El carbón en La Habana

Sergio R. San Pedro

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El carbón es conocido y usado por el hombre desde los primeros tiempos de su historia, el vegetal se remonta a los primeros asentamientos de estos y el mineral o de piedra desde el siglo XIII, aun cuando su mayor uso es a partir del siglo XIX.
El carbón mineral es un producto fósil, al igual que el petróleo; se encuentra como sedimento en capas entre las rocas y su extracción es difícil dado que es necesario seguir los depósitos hasta grandes profundidades con riesgo para la vida de los mineros y costos en el traslado a la superficie de la mina. Su empleo fue promovido por los ingleses cuando comenzó la industrialización con las máquinas de vapor, a inicios del siglo XIX, ante el temor del daño causado por la tala de árboles para producir carbón vegetal en toda Europa.
Actualmente el uso del carbón mineral está a la baja, por el costo de extracción y daño ambiental causado por su uso en plantas para producir electricidad por lo que las plantas eléctricas han acumulado grandes cantidades del mineral, ante la seguridad de que será prohibido en poco tiempo y una vez terminada la operación de las pocas minas que actualmente producen carbón, será muy difícil que otras sean autorizadas y el carbón mineral, por ser un material fósil, toma siglos en formarse.
Aunque la utilización del carbón mineral en Cuba se remonta a principios del siglo XIX, solo unos pocos historiadores haberlo hallado en Cuba, como lo hacen del cobre, por lo que pensamos que si lo hubo fue en poca cantidad, y que los hallazgos se terminaron.
El carbón mineral usado en Cuba tanto por las plantas eléctricas, locomotoras, fraguas, fundiciones o para producir gas en La Habana, fue importado de varias fuentes.
El impacto producido en Cuba por el carbón mineral será recordado por el inicio del alumbrado público en La Habana mediante farolas de gas, dejando detrás el viejo sistema de las farolas francesas de queroseno o "luz brillante" como le llamamos los habaneros; con ese fin en 1850 se instaló en Tallapiedra, barrio de Jesús María una planta para producir gas a partir del carbón mineral, que al ser calentado en calderas anaeróbicas, sin oxígeno, llamadas retorts, eran capaces de obtener hasta dos quintos del peso del carbón en forma de gas. Este sistema continuo por muchos años produciendo el «gas de la calle», que era suministrado a los usuarios por tuberías (1). Aun cuando el servicio de gas se extendió por La Habana rápidamente, tanto que tan temprano como en 1852 estaba disponible en la esquina de Tejas, el alto costo de instalar las tuberías por las, ahora pavimentadas, calles habaneras, limitó su disponibilidad en las nuevas áreas residenciales, dando uso al carbón vegetal.
El carbón vegetal se obtiene mediante la descomposición de material orgánico, en el caso de Cuba de madera, mediante el sometimiento a altas temperaturas en hornos sin oxígeno, lo que causa un cambio en la composición química y física de la materia vegetal que es irreversible, al eliminar toda el agua y reducir el peso del material en un 75 % y el volumen al 60%.
En varias partes del mundo se usan otros materiales vegetales como la cascara del coco o el aserrín de la madera. El uso de estos residuos facilita que los hornos sean permanentes y el material vegetal es el que es transportado al horno. Terminado el proceso de quema, el carbón es triturado y después prensado en pastillas de distintas formas.
Este carbón fue usado por Henry Ford en la manufactura de automóviles, siendo el término de su uso en esas facilidades mercadeado con el nombre de "KINGSFORD" tan popular en las barbacoas norteamericanas.
En Cuba solo se han usado los troncos de árboles, a pesar del daño causado anteriormente con la poda despiadada de estos para la siembra de caña de azúcar.
La producción de carbón se efectuaba en lugares apartados debido a la gran cantidad de terreno que debía ser talado y el humo causado por los hornos. Estos hornos muy similares, por no decir iguales, a lo largo de toda Cuba. Se construyen tan próximos como fuese posible del lugar de la tala y se forman haciendo un cono de hasta cuatro metros de altura con unos troncos verticales contra los que se van apoyando otros de diversos largos, hasta lograr el ancho de base necesario. Aun cuando la figura de estos hornos podía sugerir que eran criollos, por su parecido con las viviendas campesinas, estaban basados en la costumbre europea que por siglos los habían levantado en la Europa central e Inglaterra.
La elaboración de carbón se realizaba en cualquier lugar donde se encontrara material, dado que el horno debía ser fabricado lo más próximo posible a los árboles que serían talados para facilitar el traslado de la madera. Tan pronto como se lograra situar los troncos, se cubrían estos con paja, hojas de palmas, etc. y sobre estas, tierra hasta sellar el cono de manera que el oxígeno (aire) no entrara en él. Los palos verticales servirían de salida al iniciar el fuego, que prenderían en varios lugares en la base del horno. Una vez prendidos los troncos, la apertura superior y las laterales debían cerrarse para que el fuego continuara sin oxígeno por los próximos días.
