Cruzada cívica contra el ruido y su repercusión en Pinar del Río (1948-1951)

por: José Antonio García Gutiérrez

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Al concluir en mayo de 1945 la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de las industrias de los países beligerantes, que habían orientado su producción en función de los intereses militares, se reincorporó a la fabricación de bienes de consumo para satisfacer la creciente demanda que representaba la vuelta a la normalidad de las condiciones de vida de la población. Esto trajo como consecuencia que, al cabo de poco tiempo, se produjera una gran proliferación de los más disímiles equipos y aparatos para variados usos, especialmente eléctricos y de combustión interna, que se propagaron, sobre todo, por el entorno urbano, provocando un aumento considerable de los niveles de ruido a que eran sometidos sus habitantes.
En Cuba la situación descrita se hizo más evidente en la capital del país y otras ciudades importantes, donde era mayor el poder adquisitivo de los pobladores, lo que trajo por consecuencia que surgieran reacciones de personas e instituciones que expresaron su preocupación por el aumento desmedido de los niveles sonoros y su repercusión negativa en la sociedad.
En la ciudad de Pinar del Río los primeros indicios de protesta contra la situación creada por el exceso de contaminación sonora se materializaron en la prensa provincial desde inicios del año 1948, correspondiendo al semanario Heraldo Pinareño el mérito de acoger en sus páginas estas acusaciones. De uno de estos trabajos precursores se reproducen algunos párrafos por el interés que despierta la forma en que el periodista describe la situación creada:
“Da gusto ver la ufanía de esos choferes «metiendo la pata al carro», como dicen ellos, por esas calles pinareñas, levantando a la par que una nube de polvo y basura, un ruido ensordecedor y demoníaco que hace al buen vecino y peatón maldecirlos, en lugar de compadecerlos por la gasolina que les falta.
“(…) Y en verdad que suenan bonito y alto: que hablen sino esas calles pendientes, destinadas a subir solamente que, como Máximo Gómez, parecen estremecerse, bajo el peso y el ruido de un arrogante diez ruedas que las surca, desafiante y sonoro, con la sonoridad de las Fortalezas Volantes. Pero aún hay más. Al ruido de por sí intenso, añádase el que produce el radio y el de la discusión política del driver con su ayudante, todos en tono mayor, para no ser eclipsados por el mofle roncante y desconsiderado, que el policía de la esquina, insinuado por Grau, disimula porque, a lo mejor no está en la esquina”. (1)

CAMPAÑA CONTRA LOS RUIDOS INNECESARIOS
En el anterior y en otros trabajos sobre el tema, publicados en 1948 en el periódico provincial Heraldo Pinareño, se establecía una diferencia entre los llamados ruidos necesarios o beneficiosos, derivados del proceso de modernización y desarrollo de la técnica, de los innecesarios o perjudiciales, que no tienen otra finalidad que molestar a las personas. Entre estos últimos, se hacía alusión a dos fuentes de ruido recién surgidas en la capital vueltabajera: la propaganda comercial realizada por carros con altoparlantes anunciando indistintamente los programas de los cines y los precios bajos de alguna tienda popular, y las victrolas tocadiscos, que comenzaban a proliferar en bares y cafés. (2)
Otras causas de ruidos innecesarios que eran frecuentes en esa época en la ciudad, de las cuales algunas se mantienen hasta la actualidad, eran la ensordecedora ráfaga de cohetes, tiros, voladores, etc. en horas de la noche o de la madrugada para festejar cualquier acontecimiento, y la música escandalosa y de mal gusto, sobre todo en horario nocturno, sin que se hubiera tratado de ponerles coto a pesar del daño que ocasionaban.
En relación con los ruidos provocados por el transporte que circulaba por la ciudad, se hacía mención al abuso por los choferes de los cláxones y bocinas y los ruidos de motores de camiones que, a pesar de estar terminantemente prohibido, circulaban por la ciudad, en muchos casos con velocidad excesiva.
En otro trabajo publicado se expresaba: ” (…) Y por si esto fuera poco, últimamente se puede observar en cualquier calle céntrica o sitio público, como después de las diez de la noche, se reúne cierto número de individuos y bien ebrios o en otro estado de descomposición moral, se conducen en forma grosera, pronunciando palabras obscenas y dando gritos estentóreos, que tiene en constante alarma y sobresalto a la población entera”. (3)
Un tema que no podía faltar en la cruzada que se libraba contra los ruidos perjudiciales, a través del mencionado periódico pinareño, se refería a la responsabilidad de las autoridades en hacer cumplir lo establecido, lo que mantiene absoluta vigencia en nuestros días. De un trabajo publicado a principios de 1949, se extrajo el siguiente párrafo:
“(…) El Señor Jefe de la Policía conoce perfectamente o debe conocer el Código de Defensa Social, donde se imponen sanciones a todo el que ocasione los ruidos innecesarios o infrinja en alguna forma sus preceptos y es exigiendo a sus subalternos en forma enérgica, cómo de seguro erradicará para siempre esas molestias que ya han tomado caracteres alarmantes en nuestra sociedad”. (4)

