Sentados en el banco de la paciencia

Herminio Josué Peña Otero

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Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder

Es necesario que exista un genuino ámbito de libertad y estabilidad para que se encuentre una sociedad civil sana, diversa del poder político y no manipulada por otros intereses o poderes. Precisamente es éste uno de los obstáculos para que en Cuba podamos participar en grupos, organizaciones e instituciones con la iniciativa y las posibilidades de acción propios de una sociedad libre. Libre de los egoísmos personales y de las hegemonías de grupos nacionales, de los intereses mezquinos y de las presiones ideológicas totalitarias. Pero además libre para proyectar, organizar, actuar y pensar sin temor a las represalias. Donde existe el miedo no se goza de total libertad.

Los cubanos hemos experimentado en las últimas décadas esta realidad y decimos, con pena y deseos de superar esta situación, que mientras no se pueda ejercitar la autónoma iniciativa y la libertad de organización, la sociedad civil continuará en extinción.

Cuando se tiene que luchar diariamente por la subsistencia y se cierra la perspectiva individual por la incompetencia de las gestiones estatales, se cierra el horizonte y se aliena el hombre de su realidad plena y compleja, reduciendo su mirada a la cercanía de un pan sin libertad de gestionarlo, ni posibilidad de producirlo. La colectividad de nuestra sociedad aplastó su propia subjetividad y cerró la puerta a la legítima y verdadera defensa, al imponer por decreto la solidaridad proletaria.

Otro de los impedimentos para una sociedad civil desarrollada y libre, es la hegemonía excluyente y absoluta de partidos, entidades y asociaciones como fuerza superior que dirige a la sociedad y al Estado. No se trata solamente de que se prohíba la existencia de otros pequeños grupos de libre asociación, sino se trata además de la prohibición de la existencia y la acción de organizaciones civiles que tienen fines y medios pacíficos y que declaran su propósito de defender los derechos humanos y el bien común de todos. En estos momentos no se tolera ni que 2 o mas personas se reúnan para diferir de algún tema referente a política nacional. Cualquier asociación ciudadana es puesta en sospecha y presionada para que no ejerza su función en beneficio de nuestra sociedad o de una parte de ella.

Es necesario recalcar que ningún grupo social tiene derecho a usurpar el papel de único guía porque ello supone la destrucción de la verdadera subjetividad de la sociedad y de los ciudadanos-personas como ocurre en todo totalitarismo. En esta situación el hombre se convierte en objeto, no obstante todas las declaraciones o promesas verbales. (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 1991, 48).

En Cuba se han suplantado las organizaciones y asociaciones por decreto, hoy nos hablan de una especie de religión terrenal cuyo origen es la autosuficiencia y el retraimiento colectivo, que cree poseer toda la verdad, y cuya expresión es la burocracia que seca de raíz toda iniciativa de la sociedad civil. Esto es una constante para cualquier cubano, adaptado ya a la mediocridad de su situación diaria.

¿Qué raro que todos los demás estén equivocados, y unos pocos tienen en la mano la verdad y la sabiduría?

Esta claro que si un grupo social o político se considera como el único poseedor de la autenticidad y que quiere imponerla estructuralmente mediante una burocracia legal y policial, suprimiendo violentamente el quehacer individual y el desarrollo de las ideas particulares, entonces la sociedad civil se convierte en el espacio negado a la esperanza, conducida a morir lentamente. Pasamos de la etapa de romanticismo en que se decía que todos son iguales, y llegamos a la realidad actual. Además, un estado único tiende a absorber en si mismo la patria, la sociedad, la familia, las entidades religiosas y las mismas personas, realidades todas que gozan de su propio ámbito de autonomía y soberanía.

¿Cómo mejorar esta realidad palpable en nuestra sociedad civil?

Cambios económicos, políticos y sociales. En Cuba están ocurriendo en los últimos años algunos pobres cambios económicos que pueden sorprender a algunos o confundir a otros por su naturaleza y por la falta de información y educación económica.

Es necesaria una apertura amplia al capital extranjero para que inyecte nuevos horizontes a la economía cubana en ruinas. Precisamos la entrada de tecnologías foráneas, de nuevas asociaciones empresariales y que las autoridades comprendan que no se puede permanecer como una isla aislada de un mundo regido por las relaciones entre las corporaciones y la economía de mercado.

En realidad, lo que esta ocurriendo es que nuestra economía está siendo guiada hacia un Feudalismo del siglo XXI, donde existe un señor feudal que es dueño de los medios de producción y se los presta a los pobres campesinos que trabajan para él, con los brazos cruzados y anhelando que su situación mejore. Esa etapa ya fue superada por muchos, sobretodo en Europa, al mirar los resultados que se logran económico, social y políticamente, por la máxima intervención de la iniciativa personal responsable en todas las áreas importantes del país.

