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Diócesis de Pinar del Río. Cuba

 
 “Toma tu Cruz y sígueme”
      Texto: Irvyn Hernández Llanes y Giselle Gómez González Fotos: Tania Gómez Rodríguez    

   Llegada de los signos de la Jornada Mundial de la Juventud

La llegada en horas de la tarde del 5 de noviembre de la Cruz peregrina y el icono de la Virgen, signos de la Jornada Mundial de la Juventud, a la Santa Iglesia Catedral de San Rosendo en Pinar del Río, fue un momento que marcó la historia de fe de toda una comunidad, en especial de sus jóvenes.
Provenientes de varias parroquias de la diócesis los fieles esperaban en el atrio de la Catedral. Inundados de júbilo y ansias ante la oportunidad y animados por el Padre Alejandro, asesor de la pastoral juvenil en Pinar del Río, los jóvenes agradecieron el haber vivido personalmente esta experiencia de la Redención del hombre y poder compartirla en cada uno de sus espacios.
La Eucaristía estuvo presidida por Mons. Jorge E. Serpa, Obispo de la diócesis y concelebrada por los sacerdotes de las zonas pastorales Nuestra Señora de las Nieves y San Rosendo. Monseñor, en la homilía, retomó la invitación de San Juan Pablo II al entregarle a los jóvenes la Cruz que presidiría las Jornadas Mundiales 33 años atrás, recordando que solo en Cristo muerto y resucitado encuentra la Salvación y la Redención para todos los hombres de buena voluntad. Con ese mismo espíritu el Obispo los llamó a que hicieran suyo el mensaje de Cristo: “Toma tu Cruz y sígueme”. Concluía deseándonos a todos vivir las palabras del profeta Jeremías al expresar: “¡Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir!”.
En un segundo tiempo tuvo lugar un momento de Adoración por parte de los grupos, donde cada uno de los creyentes al acercarse a la Cruz presentó de manera personal sus intenciones.
En horas tempranas del día 6 de noviembre, los símbolos, acompañados por el equipo diocesano de pastoral juvenil, fueron trasladados hacia las parroquias de Consolación, Los Palacios y Guanajay, donde tuvo lugar de igual forma una celebración especial.
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un evento organizado por la Iglesia Católica que convoca a los jóvenes de todo el mundo con el papa. Se realiza anualmente en cada diócesis del mundo el día de Domingo de Ramos, con una ceremonia principal en la Ciudad del Vaticano. Sin embargo, cada dos o tres años, se realiza un gran encuentro internacional realizado en una ciudad sede. Esta ceremonia es presidida por el papa. Este último encuentro, de varios días de duración (generalmente una semana), es el que se asocia habitualmente con el nombre de Jornada Mundial de la Juventud.
Esta iniciativa tuvo su origen en la idea del papa Pablo VI, que en el Año Santo de 1975 reunió en Roma a varios miles de jóvenes en representación de numerosos países, tras su participación en la "I Marcha Internacional de la Reconciliación Cristiana" que recorrió el camino de San Francisco, entre Asís y Roma. En 1984 durante el papado de Juan Pablo II se llevó a cabo una nueva convocatoria mundial, para incentivar la participación juvenil en la Iglesia, llegando a reunir a más de cinco millones de personas durante la edición de 1995, realizada en Manila, Filipinas.
En 1997, la Jornada Mundial dio un cambio transformándose en un festival para la juventud con una duración de tres días antes de la ceremonia final. De allí en adelante se ha organizado sucesivamente en París, Roma, Toronto, Colonia, Sídney y Madrid. La edición del año 2013, se celebró en la ciudad de Río de Janeiro, presidida por el papa Francisco. Allí se anunció que la próxima edición de la Jornada tendrá lugar en Cracovia, en el año 2016. Fue el mismo Francisco quien anunció que nombrará a Juan Pablo II el santo patrón de las JMJ, luego de su canonización.34 La próxima tendrá lugar en 2019 en la Ciudad de Panamá, según anunció Francisco en la ceremonia final que tuvo lugar en Cracovia.