CREACIÓN DE LA LIGA CONTRA EL RUIDO
A mediados del año de 1948, tuvo lugar en La Habana un importante acontecimiento: la creación el 30 de junio, por iniciativa de la Sociedad Cubana de Ingenieros, de la Liga contra el Ruido (5), quedando electo como Presidente el ingeniero Juan Manuel Planas, quien también desempeñaba ese cargo en dicha asociación profesional. Al poco tiempo contaba con el apoyo de más de cincuenta instituciones y entidades, entre ellas Veteranos, Academias, Cámaras de Comercio, Colegios Profesionales, Sociedades Cívicas y Culturales, Leones, Rotarios, etc., así como numerosas personalidades que también se sumaron, según refleja la prensa de la época.
Alrededor de un año después, aparece reflejada en la edición del 29 de junio de 1949 de Heraldo Pinareño, en una nota informativa titulada “Liga contra el Ruido”, la creación de la filial provincial, aunque sin precisar la fecha exacta ni el lugar donde se produjo el hecho:
“Organizada por la Sociedad Cubana de Ingenieros, ha quedado constituida en esta ciudad una filial de la Liga contra el Ruido, designando la Junta Directiva siguiente:
Presidente: Manuel Felípez, Jr.; Vice-Presidente: Fermín Ferro; Tesorero: José I. Mendoza; Secretario: Teatino Camacho
Vocales: Blanca Quintero, José A. Figarol, José Pérez Hernández, Carlos F. Mendoza, Edmundo Alemany, Martha Tejidor, Pilar P. Gandarilla, Arsenio Carmona, Ángel González, J. Moisés González y Juan J. Herrera”.
El presidente electo era el propietario de la conocida tienda por departamentos El Fuego, mientras el vicepresidente lo era de la Policlínica Los Ángeles, ambas ubicadas en la ciudad de Pinar del Río. Completaban la Junta Directiva profesores del Instituto de Segunda Enseñanza y de la Escuela Profesional de Comercio, periodistas, dueños de establecimientos comerciales y personas de otras ocupaciones.

