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Crónica del encuentro de jóvenes católicos, Pinar del Río-Verona 2017

por: Jorge Ignacio Guillén Martínez

 

El Encuentro de Jóvenes Católicos, Pinar del Río-Verona 2017, surge como una iniciativa para dar continuidad al intercambio con un grupo de jóvenes italianos que en el año 2016 acogieron en Verona a 6 jóvenes de nuestra diócesis, cinco de ellos de Candelaria y una de Guane, con el objetivo de participar en la JMJ en Cracovia.
Este encuentro ha sido posible gracias a la gestión de los sacerdotes italianos de la diócesis de Verona que nos acompañan en Pinar del Río y del Centro de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Verona, al trabajo del equipo de Pastoral Juvenil de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, al apoyo de nuestro obispo, y a la ayuda incondicional de muchas otras personas y familias que en todo momento se mostraron dispuestos a ofrecer su ayuda y acompañamiento.
En esta ocasión nuestra cita ha sido por 22 días, del primero al 22 de Agosto de 2017, y con el lema “conectando realidades” nos hemos movido por diferentes lugares y ambientes del Occidente del país, especialmente estuvimos en Candelaria, Matanzas y La Habana, incluyendo visitas a Pinar del Río, Mariel, Cabañas, Santa Cruz y otros lugares. Todo esto, con el fin de desarrollar una serie de actividades que permitieran responder a los objetivos fundamentales de este encuentro:

1. Favorecer el conocimiento de la realidad cubana
Al principio de la experiencia algunos pensamos que solo los jóvenes que venían de Italia eran quienes debían profundizar en el conocimiento de la vida real, pues los cubanos “sabemos de memoria nuestra realidad”. Sin embargo, puedo decir, como cubano, que el ejercicio de mostrar nuestra Cuba a quienes nos visitaban, se convirtió para algunos de nosotros en un verdadero proceso de redescubrimiento de nuestra realidad, un proceso de descodificación de complicadas fórmulas que a veces son “tan normales” que somos incapaces de verlas y de detenernos a pensar en ellas.
De ahí una de las grandes lecciones de estos días de intercambio con jóvenes de otro país y otra cultura, lo importante de mirar con detenimiento nuestra vida, lo que sucede en nuestro alrededor, con una mirada profunda que evite las superficialidades, pues detrás de lo aparentemente normal siempre podemos encontrar cosas nuevas, buenas o malas. A veces encontramos cosas bellas que nos hacen enamorarnos más de nuestra realidad, de nuestra Patria; y otras cosas que no son tan bellas y que también nos llaman a un compromiso, a una acción que ayude a resolver los problemas que encontramos.
De este modo, mostrar Cuba, además de redescubrirla en muchos sentidos, fue también amarla, un ejercicio de amor a la Patria, una compensación de cosas buenas y malas, una búsqueda de las verdaderas causas de los problemas que muchas veces nos hacen confundir a la Patria con un proceso político o con una línea o forma de pensamiento determinado.
Por otro lado, nunca faltan -cuando discutimos sobre los problemas y las cosas buenas de nuestro país- la diversidad de pensamiento y de criterios, diversidad que lejos de dividir y sembrar odio, en este caso ha sido usada, con la gracia de Dios, para enriquecer los diferentes puntos de vista, para comprender las diferentes posturas y para aprender a aceptarnos unos a otros más allá de nuestras formas de ver la vida y de vivirla. De esta manera, tanto los jóvenes de Cuba como los de Italia, hemos concluido un ejercicio en el que nuestra sensibilización hacia los problemas de las realidades cotidianas en las que nos desenvolvemos se ha visto reforzada, al mismo tiempo que crecimos en amor a nuestra respectiva Patria, país, cultura, gente y a nuestra Iglesia.

2. Fortalecer la relación entre los jóvenes de Italia y los cubanos
Sin lugar a dudas, una de las cosas más gratas y lindas que como fruto de nuestro intercambio surgió, fue la fuerte y sincera relación de amistad, y en algunos casos de amor. Una relación que nos permitió vivir a plenitud cada momento, en una verdadera comunidad de hermanos donde cada uno estaba para el otro en el momento que fuera necesario, donde ni el idioma, ni las diferentes maneras de pensar y vivir, ni las diferencias culturales o distintas opciones de vida pudieron frenar el florecimiento de los más auténticos lazos de cercanía, hermandad, agradecimiento, amor, confianza, y los deseos de estar juntos.
Resulta interesante, además, el rumbo en el que se dieron todas estas relaciones, pues nuestro intercambio fue importante no solo para unir a cubanos e italianos, sino que también entre el mismo grupo de los jóvenes cubanos pudimos apreciar una cercanía mayor a la que hasta este momento habíamos experimentado, lo mismo sucedió al interior del grupo de los italianos, que antes del encuentro muchos no se conocían, y luego del encuentro resultaron grandes amigos.
Cuba fue un ambiente ideal para que este grupo de jóvenes, viviera con alegría y apertura a los demás, un encuentro en la fe y en Cristo. Y a pesar de las situaciones difíciles que la propia realidad nos impuso, más allá de la amistad y del fortalecimiento de la relación que como jóvenes católicos nos une, muchos cosechamos una relación de familia, de verdaderos hermanos.

3. Misionar y salir al encuentro de diversas realidades
De manera especial, el encuentro ha sido una gran oportunidad para que italianos y cubanos conociéramos con profundidad la situación de muchos de los barrios más desfavorecidos de la zona de Cuba en la que estábamos. Una oportunidad para encontrar realidades de dolor, de tristeza y desesperanza, pero también para encontrar dentro de todas estas cosas el “tesoro escondido” que existe en cualquier realidad humana por más adversas que sean las condiciones de vida.
Una de las lecciones más importantes que nos llevamos de nuestras jornadas de misión en los barrios, fue aprender a mirar la pobreza desde una óptica distinta a la que estamos acostumbrados, cambiar la manera en que miramos y nos enfrentamos a las situaciones de miseria y precariedad que encontramos a nuestro andar. Especialmente, la idea de que todos los seres humanos valemos y tenemos dignidad por el simple hecho de existir y ser hijos de Dios, y esta realidad debe superar cualquier condicionamiento que la realidad imponga, pues cuando vamos con esta idea interiorizada, automáticamente miramos, pensamos y actuamos diferente a como muchas veces estamos acostumbrados.
Por otro lado, otra misión importante que vivimos fue entre italianos y cubanos, entre las distintas culturas y formas de ver la vida. Una misión que no necesitaba anuncio y que daba sus frutos a partir de la propia convivencia que tuvimos. Los italianos han misionado entre los cubanos, nos han dado esperanza, han hecho que amemos más a nuestra Patria y que tomemos conciencia de los problemas que tenemos y de la necesidad de que salgamos de la apatía, del inmovilismo, del adoctrinamiento; y demás realidades que nos llevan a perder las esperanzas, a no soñar, a darnos por vencidos y no creer en nuestra capacidad de cambio.
Del mismo modo los cubanos hemos misionado entre los italianos, invitándolos a salir de la comodidad en la que a veces se encuentran, a esforzarse por superar el individualismo imperante en su realidad, también a creer en su país y amar a su Patria, mostrándoles que por adversas que sean las situaciones de la vida cotidiana no debemos darnos por vencido, que siempre hay esperanza y que con nuestro pequeño aporte podemos cambiar pequeñas cosas a nuestro alrededor. Pequeñas cosas que a la larga formarán un gran cambio. 

2017-11-06