El discurso del regreso en Regreso a Ítaca

Por: Jorge Luis Lanza Caride

Página principal
 


     

El largometraje de ficción Regreso a Ítaca (2014), del cineasta francés Laurent Cantet, basado en la obra del afamado escritor cubano Leonardo Padura La novela de mi vida, retoma desde una perspectiva intimista e inédita hasta ese momento el dilema existencial que implica la decisión de retorno definitivo. Su realizador había explorado la realidad cubana en uno de los cortos que conforman el largometraje Siete días en La Habana (2013), junto a Julio Meden, Gaspar Noe, Juan Carlos Tabío y demás cineastas.
Regreso a Ítaca, al igual que otras cintas que abordan la temática de la emigración desde la óptica del regreso, se sumerge en el mundo interior de varios amigos que se reencuentran en una azotea de La Habana tras el regreso de Amadeu, un escritor que había abandonado el país quince años antes pero decide regresar de manera definitiva, personaje interpretado por Néstor Jiménez.
Independientemente de las polémicas suscitadas por el filme y las dificultades de su recepción en Cuba durante las jornadas del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano —celebrado en La Habana en el 2014—, Regreso a Ítaca expone un análisis que dialoga con el pasado, con un momento crítico para la cultura cubana como fueron los setenta y ochenta.
Ese pasado caracterizado por el dogmatismo, la intolerancia y la censura en el plano cultural es evocado con profunda amargura y nostalgia por los personajes que integran esta historia.
De alguna manera, el encuentro de esos viejos amigos en una azotea adquiere dimensión simbólica. Tras largos años de ausencia de debate y pensamiento crítico en el ámbito intelectual cubano, cuando los demonios del Quinquenio Gris se han exorcizado, ese gesto del reencuentro devela la necesidad de una generación de enfrentar ese pasado con honestidad y realismo, desde una posición conciliadora y despojada de frustración y resentimientos de cualquier tipo.
Lo complejidad del encuentro estriba en la multiplicidad de sentimientos que afloran en la medida que realizan ese ajuste de cuentas con un pasado que ha marcado la existencia del grupo. El destino de cada uno de ellos transitó por diversos senderos. Cada personaje de esta historia, de alguna manera, perdió algo durante ese camino.
El tema central de Regreso a Ítaca no es sólo la cuestión del retorno, sino la frustración de una generación formada en las primeras décadas de la Revolución, protagonistas de la euforia revolucionaria, los voluntarismos y excesos del periodo, desde una postura intimista que apela a la anhelada reconciliación entre los cubanos de ambas orillas.
La cinta constituye una mirada al pasado con la amargura y la angustia que implica esa visión. La parábola fílmica contenida en esta cinta deviene una especie de reconciliación entre la Isla y su diáspora. Un homenaje a una generación marcada por la confrontación ideológica y el dilema que históricamente ha implicado para millones de cubanos marcharse o quedarse.
El conflicto existencial derivado de tal decisión ha marcado el destino de muchos cubanos en ambas orillas. Pues tanto los que se han marchado como los que han permanecido en la Isla han sacrificado mucho de sus vidas.
Algunos estudiosos del tema migratorio cubano sostienen que, independientemente de las circunstancias que acompañaron los éxodos migratorios en Cuba en varios momentos históricos, la posibilidad del regreso ha estado presente en el imaginario de la diáspora cubana en EE.UU.
Si en las primeras oleadas que salieron de Cuba a inicios del proceso revolucionario, la posibilidad del regreso se encontraba condicionada por la idea de derrocar a Fidel Castro y recuperar las propiedades confiscadas por su naciente Revolución, tal obsesión fue desapareciendo del imaginario de dicha diáspora, y aunque el diferendo político no ha desparecido, las nuevas generaciones de cubanos sostienen una relación y actitud diferente con la Isla, realidad que ha favorecido ese ininterrumpido fluir de cubanos entre ambas partes.
Según la ensayista Hiraida López: “Al mismo tiempo, Amadeu no concibe el viaje en ambas direcciones y en este terreno tampoco se encuentra al día: en Cuba ya es posible no circunscribirse al pasaje en una sola dirección. La fatal combinación de la castración simbólica y el rechazo al viaje contribuye a hacer de Regreso a Ítaca una cinta de cierto modo anacrónica que responde a perspectivas arraigadas.”
En ese sentido Regreso a Ítaca devela matices novedosos al respecto, razón por lo cual la decisión del protagonista de esta historia resulta incomprensible para el resto de los personajes, quienes incluso se muestran intolerantes con su decisión.
La referida autora ha reconocido la existencia de una tendencia dentro de la producción cultural cubana que matiza el discurso estético sobre la emigración. Si en contextos anteriores la representación se caracterizó por reflejar el drama que implica la ruptura total con la nación, en el contexto actual se han producido modificaciones en el ámbito migratorio que han influido en las expresiones que en los últimos años ha asumido la referida representación.
Según dicha autora: “´La tendencia que se ha manifestado, aun incipientemente, en la producción cubana más reciente es hacia el viaje de ida y vuelta, a pensar en el punto de partida y el destino como inestable e indeterminado. En contraste con el viaje de regreso hasta hace poco más de dos años, la movilidad adquirida últimamente permite articular otros discursos de desplazamientos y valorarlos de manera positiva. No se trata de descartar otras opciones legítimas, como la de permanecer en la patria o el exilio, sino de explorar las implicaciones de los nuevos retos que emergen de la coyuntura actual, en estrecha relación con el transnacionalismo o la globalización y desterritorializacion de estos tiempos”.