SOBRE LAS ACCIONES EMPRENDIDAS POR LA LIGA CONTRA EL RUIDO
A partir de la creación de esta asociación cívica, el tema central de los trabajos publicados en Heraldo Pinareño fueron las acciones emprendidas por la Liga contra el Ruido, sobre todo en la capital del país. En un escrito titulado “De la Liga contra el Ruido”, se hacía referencia a noticias desalentadoras, tanto de la capital como de provincias, sobre la aplicación del Decreto 869 sobre los ruidos, promulgado en esa época. En las quejas se mencionaba que las victrolas que se quitaban eran las que no estaban inscritas, es decir, que no pagaban los arbitrios municipales. Las otras se quedaban aunque molestaran y aunque estuvieran en zonas escolares, culturales y sanitarias. También se planteaba que los altoparlantes continuaban aumentando en número y volumen, siendo la cuestión que pagaran.
En lugar de ruidos innecesarios y molestos, comienza a hablarse de ruidos dañinos a la salud de las personas, como si fueran drogas prohibidas, considerando a sus autores como “simples delincuentes o criminales”. En este sentido, tuvo una gran repercusión una conferencia impartida el jueves 2 de junio de 1949 en la Academia de Ciencias de La Habana por su Secretario, el doctor Raimundo de Castro y Bachiller, Profesor de Medicina Legal y de Toxicología de la Universidad de La Habana, quien
“(…) ilustró al numeroso y selecto auditorio sobre «El ruido y su problema sanitario», demostrando lo dañino de victrolas, radios en alta voz, alto-parlantes, voladores, cláxones, etc., y de cómo sus estridencias son causas de exasperación, de locura y hasta de muerte”. (6)
Dicha conferencia, en número de cincuenta mil ejemplares, se distribuyó entre autoridades, legisladores, magistrados, jueces, ejército, policía, corporaciones, profesionales, etc.
Unos tres meses después el periódico recibió, por mediación del Dr. Teatino Camacho, una nota redactada por la Liga contra el Ruido, que no salió publicada íntegramente por un error tipográfico, donde se elogiaba la actitud de un grupo de vecinos a quienes molestaba una victrola. Por su evidente interés, se reproduce el fragmento publicado:
“La Liga contra el Ruido tiene conocimiento de que en días pasados, y por denuncia de 35 ciudadanos, inspirados en el más acendrado civismo, fue llevado ante el Correccional de la Sección Cuarta de La Habana, el caso de una victrola que desgarraba al aire con sus alaridos, perturbando el trabajo y el sueño de los vecinos desde un bar situado en la Calzada de Ayestarán. El señor multó al infractor con una pequeña cuota, pero le advirtió que si lo denunciaban de nuevo, se vería precisado a mandarle quitar el aparato. En el juicio comparecieron, entre señoras y caballeros, 25 de los denunciantes”. (7)
Un trabajo sobre la visita realizada el 27 de noviembre de 1950 por el Presidente y el Secretario de la Liga contra el Ruido al Ministro de Gobernación Dr. Lomberto Díaz Rodríguez, fue el tema de un trabajo publicado en el Heraldo Pinareño, casi al finalizar el año 1950. El mismo está recorrido de principio a fin de un optimismo contagioso, como se aprecia en los siguientes párrafos:
“Hablaron de lo que se ha hecho, y se hará, para que el dragón maléfico del ruido vuelva a su guarida, y el respeto a las ciudades y a los pueblos del territorio nacional. En presencia de sus visitantes, el Ministro dictó la orden de suprimir los amplificadores de las orquestas al aire libre.
“(…) Se trató, entre otras cosas, de la supresión de gallos y perros que alborotan de noche en las zonas urbanas, no dejando dormir al vecindario. Las victrolas que están cerca de centros escolares y culturales, benéficos y sanitarios, van a ser suprimidas, cumpliéndose así el Decreto 869, que en cerca de dos años de existencia no se había cumplido. Los cláxones y trompetas de los vehículos motorizados, incluyendo las bicicletas, deben desaparecer de la circulación ya que son la representación genuina de la falta de educación de sus dueños.
“Sin distinción de doctrinas políticas, y solamente pensando en el bien de Cuba, deben las víctimas del ruido, que hasta ahora han sucumbido ante la maldad y los intereses mezquinos de algunos, agruparse en derredor de la Liga para hacer mayor y demostrar mejor el agradecimiento de todos por la obra de saneamiento moral que realiza el Dr. Lomberto Díaz, Ministro de Gobernación. (8)
La última información hallada por el autor sobre el tema en el Heraldo Pinareño corresponde a mayo de 1951, también publicada bajo la rúbrica De la Liga contra el Ruido, donde se consigna al final explícitamente la autoría de la Filial de Pinar del Río:
“La Liga contra el Ruido ha estado a la expectativa durante varios meses. No habiendo podido el señor Ministro de Gobernación cumplir el programa que se había impuesto, vuelve la Liga a la trinchera para seguir luchando por su ideal, en pos de un ambiente más tranquilo. (…) Las victrolas han disminuido en uno por ciento, pero las que quedan siguen atronando el espacio, con sus ruidos ensordecedores y reinan todavía en las cercanías de Hospitales, Clínicas, Asilos, Centros Escolares y Culturales. Y en cuanto al abuso de cláxones y bocinas del tránsito, las calles parecen todavía, quizás más que antes, arrabales del Infierno de Dante”. (9)

