Los magos de Oriente

por: Jorge A. Núñez

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Siempre me resultó curioso ese texto, central para la Iglesia en la fiesta de la Epifanía: los magos de Oriente buscan al rey de los judíos, siguiendo una estrella. Dios se manifiesta a otros pueblos de la Tierra, no sólo a Israel. Los magos estaban atentos al cielo, por eso advirtieron la estrella. A pesar de los estudios y las especulaciones, los datos que aparecen en las Sagradas Escrituras son insuficientes para comprender más la identidad de estos misteriosos personajes.

Lo que más me preocupaba era el asunto de la Astrología. Aunque no dice la palabra, es fácil asociar el término por el contexto. Los astrólogos en la antigüedad, y hasta en el presente, se dedican al estudio de la relación de las estrellas con aspectos de la personalidad o el destino del ser humano. Se trata de una pseudociencia, pues no existe ninguna evidencia científica que pueda vincular las constelaciones con esferas tan complicadas, al punto de permitir la predicción de las inclinaciones, los gustos o los eventos de cada día. De hecho, las constelaciones son generalmente apreciaciones visuales, pues en la realidad las estrellas que las forman guardan distancias inmensas entre sí. No obstante, hay que reconocer que la Astrología constituyó el cimiento de la Astronomía.

La Astrología en la actualidad comercia simplemente con el destino de las personas, es toda una industria. A nivel mundial la gente consulta el horóscopo para comenzar una relación amorosa, para emprender un negocio o hacer un viaje. En ocasiones se hace de forma inocente y hasta de juego. Puede ser que veamos cuán parecidos somos en realidad a lo que dice nuestro signo de nosotros. Se dice tanto de cada signo que siempre en algo se acierta, o quizás exista en nosotros una inclinación a asemejarnos a lo que dice el signo, simplemente porque nos gustaría que nos vieran de esa manera. Pero otros lo pueden tomar muy en serio y rigen su vida por lo que, según los astrólogos, definen las estrellas para nosotros, y ya eso es mucho más complicado, pues la libertad fundamental del ser humano tiene su origen en Dios, por eso supera a toda la naturaleza sensible y no puede ser determinada por ningún objeto creado.

La libertad del ser humano sigue siendo algo problemático. Es una tentación hacer dejación de ella a favor de los grandes líderes políticos, de las ideologías, del mercado… o de las estrellas. Es cómodo esperar que alguien nos diga lo que podemos hacer. La indeterminación puede ser una fuente de angustia en las sociedades modernas, cuando no se comprende que la libertad no es un fin en sí misma, sino un medio para nuestro crecimiento como personas en el camino a la santidad. Y en la fe cristiana, libertad y verdad van inextricablemente unidas. En el evangelio de San Juan, Jesús nos dice que la libertad nos hace libres.

La astrología existió en todas las civilizaciones antiguas, con diferentes matices, y esto obedece a un hecho muy simple: no veían que hubiera una diferencia radical entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Los dioses formaban parte de la misma realidad, estaban inmersos en ella. La historia era vista en ciclos, como el retorno de las estaciones.

Solamente el pueblo de Israel, que ni siquiera constituyó una civilización, tenía una visión diversa, en virtud de la Revelación. Constituyó el primer pueblo con una noción lineal de la historia, disímil al resto de lo creado, y descubrió en ella, a través de la voz de sus profetas, un sentido escatológico que remite al Autor de todas las cosas. El Dios de Israel era absolutamente trascendente, estaba por encima de todo lo visible. Para la nación elegida primero estaba Dios, con sus ángeles, después el ser humano, y todo lo demás quedaba en otro plano inferior. Los antiguos israelíes no divinizaban ningún elemento de la naturaleza, pues todo era hecho por el Creador. De hecho, las estrellas en el libro del Génesis son nombradas casi despectivamente “lumbreras”. Y como algo creado al fin, no merecían una atención especial.