Durante la quema el carbonero tenía que vigilar el horno y tapar cualquier apertura que se produjera, so pena de perder su trabajo de varios días.
Usando términos modernos podríamos decir que el carbonero es como un "auto esclavo" o un "esclavo por cuenta propia", porque para cuidar el horno, debe permanecer por varios días las 24 horas junto a este, haber sido leñador además de construir un ranchón donde pasar los días y todo esto en lugares inhóspitos y alejados de los núcleos de población. Los principales centros carboneros han sido la Ciénaga de Zapata o los cayos Canarreos al sur de las provincias occidentales.
Adicionalmente eran víctimas de comerciantes que les «ayudaban», cobrándoles un alto precio por el suministro de materiales de trabajo, alimentos y ropas, al tiempo que eran los intermediarios en la venta del carbón, que les pagaban mal y que, debido a la dependencia de ellos, no podían negociar para obtener mejor paga. Para los que producían carbón en los cayos, las goletas que les visitaban era el único contacto con la Isla y para los que lo producían en la Ciénaga eran los hermanos Sinecio y Ciro Moa, gallegos propietarios del hotel "Dos Hermanos", construido en surgidero de Batabanó con maderas extraídas de la Ciénaga de Zapata.(2)
El carbón tiene muchos usos; como medicinal, para los intestinos; artísticos, en colores e industrial, en filtros; en Cuba solo era usado como combustible y limitada su producción por las llamadas "guías forestales" que regulan la tala de árboles al tiempo que permitía que algunos hicieran fortuna con estas. La calidad del carbón dependía de la dureza de la madera, por lo que los consumidores preferían el carbón de llana o mangle rojo.
El gran centro de consumo del carbón era, naturalmente debido a su población, la ciudad de La Habana, a la que llegaba envasado en viejos sacos de azúcar de 325 libras mediante trenes y camiones.
El material era depositado en grandes centros en las afueras de la ciudad y de estos trasladados a pequeñas "carbonerías" que, según el ordenamiento comercial de la Gran Habana, estaban situadas en las esquinas, compartiendo con las bodegas, farmacias, lecherías, barberías, puestos de viandas, peluquerías y otros servicios para los vecinos de las cuadras próximas. En las áreas fuera de la Gran Habana, o repartos, la venta se hacía mediante carretones tirados por mulos o pequeños camiones, dado que el carbón es más volumen que peso. La venta al detalle del carbón de hacía por volumen, por lo que cada carbonero tenía un cubo metálico (almud) con el que determinaba el importe de la venta. Algo que llamaba la atención era los monederos usados por los carboneros, que eran de cuero, negro, con una tapa y un solo botón de cierre, para facilitar su manipulación con una sola mano sucia del carbón; la mayoría de las ventas eran pagadas con monedas por su bajo importe (entre 10 y 30 centavos).
Las estufas o «cocinas» de carbón eran parte de la residencia, aun cuando también las habían de madera y portátiles. Las que formaban parte de la residencia eran una losa de hormigón recubierta de azulejos, con las aperturas necesarias para la colocación de las hornillas de hierro fundido, con una «campana» sobre estas para la salida del humo y otra debajo para recolectar las cenizas del carbón. Entre las hornillas había una algo mayor, hueca y con tapa, donde se iniciaba el trabajo diario, construida de forma que el agua que circulaba por esta hornilla se calentara y subiera por ley física a un tanque colocado en lo alto de la pared, de manera que toda la casa, ducha y fregadero, usara agua caliente.
Al terminar las labores de la cocina, en esa hornilla se colocaban las llamadas "tortas" manufacturadas con el cisco del carbón y tierra, de lento fuego, para mantener el calor por varias horas. Como La Habana nunca disfrutó de agua abundante, tanto la recibida del acueducto como la caliente debía ser racionada, el sistema funcionó, siendo el sistema una primicia en la cogeneración.
La mayor demanda del carbón y su alto precio fue durante la II Guerra Mundial, por no estar disponible el queroseno y solo el alcohol podía sustituir al carbón o la electricidad como fuente de energía.
La llegada de los gases butano y propano, distribuidos en tanques, puso fin al uso del carbón en las cocinas habaneras, aunque muchas abuelas continuaron diciendo que los frijoles sabían mejor cuando eran cocidos en carbón. El carbón vegetal, por ser producto nacional, fue distinguido hasta en sus últimos residuos pues en el vernáculo habanero, la "escoria" era el más bajo nivel social, mientras que la "ceniza" era significado de pobreza.


(1) Vivido ayer. Ediciones Universal
(2) Del misterio a la realidad. Grupo de Comunicación. Galicia

Nuestra historia. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-04-09

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