Cuba y los canarios

por Sergio R. San Pedro

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En Cuba los naturales de las siete islas que conforman el Archipiélago Canario, a saber Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura, fueron identificados como isleños desde su llegada a Cuba. Estos llegaron desde el siglo XVII, pero de manera aislada, dedicándose al cultivo de tabaco y a la caña de azúcar y, como el resto de los españoles residentes en la Península, querían nuevas oportunidades de vida, dado que la situación en las Canarias no eran mejor que el resto de España, menos en los alimentos, porque en las Islas se producía suficiente para alimentar a la población.
Por la Real Cédula del Rey Fernando VII, de fecha 21 de octubre de 1817, se autoriza la entrada de "colonos blancos " a Cuba para cubrir la falta de brazos en el trabajo.
Los primeros en llegar fueron jóvenes que realizaron trabajos fuertes, en especial el tendido de las líneas en el ferrocarril de La Habana a Güines. Continuó el ingreso de canarios para dedicarse a los trabajos agrícolas contando con el apoyo del Real Consulado y la Junta de Fomento, basado en el pensamiento español de la época de que "gobernar es poblar", lo que hizo posible que estos pudieran establecerse en zonas agrícolas, pero sin poseer las tierras que trabajaban, lo que motivó que los canarios que estaban en Cuba con anterioridad formaran en 1872 la "Asociación Canaria de Beneficencia y Protección Agrícola" a los fines de ayudar a los nuevos colonos a asegurar la tierra que trabajaban y brindarles otros servicios de beneficencia. Es de destacar que esta Asociación, poco conocida en Cuba, fue fundada al tiempo que los gallegos hacían la suya en 1879.
Dado el poco número de isleños en buena posición económica los logros no fueron grandes, pero sí consiguieron mediante representación un acuerdo con los dueños de centrales azucareros para que estos les entregaran a los colonos dos caballerías de tierra, dos yuntas de bueyes, un carretón y útiles de labranza a pagar a los dos años, con el compromiso de dedicar el 75% del área al cultivo de caña de azúcar, quedando el resto al libre uso, lo que garantizaba la permanencia en el lugar.
La mayoría de los emigrantes procedían de las islas más pobladas, o sea de Gran Canarias, Tenerife y La Palma; dejaron en el campesinado cubano la costumbre de vivir cada familia en medio de la tierra que cultivaba, no agrupados, como era lo usual en la península, en "aldeas" hábito que sus herederos y sucesores continuaron durante la República, causando dificultades para atender la educación y salud de los campesinos.
Otra afluencia de canarios fue la motivada por la pérdida de los territorios continentales, porque al perder la Florida y Luisiana, los canarios prefirieron permanecer en Cuba que ser repatriados a Canarias.
Muchos pueblos cubanos, que con el paso de los años son ahora ciudades, fueron fundados por los canarios, como en las antiguas provincias de La Habana, Matanzas y Las Villas que comenzaron como asentamientos de canarios dedicados a la agricultura y el cultivo de tabaco. Es de destacar la lucha de esos canarios para fomentar la siembra de tabaco en Pinar del Rio, donde las tierras habían sido entregadas para la cría de ganado y cerdos que los beneficiados hacían teniendo a estos animales sueltos, causando grandes luchas entre los vegueros, que ponían su cerca para proteger sus sembrados, y los ganaderos, que estimaban que estas limitaban sus derechos. Para el bien de Cuba, los canarios ganaron la pelea creando las mejores vegas con el mejor tabaco del mundo.
A finales del siglo XIX la llegada de canarios a Cuba se redujo por dos causas, el estado de guerra en Cuba y la necesidad de "quintos" para el ejército español. Esto causó que la Asociación Canaria de Beneficencia y Protección Agrícola, diera por terminados sus servicios.
Con los primeros años de la República regresa la llegada masiva de canarios, ahora con algunos más ilustrados y entrenados en distintas actividades, por lo que el 9 de noviembre de 1906, se funda en La Habana la Asociación Canaria, con la finalidad de contribuir a la asistencia sanitaria, instrucción, recreo y auxilio a sus socios.