CONSIDERACIONES FINALES
El período que abarcan los trabajos publicados en el periódico provincial Heraldo Pinareño se extiende desde el 2 de febrero de 1948 hasta el 9 de mayo de 1951, con un total de 15 trabajos, de los cuales 8 correspondieron al año 1949. (10)
El autor desconoce el verdadero final de esta cruzada cívica contra el ruido, aunque no es difícil imaginarse que con el empeoramiento de la situación política nacional, que derivó finalmente hacia el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, se desvió la atención pública hacia otros problemas más acuciantes. Al mismo tiempo, el brusco reemplazo del aparato gubernamental anterior rompió los limitados vínculos y compromisos que se habían logrado durante el breve período de actuación de la Liga contra el Ruido, la cual se acercaba a cumplir los cuatro años de su creación.
Debe señalarse que la mayoría de los trabajos publicados en la primera parte del período señalado no se circunscribían a brindar solo información sobre la llamada Liga contra el Ruido, fundada en La Habana el 30 de junio de 1948 y un año después en Pinar del Río, sino que constituían serias denuncias contra la propagación de variadas fuentes ruidosas, algunas propias de esa época y otras que persisten hasta nuestros días, ocasionando un considerable efecto negativo sobre la sociedad.
Esta problemática se refleja en la actualidad en las numerosas denuncias que realiza la población en las secciones de opinión de la prensa escrita, así como en los trabajos dedicados a este tema que constantemente aparecen en los medios de divulgación, donde se evidencia que, a pesar de los instrumentos legales disponibles, los resultados del enfrentamiento a este mal distan bastante de garantizar una verdadera tranquilidad ciudadana.
Sirva el presente trabajo de recordación y agradecimiento a todos los que, de una forma u otra, se involucraron en esta cruzada cívica, con independencia de la ideología que profesaron y de la actitud que hayan asumido ante los nuevos retos que les impuso el destino de la nación cubana.

Referencias
1. “Mucho ruido y poca autoridad” por Simón Hernández Padrino. Heraldo Pinareño, 19-2-1948.

2. "La campaña contra los ruidos innecesarios” por Roberto Herrera Rodríguez. Heraldo Pinareño, 29-7-1948. El autor era un aventajado alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.
3. “Los ruidos innecesarios” por A. Escobar. Heraldo Pinareño, 18-12-1948.
4. “Nuestros puntos de vista por A. Escobar. Heraldo Pinareño, 8-1-1949.
5. En esa época era muy común la utilización del término en denominaciones como Liga de Naciones, Liga contra el Cáncer, Liga contra la Ceguera, aunque en la actualidad su empleo se ha reducido.
6. “De la Liga contra el Ruido”. Heraldo Pinareño, 7-7-1949.
7. “Complaciendo una petición” por A. Escobar. Heraldo Pinareño, 15-10-1949.
8. “De la Liga contra el Ruido”. Heraldo Pinareño, 23-12-1950.
9. "De la “Liga contra el Ruido”. Heraldo Pinareño, 9-5-1951.
10. Debe señalarse que los números del primer semestre de 1950 no estaban disponibles en el Archivo Provincial en el momento de la búsqueda.

Nuestra historia. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-04-02

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