Íconos de la JMJ

La Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud o Cruz de los Jóvenes es una cruz de madera de 3,8 m de altura entregada a los jóvenes por Juan Pablo II en la jornada de 1984 en Roma. El Papa encomendó a los jóvenes la tarea de llevarla por el mundo "como símbolo del amor de Jesús a la humanidad".19 En 2003 Juan Pablo II hizo entrega también de una imagen de la Virgen María para acompañar a la cruz en su peregrinación. Además de estar presentes en grandes encuentros, los dos símbolos realizan un recorrido visitando las diócesis católicas como preparación de estos eventos. En Australia comenzaron en julio de 2007 un itinerario por todo el país con relevos al estilo de la antorcha olímpica.

Signos de la Jornada Mundial de la Juventud peregrinan por las parroquias de Consolación del Sur y Los Palacios

Dos hermosas eucaristías tuvieron lugar este 6 de noviembre en las parroquias de Nuestra Señora de la Candelaria, Consolación del Sur y Jesús Nazareno en Los Palacios al ser recibidas en dichas comunidades los signos que identifican a la Jornada Mundial de la Juventud: la Cruz de madera maciza, sin clavos, y el ícono con la imagen María Salus Populi Romani, cuya traducción al español es Salvadora del pueblo romano.
Es primera vez en la historia de la iglesia cubana que se reciben dichos signos los cuales fueron bendecidos por san Juan Pablo II en Roma, el 22 de abril de 1984, recordándoles a los jóvenes que solo en Cristo muerto y resucitado se encuentra la salvación y redención para todos hombres de buena voluntad.
Los mismos han peregrinado por varias culturas y muchos países visitando prisiones, hospitales, centros de acogida para los desfavorecidos, etcétera. No han sido venerados solo por católicos, sino también por protestantes y musulmanes.
Durante el desarrollo de las misas muchas personas, en especial jóvenes, derramaron lágrimas y otros se arrodillaron en señal de respeto frente a tan santísimos símbolos que nos invitan a redescubrir la espiritualidad de la peregrinación e ir en búsqueda de Jesús como símbolo de amor hacia nuestra humanidad. Oraciones y plegarias fueron realizadas una vez concluidas las ceremonias.
Damos gracias a Dios por haber recibido tan grande bendición.   

2017-11-16 

 







 Crónica del encuentro de jóvenes católicos, Pinar del Río-Verona 2017
      por: Jorge Ignacio Guillén Martínez    

   El Encuentro de Jóvenes Católicos, Pinar del Río-Verona 2017, surge como una iniciativa para dar continuidad al intercambio con un grupo de jóvenes italianos que en el año 2016 acogieron en Verona a 6 jóvenes de nuestra diócesis, cinco de ellos de Candelaria y una de Guane, con el objetivo de participar en la JMJ en Cracovia.
Este encuentro ha sido posible gracias a la gestión de los sacerdotes italianos de la diócesis de Verona que nos acompañan en Pinar del Río y del Centro de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Verona, al trabajo del equipo de Pastoral Juvenil de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, al apoyo de nuestro obispo, y a la ayuda incondicional de muchas otras personas y familias que en todo momento se mostraron dispuestos a ofrecer su ayuda y acompañamiento.
En esta ocasión nuestra cita ha sido por 22 días, del primero al 22 de Agosto de 2017, y con el lema “conectando realidades” nos hemos movido por diferentes lugares y ambientes del Occidente del país, especialmente estuvimos en Candelaria, Matanzas y La Habana, incluyendo visitas a Pinar del Río, Mariel, Cabañas, Santa Cruz y otros lugares. Todo esto, con el fin de desarrollar una serie de actividades que permitieran responder a los objetivos fundamentales de este encuentro:

1. Favorecer el conocimiento de la realidad cubana
Al principio de la experiencia algunos pensamos que solo los jóvenes que venían de Italia eran quienes debían profundizar en el conocimiento de la vida real, pues los cubanos “sabemos de memoria nuestra realidad”. Sin embargo, puedo decir, como cubano, que el ejercicio de mostrar nuestra Cuba a quienes nos visitaban, se convirtió para algunos de nosotros en un verdadero proceso de redescubrimiento de nuestra realidad, un proceso de descodificación de complicadas fórmulas que a veces son “tan normales” que somos incapaces de verlas y de detenernos a pensar en ellas.
De ahí una de las grandes lecciones de estos días de intercambio con jóvenes de otro país y otra cultura, lo importante de mirar con detenimiento nuestra vida, lo que sucede en nuestro alrededor, con una mirada profunda que evite las superficialidades, pues detrás de lo aparentemente normal siempre podemos encontrar cosas nuevas, buenas o malas. A veces encontramos cosas bellas que nos hacen enamorarnos más de nuestra realidad, de nuestra Patria; y otras cosas que no son tan bellas y que también nos llaman a un compromiso, a una acción que ayude a resolver los problemas que encontramos.
De este modo, mostrar Cuba, además de redescubrirla en muchos sentidos, fue también amarla, un ejercicio de amor a la Patria, una compensación de cosas buenas y malas, una búsqueda de las verdaderas causas de los problemas que muchas veces nos hacen confundir a la Patria con un proceso político o con una línea o forma de pensamiento determinado.
Por otro lado, nunca faltan -cuando discutimos sobre los problemas y las cosas buenas de nuestro país- la diversidad de pensamiento y de criterios, diversidad que lejos de dividir y sembrar odio, en este caso ha sido usada, con la gracia de Dios, para enriquecer los diferentes puntos de vista, para comprender las diferentes posturas y para aprender a aceptarnos unos a otros más allá de nuestras formas de ver la vida y de vivirla. De esta manera, tanto los jóvenes de Cuba como los de Italia, hemos concluido un ejercicio en el que nuestra sensibilización hacia los problemas de las realidades cotidianas en las que nos desenvolvemos se ha visto reforzada, al mismo tiempo que crecimos en amor a nuestra respectiva Patria, país, cultura, gente y a nuestra Iglesia.

2. Fortalecer la relación entre los jóvenes de Italia y los cubanos
Sin lugar a dudas, una de las cosas más gratas y lindas que como fruto de nuestro intercambio surgió, fue la fuerte y sincera relación de amistad, y en algunos casos de amor. Una relación que nos permitió vivir a plenitud cada momento, en una verdadera comunidad de hermanos donde cada uno estaba para el otro en el momento que fuera necesario, donde ni el idioma, ni las diferentes maneras de pensar y vivir, ni las diferencias culturales o distintas opciones de vida pudieron frenar el florecimiento de los más auténticos lazos de cercanía, hermandad, agradecimiento, amor, confianza, y los deseos de estar juntos.
Resulta interesante, además, el rumbo en el que se dieron todas estas relaciones, pues nuestro intercambio fue importante no solo para unir a cubanos e italianos, sino que también entre el mismo grupo de los jóvenes cubanos pudimos apreciar una cercanía mayor a la que hasta este momento habíamos experimentado, lo mismo sucedió al interior del grupo de los italianos, que antes del encuentro muchos no se conocían, y luego del encuentro resultaron grandes amigos.
Cuba fue un ambiente ideal para que este grupo de jóvenes, viviera con alegría y apertura a los demás, un encuentro en la fe y en Cristo. Y a pesar de las situaciones difíciles que la propia realidad nos impuso, más allá de la amistad y del fortalecimiento de la relación que como jóvenes católicos nos une, muchos cosechamos una relación de familia, de verdaderos hermanos.

3. Misionar y salir al encuentro de diversas realidades
De manera especial, el encuentro ha sido una gran oportunidad para que italianos y cubanos conociéramos con profundidad la situación de muchos de los barrios más desfavorecidos de la zona de Cuba en la que estábamos. Una oportunidad para encontrar realidades de dolor, de tristeza y desesperanza, pero también para encontrar dentro de todas estas cosas el “tesoro escondido” que existe en cualquier realidad humana por más adversas que sean las condiciones de vida.
Una de las lecciones más importantes que nos llevamos de nuestras jornadas de misión en los barrios, fue aprender a mirar la pobreza desde una óptica distinta a la que estamos acostumbrados, cambiar la manera en que miramos y nos enfrentamos a las situaciones de miseria y precariedad que encontramos a nuestro andar. Especialmente, la idea de que todos los seres humanos valemos y tenemos dignidad por el simple hecho de existir y ser hijos de Dios, y esta realidad debe superar cualquier condicionamiento que la realidad imponga, pues cuando vamos con esta idea interiorizada, automáticamente miramos, pensamos y actuamos diferente a como muchas veces estamos acostumbrados.
Por otro lado, otra misión importante que vivimos fue entre italianos y cubanos, entre las distintas culturas y formas de ver la vida. Una misión que no necesitaba anuncio y que daba sus frutos a partir de la propia convivencia que tuvimos. Los italianos han misionado entre los cubanos, nos han dado esperanza, han hecho que amemos más a nuestra Patria y que tomemos conciencia de los problemas que tenemos y de la necesidad de que salgamos de la apatía, del inmovilismo, del adoctrinamiento; y demás realidades que nos llevan a perder las esperanzas, a no soñar, a darnos por vencidos y no creer en nuestra capacidad de cambio.
Del mismo modo los cubanos hemos misionado entre los italianos, invitándolos a salir de la comodidad en la que a veces se encuentran, a esforzarse por superar el individualismo imperante en su realidad, también a creer en su país y amar a su Patria, mostrándoles que por adversas que sean las situaciones de la vida cotidiana no debemos darnos por vencido, que siempre hay esperanza y que con nuestro pequeño aporte podemos cambiar pequeñas cosas a nuestro alrededor. Pequeñas cosas que a la larga formarán un gran cambio.   

