En torno a los cereales

P. Pedrojosé Ynaraja

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Cuando doy al comando enviar de mi PC, de inmediato se me ocurren cuestiones que debería haber incluido en el artículo y a partir de entonces, empiezan las sugerencias. A continuación, a estas mismas sugerencias, se le aplican dudas y cuando llega la hora de redactar, no puedo hacerlo sin someterme a un cierto examen crítico.

LA CIZAÑA

A propósito de lo que escribí la semana pasada, pensé de inmediato que debía haber mencionado la cizaña, relacionada en el texto evangélico con el trigo. De antiguo conocía una hierba espectacular que me habían dicho era esta gramínea. He estado relacionándola durante muchos años con la dañina planta que aparece en la parábola de Mateo 13, 24 ss. Relacionándola para mí mismo y hablando de ella, sin que nadie lo pusiera en duda. La he fotografiado también, por supuesto. Pero, antes de ponerlo ahora por escrito, se me ha ocurrido consultar manuales, enciclopedias y el inefable Google. ¡La que se ha armado entonces!

Primera constatación, la tal hierba, que conocía muy bien, no la relacionan la mayoría de autores, con la que se menciona en el texto evangélico. La verdad sea dicha que uno solo de ellos, advirtiendo que el término bíblico puede referirse a cualquier hierbajo, dice que hasta podría tratarse de la falsa avena, “avena barbata”, su nombre científico. Dado que vivo en Cataluña y aquí se la llama cugula y el tal nombre lo traduce algún vocabulario por cizaña, seguramente a esto hay que atribuir la confusión. Pienso, pues, que no soy del todo culpable de mi ignorancia.

Los otros libros consultados dicen que la cizaña es la llamada “lolium temulentum”. Como no solo la describen con detalle, sino que acompañan fotografías, de inmediato, salí en su busca. En la época en que escribo abundan toda clase de plantas, dispuestas a florecer y ofrecer al viento primaveral que se lleve lejos sus semillas, para que se multipliquen por doquier. Distinguir unas de otras es difícil. Encontré dos que correspondían a las fotografías y me las traje a casa. Nuevos análisis. La que ilustra el artículo estoy convencido que es a la que se refieren los autores. Advierto que no me atrevería a jurarlo, ya que he recogido otra semejante, pero no me meteré en nuevos estudios, que el asunto no merece la pena. Uno de los sinónimos de la cizaña, según el correspondiente manual, es yuyo, palabra que he escuchado por boca de gente amiga argentina y siempre me ha hecho gracia oírla.

NO SIEMBRES CIZAÑA

Lo curioso del caso es que la cizaña solo aparece citada en el texto bíblico, en la parábola que he mencionado al principio. Una sola vez y en cambio ha pasado al lenguaje común la planta. Recuerdo desde pequeño, haber oído a mi madre, devota cristiana pero no erudita, decir muchas veces: no siembres cizaña, o, hay gente que no sabe más que sembrar cizaña. Y a otras personas también expresiones semejantes.

Al fiel cristiano le dará igual que se trate de una u otra planta. Al lector, como a mí mismo, toda esta disquisición servirá poner más atención en el comportamiento, no sea que se nos condene a la sentencia que dicta el versículo 49: “Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

LA TRILLA

La pasada semana me refería al lugar donde se trillaban las espigas. Detallo hoy que se trataba siempre de un gran espacio de tierra endurecida, o incluso empedrado. Las complejas labores a las que me he referido, hoy las realiza una maquina cosechadora y el espacio, si es que se conserva, se aprovecha para montar carpas y dentro organizar toda clase de reuniones, banquetes o bailes. Me sorprendió un día ver estacionado un helicóptero en una antigua era. Ya es el colmo de las utilidades.

Vuelvo a la era y su propia utilización. De mañana se extendía la mies y se esperaba un rato para que estuviese seca, si el rocío la había humedecido. Se metía el trillo que debería arrastrar un animal de carga o una yunta de bueyes. Al animal que arrastraba el trillo, dado que su trabajo era muy pesado y monótono, no se le ponía bozal, para que de cuando en cuando, pudiese satisfacer su hambre allí mismo (Dt 25,4). Sentencia esta que recuerda Pablo dos veces. En I Cor 9, 9 y en I Tm 5, 18. Aplicándola, evidentemente, a otros fines que no son los agrícolas.

