Detrás de la fachada


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A través de la historia los aniversarios, aun los de más triste conmemoración, han constituido peldaños por los que la Humanidad ha ascendido hacia la superación, pues resultan momentos de reflexión sobre lo que de ellos ha trascendido en el diario devenir.
En ocasiones quienes están llamados a la madura reflexión los tornan, según sea el caso, ocasión de festejos o de duelos —y no está mal— minimizando el balance en actos acaecido de uno en otro; por su parte el hombre común, abrumado de cálculos y conflictos, los ve como el momento propicio para sumar otro a la cuenta de sus días de “receso laboral”.
Mas ¡qué necesario se hace asumir esas fechas como recuento y proyección! Tomarlas como maquillaje y jolgorio puede hacer placentero una jornada del calendario pero no cimenta la Historia ni la identidad.
El 150 aniversario de la concesión, por la reina Isabel II de Borbón, del título de Ciudad a Pinar del Río —el 10 de septiembre de 1867— es momento propicio para valorar lo que antes se ha dejado escrito.
En principio, carente Pinar del Río de una fecha que precise su fundación como poblado, resulta válido asumir el momento en que recibe una categoría civil que no solo la ubica geopolíticamente sino que reconoce un desempeño ciudadano de sus habitantes; sin embargo, sería oportuno que esta dimensión fuera valorada más casuísticamente y no se dejara como el conejo que sale de la chistera del mago. La condición de Ciudad era otorgada, al menos bajo las normas de la corona española, cuando se cumplían una serie de requisitos formales que abarcaban desde cuestiones demográficas y prácticas hasta meramente civiles que incluían una solicitud formal de la autoridad local —donde indicaban el cumplimiento de tales presupuestos— a la máxima autoridad para su concesión ¿Por qué no se expone tal documento (desde luego una reproducción más o menos hológrafa) si queremos fundamentar nuestro devenir citadino y nuestra identidad local? ¿Por qué no existe en el Archivo Provincial al menos una copia del Decreto Real que atestigüe esa condición para mostrarla en un sitio adecuado en momentos como estos?
Pudiera parecer un contrasentido lo que aquí se señala pero… la Historia es una y se escribe en relación de continuidad, el pinareño de hoy es resultado de aquel que festejó —con un mes de atraso por las condiciones tecnológicas de entonces— el título de Ciudad; sin aquellos, partidarios de la Corona y de la Independencia según sus personales criterios, no existirían los que hoy transitan la maquillada Calle Real o se conectan por wi-fi con otros lugares del mundo en el reformado Malecón. ¡Por supuesto! Aquellos también son los antepasados de los que fundaron el tantas veces preterido Comité “Todo por Pinar del Río” que, a su vez, sigue incitando hoy a muchos a luchar por una ciudad mejor.
Llegado a este punto vale la pena reflexionar también sobre los rasgos de estas fechas. La concesión del título de Ciudad fue una medida fortuita de la Corona Española en momentos que necesitaba fortalecer localmente su imagen luego de haber perdido por segunda vez la República Dominicana y fracasar en expediciones a México, Perú y Chile; fue uno de los últimos actos hacia el exterior de una soberana poco ejecutiva que al año siguiente se vio obligada a dejar un trono al que nunca más volvió; es decir, aunque prestigia a la población y sus habitantes al reconocer su crecimiento y logros, fue un procedimiento colonial. Por tanto, no es la mejor selección para reubicar fechas que han estado en la identidad del pinareño desde hace mucho tiempo y que sí muestran su compromiso cívico y su valía como lo es la creación del Comité “Todo por Pinar del Río” y la celebración —el 26 de noviembre— del bien llamado Día de la Dignidad Pinareña que muy poco tienen que ver con el título de Ciudad a la capital provincial.
La cercanía del 26 de noviembre con fechas que se consideran como de duelo no puede justificar su traslado y mucho menos su olvido; si en tiempos en que se celebraba con mucha alegría los festejos duraban hasta las 11:59 pm en señal de respeto al fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina ¿por qué ahora, que se considera que somos más cultos y que hemos dado muestras de compromiso patrio e identidad soberana, no puede aplicarse idéntico proceder con una fecha que recoge un momento de genuino compromiso e identidad de NUESTROS antepasados? Durante el asalto al cuartel Moncada cayeron o fueron asesinados muchos compatriotas, la más elemental lógica y el mayor respeto por los caídos permiten que, a pesar de la sangre derramada, no solo el 26 de julio sino los otros dos días más próximos sean considerados días festivos y como tal festejados oficialmente, aunque también se honre en esos momentos a los numerosos caídos.
Un sentido de pertenencia, una identidad, un compromiso con la Historia no se fundamenta seleccionando períodos o fechas en las que se embellecen las fachadas, se colocan banderas y se aumentan las ofertas y servicios; los héroes anónimos que escriben con sudor páginas de gloria es cierto que necesitan la alegría y el ornato, pero precisan también que se atiendan problemas mucho más serios que los afectan día a día. Las dificultades en la distribución del agua —uno de los objetivos del Comité “Todo por Pinar del Río”—, el muy deficitario servicio de recogida de basura, la irregularidad en la distribución de los reducidos productos en que ha quedado la llamada “canasta básica”, el abismo entre precios y calidad en productos que se ofertan en redes comerciales tanto en divisas como en moneda corriente, la necesidad de un enfrentamiento efectivo e inmediato a la corrupción y el burocratismo, además de otros problemas que siguen golpeando a esta querida ciudad a través de los tiempos, son anhelos que vibran detrás de las fachadas reparadas y pintadas.
Si lo que hoy se exhibe tras lustradas vidrieras o climatizados mostradores desaparece al cabo de unos días y se continúa culpando al… totí, de nada valdrá el título de Ciudad y sí será necesario un día en que la dignidad de sus habitantes reviva, en la fecha que sea el Comité “Todo por Pinar del Río”.

Editorial. Revista Vitral, Nº 127, Año XXIV, Julio- Septiembre de 2017

2017-09-05

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