¿Pero acaso la mención a los magos no podría constituir una forma de avalar o justificar la Astrología? ¿No podría ser un estímulo para seguir a un elemento surgido desde una cosmovisión diversa a la judeocristiana?

La respuesta me llegó de Santo Tomás de Aquino. El Doctor Angélico, desde el siglo XIII, continúa sorprendiendo. No en balde ha sido continuamente recomendado por el Magisterio de la Iglesia. El poder de su intelecto, la profundidad de sus análisis y su amor por la verdad hacen que su obra trascienda. Los bramidos de este buey mudo, como alguna vez fue caracterizado, son capaces de estremecer a cualquier ser humano que busque la verdad, sin importar la época. Y como era propio del ejercicio que hacía de la inteligencia, usaba los aportes de otros pensadores, establecía con ellos un diálogo fecundo, pues sabía reconocer en ellos el germen de lo verdadero, sin importar que pertenecieran a la tradición clásica helénica, sobre todo Aristóteles, o pensadores cristianos como San Agustín.

En la Suma Teológica, en una de las cuestiones, afirma que la estrella que reveló el nacimiento de Cristo eliminó toda ocasión de error. Como escribe San Agustín en Contra Faustum, ninguna clase de astrólogos estableció el destino de los hombres que iban a nacer por las estrellas, de tal manera que aseverasen que, nacido un hombre, una estrella abandonase su curso y se dirigiese a aquel que había nacido, como sucedió con la estrella que manifestó el nacimiento de Cristo. Y por tanto, con esto no queda confirmado el error de quienes piensan que la suerte de los hombres que nacen está vinculada a los astros, pero que no creen que el orden de los astros pueda alterarse por el nacimiento de un hombre.

Además, según el mismo San Agustín, Dios se comunica con los magos a través del lenguaje que ellos conocían, que les era propio, es decir, su objeto de estudio, las estrellas, lo que les era familiar. Sólo que esta estrella mostraba un comportamiento peculiar, se movía, indicaba una dirección, alteró su posible lugar en el cielo. Esa estrella no obedece a las nociones conocidas de la Astrología. La Creación misma se transforma para guiar a otros pueblos de la Tierra a contemplar al Niño Dios.

Los magos trataban de buscar honestamente la verdad, aunque lo hicieran de manera equivocada. Es el amor por la verdad lo que provocó que fueran guiados por Dios quien, sin violentarlos, valiéndose de elementos naturales que intentaban comprender, les llevara a contemplar la Verdad misma. Esa misma búsqueda auténtica les hizo reconocer y adorar a este extraño rey quien, en lugar de estar rodeado de lujo, se encontraba en cambio en medio de la pobreza y la humildad, sin más séquito que la Virgen María y San José. El cambio en el camino de regreso de ellos podría simbolizar una transformación en su vida después del encuentro con el Rey de Israel.

Los poderes de la tierra, representados aquí por Herodes, reaccionaron con violencia y crueldad, como es habitual en quienes no ostentan el poder con autoridad, sentido de la justicia y vocación de servicio. En cambio, quienes desearon la verdad salieron enriquecidos de haberla encontrado. Dios se revela a los humildes pastores de Israel y a los magos de Oriente. Estos últimos, en palabras del Aquinate, son las primicias de las naciones, pues el Mesías vino a salvar a la Humanidad, no sólo al pueblo elegido. La Sagrada Familia es el centro donde confluyen miradas tan diversas como la de quienes se dedican simplemente a cuidar el ganado, o los que la mantienen clavadas en la bóveda celestial, escudriñando los grandes misterios. La Epifanía se muestra para nosotros, en pleno siglo XXI, llena de matices y lecturas sorprendentes. Pero ciertamente en ella no existe ninguna justificación para la Astrología. Sigue siendo una invitación a hacer un alto en nuestro camino, para contemplar al Niño Jesús y acogerlo en nuestras vidas.

Reflexiones. Revista Vitral No. 128, Año XXIV, Octubre- Diciembre de 2017

2018-02-05

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