El Estado asistencial, al intervenir directamente y quitar responsabilidades a la sociedad… provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos. (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 1991, 48).

Y mientras la iniciativa privada, cooperativa, asociada, no sea un derecho ejercido plenamente por los cubanos sin distinción, la sociedad civil estará penando por depender absolutamente desde el punto de vista económico del poder del estado, único señor de los bienes públicos. La liberación económica hacia el interior de nuestra sociedad es precisada ya. Cada cubano debe ser protagonista y propietario de su economía, ese es el cambio sustancial que se requiere.

Hay que dejar atrás los paternalismos del estado, causantes de la supresión de la gestión libre ciudadana y de la iniciativa privada. Sacar de nuestra cabeza el exilio que provoca la inexistencia en Cuba de una oposición seria, comprometida con nuestra realidad para cambiarla, y que resolvería muchos problemas de los que nos aquejamos hoy. También es necesario luchar contra el vacío de poder que nos ahoga lentamente y reduce a casi nada la gestión de la sociedad civil.

El cambio: ¿de qué y hacia donde?

Ese cambio es deseado no solo por los grupos opositores, sino por ciudadanos sencillos que, sin ir mas allá, evalúan el escenario de su calidad de vida cotidiana y reconocen que así no se puede seguir existiendo.

Por otra parte se le une un temor natural al cambio, junto con una propaganda manipuladora oficial destinada a desmoralizar el propio cambio y a los que lo proponen, expresando que se perderá todo: la seguridad y los servicios sociales, los ya precarios niveles de salud y educación y la baja adquisición de productos de primera necesidad experimentada por casi todos, la soberanía y la integridad territorial, etc. Además se le suma la incertidumbre de aquellas interrogantes que vienen de la falta de instrucción, información y formación general. Con esta falsa teoría nadie querrá un cambio real.

¿En que situación real estamos?

Para los cubanos de hoy, la incertidumbre, la falta de información y formación socio-económica y política y la cerrazón al reconocimiento de la diversidad y la participación plural, son los impedimentos reales que atan la creatividad de las personas, inmovilizan a la sociedad y en consecuencia son el centro de dos interrogantes que hablan por si solas:

¿Por qué esto no cambia?
¿Cuanto más puede resistir un pueblo en condiciones deplorables?

Hace algún tiempo, el papa Juan Pablo II escribió esto:

Demoler tales estructuras y substituirlas con formas más auténticas de convivencia es un cometido que exige valentía y paciencia (Juan Pablo II,Centesimus Annus, 1991, 48).

He aquí dos premisas que a mi entender son importantes para el cambio:

-Pasar del fracaso feudal y totalitario actual en Cuba, a una diversidad humana que permita al hombre su pleno e integral desarrollo, llámese como se llame.
-Cambiar las estructuras corrompidas sobre el pedestal de poder, hacia formas más auténticas de convivencia que respondan a las necesidades de todos.

Hace mas de 45 años, finalizando la década de los 50, en el final de aquella dictadura (han dicho nuestros mayores), todo el mundo quería el cambio, pero llegó un momento tan comprometido que no interesaba para donde iba ese cambio, quien apareciera después y que modelo es mejor para construir. Lo importante era el cambio a todo costo y con cualquier imposición.

Se nos hace urgente una construcción social con una reflexión profunda, sin mediación de intereses particulares, con respeto, una reflexión que invite a todos y no sea de un grupo o partido, ni exclusiva de los que gobiernan y están, según ellos, bien informados, ni de los que vienen a invertir para tener oportunidades notables en una sociedad en transformación, ni de un grupo religioso, académico o político con aspiraciones de hegemonía y liderazgo.

Es necesario cuidar el futuro hermoso que estoy seguro, nos espera más pronto que tarde. La sociedad civil en nuestra nación, hoy casi muerta, tanto para el conjunto del pueblo como para los jóvenes (tan combativos en otros tiempos), debe ser faro y guía para que todos los ciudadanos puedan llevar a cabo su papel en la comunidad. Basta ya de transitar envueltos en una noche de tormenta y aguaceros, de hacer la voluntad de señores incongruentes que están encarnados en un pasado lleno de prohibiciones y artificios para conquistar y repartir miseria. Todos esperamos que de a luz un hecho transformador y que haga recapacitar a los que están montados en el carro del poder. Miremos hacia un mañana limpio, hacia un día soleado, donde todos seamos protagonistas y no espectadores.

Gracias y que Dios le bendiga.

Educación Cívica. Revista Vitral no. 87. Septiembre - Octubre de 2008.

2008-11-05

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