2017-11-06 

 







 “Yo soy la resurrección y la vida”. Eucaristía en el cementerio en la Conmemoración de los Fieles Difuntos
      Texto y foto: Tania Gómez Rodríguez    

   Cementerio Católico. Diócesis de Pinar del Río, 2 de noviembre de 2017./ Gracias a Dios hemos podido rescatar la tradición de celebrar la Eucaristía en el Cementerio cada 2 de noviembre. Como en muchos lugares del país, cuando la Iglesia conmemora los Fieles Difuntos, los habitantes de la ciudad de Pinar del Río presentes en el Campo Santo de la calle Alameda, conocido por generaciones como el Cementerio Católico, se unieron en oración por los familiares y amigos difuntos.

La Eucaristía estuvo presidida por Mons. Jorge E. Serpa, Obispo de la diócesis, quien nos recordaba en la Homilía que la vida es un camino de encuentro con Dios: con Dios que Resucita y nos invita a resucitar con Él. En medio del silencio que nos rodea- destacaba el Obispo- se nota el respeto por lo que vivimos y el dolor por la pérdida de los seres queridos, pero nuestra fe es en un Dios Vivo, que ni siquiera la muerte nos puede alejar de Él que nos ama, y eleva al hombre creado por sus manos a la condición de hijos.

Recorrer las calles del cementerio en un día como éste nos permite recordar que todos somos iguales a los ojos de Dios. A nuestro lado caminaban personas de diferentes credos, ideologías, colores, niveles de vida, pero con un mismo sentimiento de amor por aquellos que nos precedieron en el camino hacia la Casa Paterna. Y sobre todo, la certeza de que allí donde el cuerpo reposa, no está la última palabra.   

2017-11-02 

 







 “La vida que quiero vivir”
      Texto y Fotos: Manuel Alejandro García Morales    

   Casa de Nuestra Señora de Loreto, Diócesis de Pinar del Río, Sábado, 21 de octubre de 2017. Con la participación de animadores de toda la diócesis tuvo lugar el XVI Taller Diocesano de Formación para animadores del Programa Aprendiendo a Crecer de Cáritas, el cual se encarga del trabajo con personas discapacitadas y sus familias.

El encuentro comenzó con la oración de la mañana, esta vez animada por el Diácono José Vicente Concepción Robaina, Director de Cáritas Diocesana de Pinar del Río. En el evento se presentaron tres temas los cuales estuvieron a cargo de Pedro Rodríguez Moreno, Coordinador del Programa Aprendiendo a Crecer, Deysi Riverol López y Aracelys Martínez Regalado, miembros del equipo de formación diocesano del mencionado programa. Los temas impartidos consistieron en técnicas para adquirir y para acompañar a otros hacia una vida mejor, con los nombres “La vida que quiero vivir”, “Elementos claves para un perfil” y “El voluntariado dentro del Programa Aprendiendo a Crecer”, los cuales permitieron a los presentes su enriquecimiento personal y facilitó herramientas para un mejor servicio a los beneficiarios y sus familias.

Fue esta una jornada muy provechosa, pues no solo se limitó a impartir los temas sino que propició el debate y análisis por parte de los presentes que de manera continua expresaban sus propias experiencias vividas en sus localidades.   

2017-10-30