Predicar en la Cátedra de san Pedro: Responsabilidad y oportunidad

Tomado de: http://elcleroreflexiona.simplesite.com

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Presidir una Eucaristía Solemne y predicar en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro en Roma, durante la Fiesta de la Transfiguración, fue sin lugar a dudas, una responsabilidad, una oportunidad y un honor para este sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá.
Luego de un diálogo sobre la mística, el silencio, la mediación y la contemplación, con un grupo de monseñores, sacerdotes y religiosos; Monseñor Francis, encargado de las celebraciones en la basílica de san Pedro, me invitó a presidir la Eucaristía, en dos ocasiones: En la memoria de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor y el domingo, Fiesta de la Transfiguración del Señor*. ¿Qué mejor oportunidad para hablar, ante una inmensa asamblea venida de tantas partes del mundo, de la experiencia de Dios, de la oración contemplativa y de la Escuela de Contemplación que nuestro Arzobispo inauguró hace año y medio en la Arquidiócesis de Bogotá?
"¿Cómo podemos tener hoy esta experiencia que han tenido Pedro, Santiago y Juan? Para responder a esta pregunta acudamos a los que verdaderamente saben: Los místicos cristianos, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Maestro Eckhart, los Padres del Desierto, San Agustín y tantos otros." Porque, lejos de buscar definiciones teológicas, que no siempre invitan a la experiencia viva del Señor, nuestros místicos nos ofrecen un camino práctico y existencial que es accesible a todos en la actualidad; de esta manera introduje la meditación de la Palabra.
El coro y el sonido del órgano que inundó la basílica, dispuso nuestros corazones para poder señalar que "San Juan de la Cruz dice que aquella experiencia de los discípulos la podemos tener en el camino de subida al Monte Carmelo, camino de contemplación, porque la contemplación es la oración más encumbrada, donde nuestra alma se une, movida por el amor, a la presencia inefable de Dios, que permanece dentro de nosotros...". Sin lugar a dudas un camino al que todos estamos llamados a recorrer, con mayor o menor dificultad, pero siempre con abandono y entrega amorosa. Por esto animé a la asamblea a sentarse, cerrar los ojos y hacer de su respiración un instrumento real de oración, en silencio.
La mente no comprende y nuestra naturaleza, estimulada por la cultura, aferrada a los discursos, a los conceptos, a las imágenes y a las sensaciones, no puede saber de qué se trata; por eso se entra en una nube... "Otro místico, el escritor de la «Nube del no saber», nos dice que este encuentro es como llegar dentro de una nube, porque nuestra mente no logra comprender el Misterio del Señor, y nuestros sentidos no logran advertir ninguna cosa, para que las potencias del alma permanezcan recogidas".
Tan solo una semana antes, concluía en Ávila un Congreso sobre "Mística Teresiana y diálogo interreligioso", al que fui invitado, con mi escrito El Castillo Interior, Guía práctica para Itinerantes. Allí se habló de cómo esta práctica de la contemplación es propia de la espiritualidad católica que buscamos recuperar, en el que los doctores carmelitas, Juan y Teresa, se convierten en verdaderos maestros. Como participantes en ese congreso quedamos en la grave responsabilidad de abrir más puertas para que nuestra religiosidad sea cada vez más profunda a través del ofrecimiento de prácticas contemplativas, que siempre concluyen en la entrega generosa del cristiano. Estas celebraciones en la Basílica de San Pedro, fueron nuevamente, una oportunidad para hacerlo.
"Nuestro cuerpo participa con su quietud y nuestra manera de entrar sea tal vez repitiendo una pequeña palabra, «Jesús» o «Abbá», indiqué como práctica concreta, y luego de citar a los Padres del Desierto, que dicen «corramos confiados y alegres, allí donde Cristo nos llama, entremos en la nube, convirtámonos en los discípulos elegidos e iluminados por Cristo, escuchemos lo que su misteriosa voz silente nos dice... y solo elojo de la fe puede verlo»... me propuse invitarlos a que abrieran más Escuelas de Contemplación en todo el mundo, para aprender del silencio interior, sin temor alguno, como lo hizo nuestro Arzobispo de Bogotá, el cardenal Rubén Salazar".
De hecho, concluí la homilía agradeciendo al Señor, que nuestro Arzobispo comprendió este camino, y él mismo inauguró, con esta forma de oración, una Escuela de Contemplación, en nuestra Arquidiócesis.
De esta manera, comparto con ustedes, mis hermanos en el Ministerio, esta maravillosa oportunidad y gran responsabilidad; por eso hablé desde los místicos. Finalmente reconozco que fue un honor, más aún, cuando estoy celebrando mis Bodas de Plata Presbiterales. También por eso, llevé a mis hermanos presbíteros conmigo en esta celebración —inolvidable— para este indigno ministro del Señor, que ha sido mirado con misericordia.

*Si está interesado en las dos homilías puede escribirme, para traducirlas al español.
Víctor Ricardo Moreno Holguín, Pbro.
Director - Escuela de Contemplación .S.A.L.M.O.S.
Arquidiócesis de Bogotá

Religión. Revista Vitral No. 128, Año XXIV, Octubre- Diciembre de 2017

2018-03-12

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