Otra lectura similar explica que el filme contribuye a deslegitimar esa imagen arraigada en el imaginario social cubano del exilio como paraíso idílico donde todos suelen encontrar su felicidad, enajenada de contradicciones y conflictos de variadas índoles, incluso hasta alude a la existencia de otras formas de represión social ajenas a una sociedad comunista.
La postura que adopta Amadeu al anunciarles a sus amigos la decisión de quedarse en Cuba, los argumentos que esgrime, generan una situación tensionante entre los participantes del reencuentro, de incomprensión y sorpresa.
Salvando las diferencias contextuales entre Regreso a Ítaca y la antológica Fresa y chocolate, aprecio un sutil paralelismo, con sus propios matices y en direcciones opuestas, en cuanto a la imagen edulcorada del exilio. Me refiero a la escena en la cual Diego le comunica a su amigo David la decisión de abandonar la Isla. La respuesta de David trascendió lo circunstancial y, de alguna manera, introduce un necesario debate sobre los conflictos del exilio, al aludir a los problemas que notables intelectuales cubanos han padecido en la diáspora, incomprensiones y manipulaciones de disimiles formas. Reproduzco por su importancia el parlamento de dicha escena.
DAVID: ¿Cómo te vas a ir, es que tú piensas que allá no vas a tener problema igual que aquí?
SERGIO: Pero David, tú piensas que me voy porque yo quiero, no te das cuenta que no tengo otra cosa que hacer, no puedo hacer otra cosa.
La escena de Regreso a Ítaca que establece relación dialógica desde un sentido inverso es aquella donde Rafael intenta disuadir a Amadeus de su aspiración de quedarse en Cuba: “De todas formas este ya no es el país en que nosotros crecimos, ni siquiera el que tú dejaste hace quince años. De todas maneras, ya este no es el país que era. Créeme, esto es algo raro que nadie sabe hacia dónde va.”
Resulta lógico suponer que las generaciones formadas en las primeras décadas del proceso revolucionario, aun bajo las férreas concepciones de la ortodoxia marxista y las restricciones del contexto, hayan mirado el futuro con una perspectiva mesiánica o, al menos, con mayor optimismo. Las diferencias en el plano económico y social entre ambos entornos resultan abismales. Nadie puede negar que los niveles de equidad y homogeneidad social que conoció la sociedad cubana durante esas primeras décadas difieran en buena medida de la realidad actual.
De dicho parlamento, sacado así de la circunstancia fílmica, se pueden extraer varias lecturas, no necesariamente orientadas a reforzar una imagen pesimista del contexto actual, con toda su evidente complejidad. Ahora bien, el referido discurso alude a una realidad ineludible en nuestra sociedad: la incertidumbre ante un futuro cada vez más incierto, expresión de un presente colmado de contradicciones y paradojas como cualquier sociedad.
Otro de los personajes esbozados con ingenio es Eddy, a mi juicio, una de las mejores y más logradas interpretaciones de Jorge Perrugorría luego de su intervención en Fresa y chocolate. Nunca antes había visto en el cine cubano una caracterización tan precisa y veraz del dirigente oportunista, fiel retrato de un segmento que en su esencia constituye la negación misma del socialismo, símbolo del arraigo en la sociedad cubana de fenómenos como la corrupción y la simulación.
Una escena que reafirma esta idea es la siguiente: “Y nunca fui un escritor, me he convertido en lo que ustedes dicen un dirigentico, pero viajé medio mundo, cuando la gente estaba pasando hambre, necesidad aquí, yo vivía bien, y no me bajaba del carro, y del carro para los hoteles, y todo eso es una mierda, y yo soy una mierda, que dejé que me convirtieran en una mierda, es verdad, pero no dejé que me robaran la vida.”
En lo estético Regreso a Ítaca es una cinta sencilla sin grandes pretensiones en lo formal o conceptual, sin afanes rupturistas en lo relativo al lenguaje, pero conmovedora y honesta desde el principio a fin. Posee el efecto de establecer un balance crítico con nuestra memoria más reciente, con nuestras perversiones y utopías, a través de un discurso inteligente gracias al guión de Leonardo Padura.
Cuando finalizamos Regreso a Ítaca nos quedamos con un sabor amargo, con cierta angustia, pero consientes de haber visto un filme que nos invita a mirar al emigrante con otros ojos y, sobre todo, desmitificar esa errónea imagen del que regresa con el éxito manipulador y trasnochado, de comprender que la felicidad pueda encontrarse también dentro de la isla. Regreso a Ítaca apuesta por la necesidad y posibilidad de construir utopías en un contexto social complejo como el cubano.
No solo Regreso a Ítaca constituye un signo del discurso del retorno al cine cubano de los últimos años de la tendencia apuntada por la referida autora, recientemente se estrenó en nuestra isla la cinta Ya no es antes (2016), de Lester Hamlet, protagonizada por Isabel Santos y Luis Alberto García, sin aportar elementos nuevos sobre el fenómeno del regreso a la Isla de la generación marcada por el trauma del éxodo del Mariel, al menos prolonga el debate sobre la reconciliación con ese pasado a partir de una mirada intimista sobre el tema, al estilo de una cinta como La anunciación, signo revelador de que las asperezas ideológicas del pasado se han ido limado. Como expresó el personaje de Carmen en la recordada Reyna y Rey, las ventanas se han abierto para que nuevos aires corran en el contexto cubano.

Referencias
López H, Iraida. “Esto no es un emigrado que retorna: sobre la representación del regreso”. En revista Espacio Laical, No. 2, La Habana, 2016, p. 20
Ibídem, p. 20

Arte. Revista Vitral No. 127, Año XXIV, Julio- Septiembre de 2017

2017-09-29

Otros artículos...