El Sínodo Diocesano de 1680

Julio Pernús

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Coordinador de la Comisión de Estudios de
la Historia de la Iglesia (CEHILA), sección Cuba

La historia es de suma importancia para entender nuestro presente y vislumbrar nuestro futuro. En Cuba no podemos pasar por alto el papel tan importante que ha tenido la Iglesia en la formación de nuestra nacionalidad. Uno de los acontecimientos de mayor significación dentro del pasado eclesial en la Isla es, sin lugar a dudas, el poco estudiado Sínodo Diocesano de 1680.
Entre sus aspectos de mayor relevancia destaca que fue el primero organizado en la diócesis de Cuba. Su principal impulsor fue el obispo Juan Gracia de Palacios y García. Este evento sentó las bases de la Iglesia insular. Es importante aceptar la triste realidad que involucra en ese contexto al clero y el laicado cubano con el proceso de la esclavitud. Por eso no es de extrañar que el sínodo trate en sus libros todo lo referente a la vida y obra del esclavo y el criollo. Es oportuno tener en cuenta que en esa época se emitieron muchas declaraciones con respecto a este flagelo tan inhumano.
Por solo citar algunos ejemplos que ilustren lo dicho antes, en los documentos sinodales se habla de cómo alimentar y vestir al negro africano, incluso se describe la ropa que debía tener. A los amos se les prohibía bajo sanción ejecutar a los esclavos, pero se les autorizaba a castigarlos. En otro documento sinodal, promovido con mucha fuerza por el obispo Gabriel Díaz de Vara Calderón, se hacía explícito la obligación del amo de bautizar a esos hombres y mujeres de sangre impura. “Era entonces contradictorio decir que aquellos seres humanos formaban oficialmente parte de una Iglesia que los trataba como personas de segunda clase”.
Cuando intentemos dibujar esta realidad no podemos olvidar que la sociedad colonial impuso sus principios económicos por encima de los principios evangélicos. Varios Sumos Pontífices han abordado este tema, admitiendo que la ética cristina queda tristemente desplazada aceptando la esclavitud. Además, los reyes tenían, a través del Patronato Regio, un privilegio llamado S4, que les confería la posibilidad de utilizar los documentos sinodales de su conveniencia.
Algo que ilustra la complejidad de lo referido anteriormente es el acápite donde quedaba establecido que a los esclavos había que catequizarlos antes de que salieran a trabajar. ¡Qué gran contradicción para ese mayoral que tenía que hablar de Dios y luego hacer fungir su látigo sobre aquellos convalecientes seres humanos! En otros documentos aparecía regulado que las mulatas y negras esclavas no podían salir de noche a vender nada porque, supuestamente, era el horario referido para realizar sus oraciones. También en los textos estudiados quedaba expuesto que los amos no podían poner a trabajar a sus súbditos en los días de fiesta. Algo que fue siendo relegado de a poco ya que, al final, los hacían ir al campo incluso el domingo. Es de resaltar que no existían templos solo para blancos, aunque en las iglesias se delimitaban los lugares que podían ocupar las personas que no fueran de sangre pura.
Como parte de los frutos del Sínodo se legisló que los dueños no podían llevar semidesnudos a los esclavos en espacios públicos. Además, se les pedía a sus propietarios que les procuraran camas decentes. También a los negros y mulatos se les excluía de los ayunos de carne, debiendo sus dueños siempre procurarle algún alimento. Los curas debían saber si los negros bautizados querían casarse. Por eso quedaba prohibido separarlos, en caso de venta, era obligatorio hacerlo en pareja respetando a su conyugue. Otro asunto espeluznante era el que establecía que los esclavos debían pagar el diezmo por su obligación de cristianos libres. También se dispuso que a los negros y mulatos muertos en ejercicio de su labor, se les llevase a enterrar a la Iglesia. El obispo Fray Evelio de Compostela diseñó un plan para establecer donde deberían enterrar a los esclavos.
El sínodo dedica un espacio importante a todo lo referente a los clérigos y aspirantes, en él se legisla con mucha claridad lo que se debía hacer con aquellos que no fueran puros de sangre. En el siglo XVII la Iglesia aceptó la ordenación de negros y mulatos, “pero en Cuba no tuvimos un presbítero negro hasta 1942”.

Conclusiones:
Este sínodo fue muy criticado por su clericalidad, su factor negativo fue la forma de tratar la esclavitud y el desprecio a las culturas de origen africano. Con el tiempo muchas de las ordenanzas sinodales perdieron su valor jurídico. Es importante resaltar que pese a sus limitaciones muchas de sus ideas venían precedidas del deseo de mejorar la vida del esclavo. Pero, en la práctica solo pudieron ser un breve paliativo para alguna conciencia. Quizá lo que mejor refleja el espíritu dejado por este singular hecho histórico fue “…la lucha que encabezaron dos sacerdotes franciscanos en 1681 en pos de la abolición de la esclavitud”. Con sus luces y sombras hoy podemos asegurar que el Sínodo Diocesano de 1680 es uno de los acontecimientos de mayor relevancia en la historia de la Iglesia católica en Cuba. Por lo que sería oportuno volver a estudiar con profundidad algunos de sus textos originales.

Bibliografía:
http://individuoprotagonista.blogspot.com/2013/07/sinodo-diocesano-y-sociedad-colonial.html - Consultado el 29 de noviembre de 2017
https://books.google.com.cu/books - Consultado el 20 de noviembre de 2017
http://www.hispanocubano.org/cas/cul1c2.pdf - Consultado el 20 de noviembre de
http://www.revistacaliban.cu/articulo.php - Consultado el 22 de noviembre de 2017

Nuestra historia. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-04-23

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