Tanto va el cántaro a la fuente...


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La sabiduría popular —acumulada en milenios de golpes y recuperaciones— junto con el “siempre que llueve escampa”, ha reiterado “guarda pan para mayo y maloja para tu caballo” a los que previsoramente ha agregado que no es conveniente “acordarse de Santa Bárbara cuando truena”.
Vitral no pretende convertirse en un estudio de la Paremiología (rama del humano saber que estudia los refranes y consejas) pero en este número quiere acercarse desde ellos a las duras experiencias que el clima nos dejó el pasado año.
Habitamos un país tropical en una etapa del desarrollo humano marcada por lo que ha dado en llamarse “calentamiento global” por lo que las peculiaridades climáticas han sido alteradas desfavorablemente tanto para los que vivimos en esta franja de territorio ubicadas entre los Trópicos de Cáncer y Capricornio, como para regiones bastante distantes como la fría Irlanda, golpeada por el ciclón “Ofelia”.
Calentamiento global no es más que el eufemismo empleado para referirse a las consecuencias del festinado comportamiento que la Humanidad ha tenido con la naturaleza basado en la creencia de que su actitud consumista solo ocasionaba “daños colaterales” que no perjudicaban la reserva de los recursos naturales y, por tanto, no impedirían su plan de tornarse Dios del Universo.
El criterio de que la condición de homo sapiens implicaba “dominar la naturaleza” y que el más sapiens sería quien construyera la mayor represa del mundo, o el que derribara el bosque más grande para dedicarlo a cultivos, o el que, por vivir en la mayor ciudad del planeta, construyera la más extensa red de alcantarillados que desaguaran en una bahía o en un río que llevara las inmundicias al mar, involucró a políticos de todas las tendencias más interesados en demostrar con el mega despropósito la supremacía de su ideología.
Todo parece indicar que las causas de esta situación permanecerán por largo tiempo y aún si la prudencia humana y la intervención divina hacen reflexionar a los líderes de todos los países sobre la responsabilidad que tienen con ello, sus efectos perdurarán por muchos años.
Pero, a pesar de tantas sequías, heladas, inundaciones y ciclones, los países siguen donde mismo han estado a través de los años y nuestra querida patria se mantiene anclada en este Caribe, que tanto la puede ayudar, pero que también exige atención.
Los últimos acontecimientos indican que el huracán “Irma” dejó una grieta económica muy difícil de cerrar y el anhelado crecimiento del PIB no alcanzará las mínimas cotas esperadas; por tanto, esa misma prudencia y responsabilidad exigen que tanto la dirigencia como los simples mortales que sufrimos las consecuencias, nos ocupemos de tomar las precauciones pertinentes, pues si es muy cierto que no podemos acomodar el clima a nuestros intereses SÍ podemos adoptar las medidas adecuadas para disminuir sus negativos efectos.
No podemos olvidar que al alto precio de lo destruido han de sumarse los costos de la reconstrucción en los que no sólo se incluyen los valores monetarios de los recursos empleados sino también el tiempo empleado en hacerlo que es tiempo no invertido en crear nuevos valores en un contexto nada favorable que abarca la compleja situación política internacional —incluida la difícil relación con Estados Unidos— y los inviolables compromisos financieros que el país mantiene con numerosos acreedores extranjeros.
Si bien es cierto que la solución requiere esfuerzos y sacrificios también lo es que en estos momentos tales palabras, luego de tantos años de escucharlas en lemas y consignas, han perdido peso en el vocabulario del cubano de a pie y no volverán a significar algo hasta que los sacrificados y esforzados habitantes de “la Perla de Las Antillas” no perciban en su día a día resultados con volumen y sabor.
Recuperarnos de los daños y avanzar aun con pequeños pasos es la lógica del espíritu de supervivencia, pero hacerlo sostenidamente solo será posible si ese impulso de recuperación va acompañado de actitudes que tengan en cuenta tanto la Geografía, como la Climatología, la Ecología, la Arquitectura y la Tecnología como, a la par de ellas, la Economía y ¡por supuesto! la Política entendida esta como la asunción de una actitud abierta a la colaboración de quien pueda darla sin rechazar a los que tengan una ideología diferente y el beneficio inmediato al que aporta resultados.
Acercarnos a la naturaleza en lugar de querer dominarla es una demostrada forma de reducir pérdidas, facilitar a los ciudadanos los paneles solares no puede ser el “estímulo” para el que hizo lo que se quería o recurso para “recaudar” determinados fondos del exterior. Es una notable vía de ahorro cuando luego de los ciclones el tendido eléctrico queda en el piso, a la par que reduce significativamente el costo por los desplazamientos de linieros y personal calificado de un lugar a otro del país para restablecer los servicios. No puede lograrse de inmediato pero debe pensarse en ello pues otra alternativa sería soterrar las redes, objetivo que para una economía como la nuestra es un sueño a largo plazo.
Nuestras ciudades no pueden prescindir de los árboles, en un clima como el nuestro tienen que estar incluidos en el diseño urbanístico de las mismas, pero hacerlo supone seleccionarlos cuidadosamente, buscando los que tengan un sistema radicular adecuado y una frondosidad suficiente, mas no basta con seleccionarlos y plantarlos, requieren la atención sistemática que los pode —no que los desguace— sistemáticamente para no hacerlo pocas horas antes del ciclón llenando las calles de hojas y ramas que van a parar a los disminuidos servicios de alcantarillado en los momentos que más limpios deben estar.
Precisamente ese es otro de los factores que debe tenerse en cuenta; los servicios de alcantarillado en los asentamientos urbanos que cuentan con ellos fueron previstos hace muchos años para poblaciones más pequeñas que las que hoy existen, por tanto su mejora y mantenimiento sistemático son ineludibles, no pueden ser atendidos solo cuando hay un “Día de la Defensa” o ante la premura de los partes meteorológicos; de igual modo la ardua tarea de la educación ciudadana implica sancionar severamente a quienes lanzan a ellos lo que no corresponde pero también a los que, en aras de ahorrar combustible o “mejorar la imagen de la ciudad”, reducen los servicios de recogida de basuras a un tractor con una carreta que no puede cargar todo lo que se acumula en unos depósitos, muy coloridos e identificados, pero que se desbordan en poco tiempo y se tornan basureros oficiales.
En este sentido vale también repensar casos como el de La Habana, capital del país y como tal centro de atención política, pero donde se acumulan tantos problemas que cualquier estrago requiere el desvío de recursos del resto de la nación hacia ella para solucionar sus percances. Las cada vez más frecuentes inundaciones de las zonas cercanas al Malecón habanero requieren una rápida solución y, sin ser especialistas, pensamos que la apertura de espacios en el típico muro frente a las calles donde son más frecuentes, permitiría que el agua volviera al mar con más facilidad; dichos espacios pudieran utilizarse —adecuadamente concebidos— como lugares de distracción sobre los arrecifes cuando no llegan “nortes” ni ciclones y dotarían a los habaneros de otras áreas de esparcimiento en una ciudad que bastante los necesita.
Son muchas las lecciones que el cambio climático nos está dando y es necesario buscar soluciones con agilidad y cordura pues evidentemente no podemos mover al país de su entorno, pero no podemos seguir empecinadamente la teoría de que “resistir es vencer”. Si hemos insistido tanto en la necesidad de “cambiar todo lo que haya de ser cambiado” no esperemos a que un ciclón lance ceibas y palmas reales al mar para empezar a hacerlo.

Editorial. Revista Vitral No. 128, Año XXIV, Octubre- Diciembre de 2017

2017-12-12

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