De años y de nombres


Página principal
 


     

“Historiar es juzgar,
y es fuerza para historiar estar por encima de los hombres,
y no soldadear de un lado de la batalla”.
José Martí
O.C, t. XIV, p.399

Bar-Cafetería Venecia, frente al parque Martí en Pinar del Río, un día x; frente a la reducida oferta unos «usuarios», mayormente jóvenes, beben y alaban en voz ALTA un video clip que se reproduce en un «pantalla plana» bastante grande instalado en la pared frente a la barra, ¿Qué se muestra en él? Un grupo local de reggaetón a cuyo ritmo se mueve —con gestos que dejaron atrás lo sugestivo para ser porno— un grupo de criollitas de físico notable y escasa ropa precisamente en el parque que está al frente, fácilmente reconocible por su estructura pero donde, además, en diversos ángulos de la cámara se aprecia la figura tutelar de quien en su momento dijera “Nada logran las tareas de los hombres cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer”.
Parque de la Independencia, noche del 27 de enero; un grupo de estudiantes de espera la «orientación» para unirse al Desfile de las Antorchas que comenzará sobre las 10:30 pm; mientras, escuchan de un contemporáneo reproductor, a volumen nada discreto, a un ídolo del trap; cuando se les pregunta si conocen “El mambí” o “El Mayor” —piezas más acordes con la ocasión— luego de observar al interlocutor para, evidentemente, no caer en la falta de respeto con alguien que quizá esté «inspeccionando la actividad» responden que por ahí no han visto a ningún militar y de cuál mambí se pregunta.
Últimas jornadas del año 2017. La Asamblea Nacional del Poder Popular, después de varias sesiones sobre temas diversos, acuerda que el año 2018, en lugar de recordar el siglo y medio del iniciador “Grito de Yara” mantenga la «tradición» y reciba por nombre el del tiempo que transita en lugar del que históricamente cumple la Revolución de 1959.
Ajustándonos al espacio tomemos los cinco últimos años y valoremos: En 2014 se conmemoró el 140 aniversario de la caída de Carlos Manuel de Céspedes en San Lorenzo; no fue sólo la caída del Padre de la Patria, era una ocasión propicia para reflexionar sobre los peligros de la fragmentación y sobre todo del empecinamiento y el dejar pasar; sin embargo… fue el “Año 56 de la Revolución”.
2015 a su vez estuvo lleno de conmemoraciones: fue el 145 Aniversario del Incendio de Bayamo, de la Constitución de Guáimaro y de que esta aboliera la esclavitud, pero además se cumplían 120 años del Manifiesto del Partido Revolucionario Cubano al pueblo de Cuba, además del Manifiesto de Montecristi, de la caída de Martí en Dos Ríos, del inicio de la Invasión, de la creación del Himno Invasor y de la singular batalla de Mal Tiempo; pudo haber sido el “Año Mambí” pero… fue simplemente el “Año 57 de la Revolución”.
Para continuar podemos recordar que en el 2016 se conmemoró la culminación de la Invasión de Oriente a Occidente, hecho mayúsculo de nuestra Historia que aún se estudia e investiga por su significación y ejemplo estratégico no solo en nuestro país sino en importantes academias militares internacionales y que estuvo sostenida después por heroicos desempeños de Gómez en Las Villas y de Maceo en Vueltabajo donde encontró la muerte el 7 de diciembre, actuación y figura que por sí sola bastaban para definir un año que quedó como “Año 58 de la Revolución”.
Curiosamente en 2017 se conmemoraron 125 años de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, suceso señalado como aporte del Martí al proceso independentista al establecer un partido para organizar y dirigir la contienda y oficialmente señalado en muchas ocasiones como ilustre antepasado del actual Partido Comunista de Cuba, no obstante ese año, para «seguir la costumbre» sencillamente fue el “Año 59 de la Revolución”.
Pero lo más significativo sucede este año cuando se celebra nada menos que ¡el 150 aniversario del Grito de Yara! El hecho que dio inicio al largo proceso de luchas por el que nuestro pueblo lo dio todo por la independencia que desde su inicio expuso la fuerza de la idiosincrasia nacional cuando desarrolló la primera carga al machete que además de mostrar que se lucharía con lo que se tuviera a mano dejó muy claro que aunque los jefes provinieran de familias acomodadas los combatientes serían los humildes que regarían con su sangre los campos y que ambos, ricos y pobres, lo entregarían todo a la hoguera de la libertad para alcanzar la independencia como lo atestigua el Himno Nacional que también cumple 150 años. Estos datos justifican más que suficientemente que este fuera el año del 150 aniversario del inicio de la lucha por la independencia —u otro nombre afín— sin embargo será tan solo el “Año 60 de la Revolución”.
Pudiera argumentarse que durante estos 12 meses los medios de difusión masiva abordarán la significación de los hechos y sus héroes, es lógico que lo hagan, pero lo que les da significación es lo colectivo; para nadie es un secreto que por diversas razones la prensa escrita en nuestro país no tiene el alcance que debiera y que los demás medios de difusión tampoco muestran, en su percepción colectiva, muchos seguidores de sus espacios informativos e históricos, aplastados por los recursos de las nuevas tecnologías que divulgan series, películas y música de dudoso origen y calidad. Paralelamente la convulsa situación política que atraviesa el mundo y los complejos problemas nacionales con los que día a día tenemos que convivir, dedican mayor cantidad de espacio en esas vías de comunicación a esos temas por el concepto predominantemente “formativo” que se les ha asignado donde lo “informativo” es puntual y muy bien determinado.
Es norma en nuestros centros de enseñanza —de cualquier nivel— que al comenzar su clase todo maestro o profesor situé en la esquina superior derecha del pizarrón la fecha correspondiente acompañada del nombre del año, desde ese modesto rincón la sencilla alusión al inicio de nuestras gestas emancipadoras rendiría un modesto pero sustancial homenaje y brindaría más posibilidades para integrar nuestro heroico pasado a este esforzado presente; sin embargo la identificación con ese “año siguiente” es intrascendente.
De igual modo el gesto de que esa Asamblea Nacional del Poder Popular, es decir la que da voz a los ideales de un pueblo, asuma una tradición republicana que con sus aciertos y errores ha transitado también ese siglo y medio, sería más POPULAR que ese hábito acomodaticio de agregar un “año más” en la conmemoración de otro año que comienza a transitar pero que no será aniversario hasta que no comience el otro.
Si queremos formar generaciones que continúen las tradiciones patrias ¿por qué seguir nombrando los años por un proceder tan simplista que sólo potencia los protagonistas de hoy? ¿por qué insistir en eso si en la actualidad salvo las pizarras docentes y la primera página de los periódicos acogen ese nombre, pues en las páginas interiores de los órganos de prensa, las declaraciones oficiales del Estado y la principal publicación legal, La Gaceta Oficial, acogen la fecha sin ese nombre que otros países no practican?
¿Por qué no nombrar los años solamente cuando conmemoran hechos de genuina trascendencia en nuestra Historia?
Contextualicemos una frase del filósofo inglés Thomas de Quincey que si de algo sabía mucho era de buena educación y posteriores deformaciones: “Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse”.

28 de enero, natalicio de José Martí.

Editorial. Revista Vitral No. 129, Año XXIV, Enero- Marzo de 2018

2018-03-26

Otros artículos...