SUBIRSE AL TRILLO

Ya dije que conocía estas labores desde pequeño. Más de una vez subí a un trillo y fui dando monótonas vueltas. Se trataba siempre de los tirados por bueyes, de movimiento cansino, no peligroso, que si lo hubieran arrastrado mulas, que se movían con rapidez, peligraba ser expulsado fuera. Para los lectores que desconozcan estos utensilios solo les puedo ofrecer una foto de una réplica y el detalle de su cara inferior. Podrá observarse los medallones cortantes de cuarzo incrustados que, junto con el lastre del artilugio, el del mozo que conducía y hasta a veces alguna gran piedra que se añadía, aumentaba su peso, machacaba y cortaban la mies. Imaginarlo, se convierte en escenario en el que podemos situar la actuación de la ingenua Rut que, siguiendo las indicaciones de su suegra Noemí, dotada de ciertas dotes de Celestina, poniendo a la viudita en peligro y al amo-patrón Booz al borde del desprestigio social, mediante el enredo, logra maridarse con él. (A este libro, con seguridad, se referiría el Papa Benedicto cuando recomendando la lectura de la Biblia en vacaciones, decía que uno de ellos se podía leer en una hora. Pese a mis comentarios frívolos, advierto que contiene con sutileza enseñanzas muy buenas y oportunas, aun hoy en día).

GEDEÓN

Una era fue también escenario de la vocación del buen agricultor Gedeón, pillo este juez, como labrador que era, hasta cuando el mismo Yahvé le propone sus proyectos (Je 6, 36 ss.) “Gedeón dijo a Dios: « Si verdaderamente vas a salvar por mi mano a Israel, como has dicho, yo voy a tender un vellón sobre la era; si hay rocío solamente sobre el vellón y todo el suelo queda seco, sabré que tú salvarás a Israel por mi mano, como has prometido. Así sucedió. Gedeón se levantó de madrugada, estrujó el vellón y exprimió su rocío, una copa llena de agua. Gedeón dijo a Dios: « No te irrites contra mí si me atrevo a hablar de nuevo. Por favor, quisiera hacer por última vez la prueba con el vellón: que quede seco sólo el vellón y que haya rocío por todo el suelo. Y Dios lo hizo así aquella noche. Quedó seco solamente el vellón y por todo el suelo había rocío…

LA PAJA

Aunque me he entretenido con el grano, del que acabaré de hablar después, el valor de la paja no era baladí. En el antiguo Egipto, durante la dura etapa de esclavitud, los israelitas debían fabricar adobes mezclando barro con paja, que les costaba encontrar. La paja constituía el forraje del ganado. Una muestra de ello está en que, en la bucólica visión de Isaías sobre la era mesiánica, se dice que el león comerá paja con el buey (Is 65,25).

Jesús también se refiere a ella con un típico estilo semítico, cuando dice que hay quien ve la paja en ojo ajeno, sin parar mientes en la viga que obstruye el suyo (Mt 7,3 Lc 6,41).

LA SAGRADA FAMILIA



El trigo era guardado en casa en lugares preparados y protegidos para tal fin. Cuando uno visita en Nazaret, bajo el nivel que correspondería a las habitaciones de la Sagrada Familia, todavía se conserva el sótano donde en sus paredes, excavado en la roca, se ven los silos o agujeros para conservar, al abrigo de ratones y rateros, el grano y el aceite. Estando uno allí, recuerda todas las faenas agrícolas que precedían al almacenamiento. He visitado este ámbito varias veces, se me ha concedido el privilegio de celebrar misa allí, una de ellas lo hice de rodillas. Se lo merece este espacio. En una pequeña elevación, llamada “mensa Christi”, que no sería con seguridad una mesa, pero si pavimento de su época, hemos situado la mesa eucarística. Si lo he hecho en tal postura ha sido porque el ambiente espiritual que allí se respiraba lo exigía.

No es segura arqueológicamente su total autenticidad. Si no era la morada de José la edificada encima, donde hoy se levanta la basílica, lo fue con seguridad de algún familiar próximo, de manera que se aprovechó para las primeras asambleas judeocristianas. Curiosa y satisfactoriamente cabe recordar que tales allegados le reconocían como Mesías, tal era la firmeza de su Fe. Consta que uno de ellos, llamado Konon, murió manifestando a quien le juzgaba y condenaba, que creí en Él y además era pariente suyo.

Me limito a señalar que, como ya dije, el trigo, la cebada y la espelta, eran los principales cereales. El mijo, la avena o el centeno, eran alimentos de menor categoría y uso.

2017-07-03

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