la música cubana. En la grabación colaboraron músicos de primera como Javier Colina, Piraña, Paquito D’ Rivera y otros más. El disco, titulado Lágrimas negras, ha sido un éxito mundial al extremo de ganar un Premio Granmy Latino. Con 85 años, Bebo alcanzó fama mundial. Guillermo Álvarez Guedes, cuando escuchó el disco declaró: “Bebo demostró lo que es, un genio”.
En el 2003 viajó a New York y grabó el disco Bebo de Cuba, considerado su obra maestra, ganando otro premio Granmy. ¡Dios lo recompensó como sólo Él hace!
El productor Fernando Trucha filmó en Salvador de Bahía, Brasil, una película titulada El milagro de Candeal. La figura principal es un músico cubano que sueña visitar el país carioca. El origen del film fue mostrar al mundo cómo la música puede cambiar y mejorar radicalmente la vida en una favela. En su visita a Brasil, Bebo declaró que le trajo muchos recuerdos emocionantes de su madre, pues conoció una anciana que le recordó muchísimo el físico de aquella.
En el año 2005 dio a conocer otro disco de piano sobre la música cubana de los siglos XIX y XX con el que ganó, en el 2006, el Granmy Latino como mejor disco instrumental. Con 88 años Bebo continuó grabando y componiendo música y tocando conciertos alrededor del mundo. Un hombre que a pesar de las adversidades nunca se rindió y venció por su amor a la música y todo el ambiente humano que lo rodeó en cualquier lugar del mundo.
Apreciado y respetado lector, sea usted músico o no, simplemente un cubano que ame a su país como se debe amar, le sugiero que haga lo posible por ver y disfrutar ese documental, en mi criterio lo considero una joya de la historia musical cubana y de un hombre que se respetaba a sí mismo.
Cuando terminé de verlo recordé una frase que llevo siempre en mis pensamientos. “Dios te ayudará en la tormenta, si no sueltas el timón”.
Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro, más conocido por Bebo, falleció el 22 de marzo de 2013 en Suecia, a la edad de 94 años, sin volver a pisar la tierra que lo vio nacer.

Arte. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-04-23

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