El Síndrome de Saúl

por: Pedro Ibrahim González Villarrubia

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La desobediencia es un crimen
tan grave como la idolatría.
¡Ya que rechazaste la palabra de Yavé,
Yavé te echa de la realeza!
1 Sam 15, 23

En el libro de Samuel, David aparece de la siguiente manera: “Samuel dijo a Jesé: «¿Esos son todos tus hijos?« Respondió: «Todavía falta el menor, que cuida el rebaño». […] Fueron pues a buscarlo y llegó; era rubio con hermosos ojos y una bella apariencia”. Entonces el autor bíblico hace una digresión. Comienza a relatar una crisis espiritual del rey Saúl:
[…] El espíritu de Yavé se retiró de Saúl y un mal espíritu que provenía de Yavé le producía terror. Los servidores de Saúl le dijeron: "Un mal espíritu de Dios te produce esos sustos. Basta con que nuestro señor lo ordene, ya que tus servidores estamos para atenderte, y buscaremos a un hombre que sepa tocar la cítara, y en cuanto se deje caer sobre ti el mal espíritu, él tocará y tú te mejorarás". Saúl dijo, pues, a sus servidores: "Búsquenme a un hombre que sea un buen músico y tráiganmelo". Uno de los servidores pidió la palabra y dijo: "Conozco a un hijo de Jesé de Belén que sabe tocar música. Es un muchacho valiente, un buen guerrero; es inteligente, es buen mozo y Yavé está con él". Saúl mandó a uno de sus mensajeros donde Jesé para que le dijera: "Mándame a tu hijo David, el que cuida el rebaño".
De acuerdo a la antropología y cultura hebrea de aquellos tiempos los desórdenes emocionales eran considerados posesiones de malos espíritus. David tocó el instrumento musical para mejorarle el ánimo (lo que pudiésemos llamar hoy musicoterapia): “[…] cuando el espíritu de Dios maltrataba a Saúl, David tomaba la cítara y la tocaba; eso le hacía bien a Saúl, se sentía aliviado y el mal espíritu se alejaba de él. […]”.
Saúl tenía miedos. David poseía valores, carisma físico, y sensibilidad artística: valiente, inteligente, buen mozo, y además amante de Dios. David causó simpatía en Saúl: “[…] que se quede a mi servicio porque me cae simpático".
Pero Saúl estaba en conflicto bélico con los filisteos por lo que se encontraron con un guerrero destacado, de nombre Goliat; era un hombre que medía más de dos metros. Tenía en su cabeza un casco de bronce e iba revestido de una coraza del mismo metal de sesenta kilos, al igual que polainas y la lanza; "el palo de su lanza era tan grueso como el que conforma el marco de un telar […]”.
O sea, Goliat, el campeón de los filisteos, metía miedo a cualquiera. Y era desafiante:
“Elijan, pues, al que me enfrentará en nombre de ustedes. Si es capaz de vencerme y derribarme, entonces seremos sus esclavos; pero si yo lo venzo y lo derribo, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán". Cuando Saúl e Israel oyeron las palabras del filisteo, quedaron asustados y desmoralizados.
La apuesta estaba en pie.
Un hombre de Israel dijo: "¿Han visto a ese hombre que sale de las filas filisteas para insultar a Israel? Al que logre derrotarlo, el rey lo colmará de riquezas, le dará a su hija, y eximirá a la casa de su padre de cualquier impuesto". Había una recompensa. Y David se mostró audaz: "¡No hay por qué tenerle miedo a ése! Yo, tu servidor, iré a pelear con ese filisteo".
“Pero Saúl dijo a David: «Tú no podrás pelear con él, eres sólo un niño y él en cambio es un hombre que pelea desde su juventud". La preocupación de Saúl era comprensible. Pero David le explica:
Cuando estaba guardando el rebaño de mi padre y aparecía un león o un oso para llevarse una oveja del rebaño, yo lo perseguía y lo golpeaba y le quitaba la presa del hocico. Y si se volvía contra mí, lo tomaba de la quijada y lo golpeaba hasta matarlo. Yo he matado leones y osos […] David dijo además: "De la misma manera que Yavé me ha librado de las garras del león y de las zarpas del oso, así también me librará de las manos de ese filisteo".

“David se ciñó la espada por encima de su traje, trató de caminar, pero no estaba acostumbrado a eso. Entonces dijo a Saúl: «No puedo caminar con todo esto porque no tengo costumbre». Y se quitó todo”. La expectativa aumentó —muchas veces andamos llenos de armaduras para defendernos real o aparentemente, y el propio peso de las defensas nos hacen fracasar— preparó una honda y se encomendó a Dios:

David respondió al filisteo: "Toda la tierra sabrá que hay un Dios […]: él los va a poner a ustedes en nuestras manos", David derribó a Goliat de una pedrada y le dio muerte. Saúl había dicho a Abner, el jefe de su ejército: "Abner, ¿de quién es hijo ese muchacho?» Abner le respondió: «Por mi vida, oh rey, que no lo sé». El rey le dijo: «Infórmate para saber de quién es hijo ese muchacho".
Aquí comienza un nuevo proceso en Saúl, como rey, necesitaba saberlo todo, hasta de la ascendencia de David. En el relato se inserta otro personaje: Jonatán. Hijo de Saúl y simpatizante de David. Y David comenzó su carrera militar:
En todas las expediciones a donde lo enviaba Saúl, David tenía pleno éxito […]. Era querido por todo el pueblo y también por los servidores del rey […] las bailarinas entonaban este canto: "Saúl mató a mil, pero David mató a diez mil". Eso le disgustó mucho a Saúl quien se enojó. Se dijo: "Le han dado diez mil a David y a mí sólo mil, no le falta más que la realeza". Desde ese día, Saúl miró a David con malos ojos.
El complejo de Saúl se instalaba en medio de la envidia: David era joven, apuesto, inteligente, artista, un “don nadie”, que de buenas a primeras se presenta en convocatoria militar, derrota al líder enemigo y los vítores del joven le envenenan la conciencia.
“Al día siguiente, se apoderó de Saúl un mal espíritu1: «Voy a clavar a David en el muro». Pero David eludió el golpe las dos veces”. Al no poder matarlo utilizó la astucia: "Conoces a mi hija mayor, Merob. Te la daré como esposa si demuestras ser valiente a mi servicio cuando dirijas las guerras de Yavé". Pues Saúl se decía:
“Que no muera por mis manos sino por las de los filisteos […] De ese modo pensaba Saúl que David iba a caer en manos de los filisteos”.
Jonatán, el hijo de Saúl, le advirtió a David: "Saúl, mi padre, trata de matarte; mantente en guardia mañana temprano, ponte a resguardo y escóndete”.
Ya antes le había pedido a su padre: "No haga daño el rey a su servidor David, pues él no te ha hecho ningún daño y lo que ha hecho te ha servido mucho. Arriesgó su vida para derribar al filisteo y Yavé dio allí una gran victoria a todo Israel”. […] Saúl prometió a Jonatán no matarlo, pero la intención duró poco.
También Mical, la mujer de David, le dio este aviso:
"Si no escapas esta misma noche, serás asesinado mañana". Mical ayudó a David a bajar por la ventana […] acostó entonces en la cama uno de los ídolos que tenía en la casa, le puso en la cabeza una peluca de pelo de cabra y lo tapó con una manta. A los hombres que Saúl dijo: "Tráiganmelo para que le dé muerte". Entraron los mensajeros y encontraron al ídolo en la cama con la peluca de pelo de cabra en la cabeza.
Y como Jonatán también advertía a David, Saúl se enojó con Jonatán y le dijo: "¡Hijo de prostituta! […] y Jonatán entendió que su padre había decidido la muerte de David”. […] Se encontraron Jonatán y David discretamente, y Saúl continuaba resentido: Saúl dijo entonces: "¡Oigan ¿creen que el hijo de Jesé les dará a todos ustedes campos y viñas, y que los hará jefes de mil y de cien? ¿Por qué se han puesto todos de acuerdo en contra mía? Nadie me comunicó que mi hijo había hecho un pacto con el hijo de Jesé”. O sea ahora Saúl jugaba a hacerse la víctima. Proyectivo y sensible se quejaba de “no tener suerte”.
David, escondido en el desierto sabía por los exploradores de su ejército que Saúl descansaba por allí: tuvo la oportunidad de matarlo dormido pero no lo hizo, recortó un trozo de su manta para dar señal de que había estado a su lado y le perdonaba la vida. De momento a Saúl se le ablandó el corazón:

Saúl estalló en sollozos. Dijo a David: "Eres más bueno que yo, porque tú me haces el bien y yo te había hecho el mal. Hoy demostraste tu bondad para conmigo, porque Yavé me puso en tus manos pero tú no me mataste ¡Pequé! Vuelve, hijo mío, David, ya no te haré mal. ¡Tú me respetaste hoy la vida, y yo me he comportado como un tonto, he cometido un gran pecado!". No obstante David pensó: […] "Un día de estos Saúl me va a matar. Es mejor que me refugie […]”.
Cuando Saúl vio el campamento de los filisteos, tuvo miedo y su corazón se estremeció […] dijo entonces a sus servidores: "Búsquenme a una mujer que invoque a los muertos e iré a consultarla". Saúl, al apartarse de Dios acudió finalmente a la superstición.
Y David fue rey tiempo después.

Consideraciones finales: Se trata de un rey que está atormentado emocionalmente por las tensiones de las guerras con los filisteos. Pide que le traigan un músico para mejorar su estado. Resulta que este artista, que era probablemente un adolescente, apuesto, inteligente aunque quizás temerario por su poca madurez, termina mostrando destrezas que no aparenta. Se enfrenta a un enemigo, gladiador de oficio de talla extra y, confiado a Dios, lo vence con una honda y con gran puntería le da una pedrada en el único lugar no protegido: la frente. Las alabanzas de mujeres y hombres detonaron la envidia del rey contra el campeón. El rey Saúl, viejo y muy celoso de su poder, planificó varios asesinatos contra David. Y el afecto que conquistó David, sobre todo de Jonatán, lo impidieron; el hijo del rey protege a la víctima por un fuerte sentido de compromiso hacia la verdad y la amistad: No siempre hijo de gato caza ratón. El triunfador, David, perdona la vida al rey porque primero mira al Cielo y está convencido de que es Dios quien juzga realmente. Nos resulta difícil muchas veces entender que la razón la tiene siempre el que más ama. Aunque en esa perseverancia muchas veces nos va la vida, Jesús es el testigo de ello.

Referencias
1. Dice el Catecismo: “La gracia inefable de Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó la envidia del demonio”. (No. 412)
2. Biblia Latinoamérica versión digital 3.2.1.1.1.6.7.
3. Los textos de esta presentación están basados en I Samuel capítulos 16 al 31.

Religión. Revista Vitral No. 127, Año XXIV, Julio- Septiembre de 2017

2017-12-06

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