Esta Asociación se fundó en la calle Cristo y Teniente Rey en 1911, trasladándose después a varios edificios en Prado hasta que en enero de 1931, ocupó la última planta del Palacio de Villalba, en la calle Egido entre Monte y Dragones; en 1953 se trasladó al segundo piso de Prado 208 entre Trocadero y Colón. Es necesario destacar que esta Sociedad siempre estuvo en locales alquilados, sin construir su "Palacio”, a pesar de contar en 1918, con más de 24,000 asociados en toda la Isla.
Los primeros servicios médicos a sus asociados les fueron prestados, al igual que las otras asociaciones, mediante contrato con las facilidades existentes, como la "Quinta del Rey" o en lugar más céntrico, en Carlos III esquina a Marqués González, hasta que finalmente crearon sus propias facilidades en el "Palacio Carneado" en la calle J y el mar, este edificio fue fuertemente dañado por un huracán, lo que hizo urgente tener nuevas facilidades.
Sus recursos económicos fueron dedicados a la construcción y operación de la Quinta Canaria, construida en la finca “La Mora”, en el kilómetro 7 de la carretera de Bejucal, cuya construcción comenzó en febrero de 1919 hasta terminar los 10 pabellones para las especialidades, 3 edificios para otros usos y una capilla a Nuestra Señora de la Candelaria, Patrona de las Islas Canarias y nombre de las facilidades sanitarias.
La colocación de la primera piedra del hospital conto con 8 piedras, una de cada una de las Islas Canarias y otra de Jesús del Monte, como muestra de unidad. La misa fue celebrada por el sacerdote canario Padre Jose Viera Martín en presencia del Obispo cubano de La Habana.
La terminación de la nueva clínica coincidió con la incorporación de mujeres a la Asociación y por tanto en el hospital, dado que hasta la década de 1930, ningún centro regional admitía mujeres como socias.
El 8 de diciembre de 1946 se celebró en la capilla del hospital el matrimonio del periodista Pablo Álvarez de Caña y la laureada escritora Dulce María Loynaz, ante la imagen de la Virgen de la Candelaria, copia fiel de la que se venera en Canarias. Al dejar de estar la capilla dedicada al culto (1961), la imagen sufrió un largo pelegrinar, hasta que el padre Oscar Perez la restauró y trasladó a su parroquia de Santa Bárbara, uniendo las populares devociones canarias y cubanas.
Al tiempo en que se construían las facilidades del hospital, se fundó una escuela primaria con el nombre de Leonor Pérez Cabrera, en honor a la madre de José Martí.
En la actualidad en Cuba queda menos de un millar de canarios, según el censo del 2007 de la vice consejería de Emigración y Cooperación del Gobierno de Canarias, por lo que el gobierno autónomo de Canarias, para coadyuvar al reencuentro familiar, ha fundado en Cuba una "Asociación Canaria" bajo el control del ICAP.
La identificación de los isleños y los cubanos fue tan grande que al llegar a España en 1960, la pregunta era si éramos canarios, sobre todo si preguntábamos por la "guagua". Ellos tomaron de nosotros el llamar los ómnibus "guagua" y nosotros de ellos el cortarnos el pelo, las uñas y podar las plantas el día de La Candelaria.
En Cuba se decía con frecuencia "me quieres como los isleños, a trancazos" basado en los deportes canarios como el "palo" y la "lucha canaria". La lucha es hacer que los luchadores toquen el suelo con cualquier parte de su cuerpo. El "palo canario "es un enfrentamiento amistoso entre dos jugadores que se golpean o esquivan los palazos. Los palos son de distintos tamaños, grande, medio y chico, con nombres cada uno. Según las leyendas esta práctica tiene su origen en los "guanches”, pobladores originales del archipiélago.
Un caso que identificó canarios y cubanos, más que el gofio de maíz, sucedió el 9 de septiembre de 1919, cuando un ciclón provocó el naufragio del vapor Valbanera que, procedente de Las Palmas de Gran Canaria, con pasajeros y correspondencia naufragó frente a las costas de La Habana, con gran pérdida de vidas.
Si hablamos de canarios sobresalientes en Cuba, nadie como Leonor Pérez Cabrera, madre de nuestro Jose Martí, después debemos nombrar al conocido periodista Luis Felipe Gómez Wangüemert; el hacendado y propietario de varios ingenios Domingo León González, presidente de la Asociación por varios años y quien fuera pieza vital en la construcción de la clínica; también merece ser nombrado el brillante abogado corporativo Tomas Felipe Camacho, fundador y propietario hasta 1960, de las famosas orquídeas de Soroa.

Nuestra historia. Revista Vitral No. 128, Año XXIV, Octubre- Diciembre de 2017

2018-01-03

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