Lee e interpreta la Palabra

por: Pedrojosé Ynaraja

FE-ESPERANZA-AMOR

1. Que dice el texto:
Juan 15,9-17

Como el Padre me ama a mí, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa". "Éste es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qué hace su señor; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre. No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros; y os designé para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: amaos unos a otros".

2. Qué me dice el texto:
1.- Cuando uno peregrina a Tierra Santa y espera que como resultado de sus andanzas, consiga crecer en el conocimiento de la Biblia y por ende también en su vida cristiana, y abre los ojos, los de la cara y los de su espíritu, a todo lo que pueda facilitar este crecimiento, en algunas ocasiones se siente decepcionado. Ni el paisaje, ni la arquitectura, ni la vegetación, nada de lo que observa, le resulta provechoso. Una de estas circunstancias es la visita a Cesarea. Arena, mucha, murallas también, cactus, más de los que a uno le interesan, llegaron a estas tierras procedentes de tierras americanas, dicho para aquel que no lo sepa.

2.- Se trata de una antigua población que fue residencia del gobernador romano, puerto de mar, la primera “cátedra de teología cristiana” y un montón de cosas más. Pero resulta que lo que recorre el caminante le impresiona, sí: murallas, acueducto, playa inmensa, estatuas colosales, etc. Tanta es la enormidad de lo que observa y tanto el calor que hace al mediodía, que se siente apocado y ni se llega a preguntar ¿para qué vengo yo aquí? ¿Qué importancia para mi peregrinación tiene este lugar? Como máximo, se le ocurre mire al Mediterráneo e imagina y recuerda, que después del horizonte que se le ofrece a la vista, está Roma, donde fue conducido Pablo para ser juzgado y más tarde condenado. Tal vez lo mejor sea que no se inquiete y deje el provecho que hubiera esperado, para meditarlo en casa.

3.- En Cesarea vivía un centurión noble e inquieto, llamado Cornelio. Hacia el norte, en Lod, por aquellos días, se encuentra Pedro. Se aloja en casa de un tal Simón el curtidor. Ha llegado respondiendo a la solicitud de piadosas gentes del lugar. En un momento de descanso y soledad, una visión le asombra e interpela. No es ahora momento de describirla. Fiel a lo que se le pide, se desplaza acompañado de la embajada que del sur le ha llegado más tarde y llega a casa del buen militar, del piadoso militar, que ruega a Dios con frecuencia.

4.- Hoy me toca, mis queridos jóvenes lectores, referirme a este extranjero, miembro de las fuerzas de ocupación, políticamente, pues, un hombre molesto. Pero a los ojos de Dios, un alma a la que Pedro va a atender. Como veis, y sin que explícitamente lo diga el texto, el Señor no hace distingos en política, ni aun en actitudes religiosas. Cornelio es acogedor, no le envía ni a un mesón, ni al cuartel donde se aloje. Le recibe él en su domicilio, participando en la hospitalidad la familia entera.

5.- Le ha ocurre entonces al romano y su familia, algo asombroso, que el Apóstol identifica con lo que le pasó a él y a los suyos aquel Pentecostés. Eran muchos los que aquel día se habían refugiado, unos 120 dice el texto, aquí son bastantes menos, pero la experiencia idéntica. Unos son fieles seguidores del Camino marcado por el Maestro, otros puñadito de fervorosos gentiles, en teoría, lejanos a la descendencia de Abraham, en realidad, como se demuestra, análogos. Observad, mis queridos jóvenes lectores, que si la piedad del centurión le inclina a recibirlo con gestos de adoración, la humildad de Pedro le indica que le debe tributar esos honores solo a Dios.

6.- Ante gente así, judíos cristianos y gentiles extranjeros, estos últimos empapados del Espíritu Santo sin haber recibido evangelización precedente, sin solicitarlo siquiera, ni imaginarlo, se sienten llenos de Gracia. El mismo Pedro lo reconoce y cambia su actitud. ¿Cómo no va a obrar diferente de lo que hasta entonces acostumbraba, si Dios se le ha adelantado, rompiendo los moldes que a él le parecían inmutables? Fiel al designio cambiará su proceder, pese a que le causará futuros problemas.

(Dicho de otra manera y con lenguaje de nuestro tiempo, esta gente, aparentemente enemiga del pueblo escogido, ignorante de que Dios-Padre ha enviado su Hijo al mundo para salvarlo, ha recibido la Confirmación, sin haber sido previamente bautizados, ni haber hecho la “primera comunión” ¡anda ya!)

7.- Pero, no hay que olvidarlo, el apóstol no se queda pasivo observando la acción de Dios en ellos. Colabora con la iniciativa divina y les otorga, tal como lo había indicado el Maestro, el bautismo. Y observad también, mis queridos jóvenes lectores, el bautismo lo recibe Cornelio y también los suyos, sin esperar a que por cuenta propia, se decidieran los demás, en llegando a la madurez, a solicitarlo.

8.- La corta segunda lectura es preciosa porque, además de la elegancia del lenguaje, expresa el cogollo de la Fe, que es la Caridad. Encanta a muchos, la he oído proclamar en celebraciones matrimoniales, ahora bien, es preciso saber que el amor al que se refiere Juan, es el Amor de Caridad, no un amor cualquiera, de bajo calibre, de pequeña intensidad, privado de compromiso. Que por ignorarlo, por empeñarse en desconocerlo y creer que se trata de simple sentimiento o sincero atractivo, da tan ínfimos resultados.

9.- El texto evangélico remacha el clavo. Amor no es cualquier mirada simpática o conmiseración romántica. Amor es lo que hay entre Dios-Padre y su Hijo Unigénito Jesucristo. En este Amor quiere introducirnos Jesucristo, a este Amor quiere que seamos fieles, viviéndolo como en la intimidad de Dios lo vive Padre-Hijo-Espíritu. Baja a detalles y afirma que somos escogidos, que debemos sentirnos seleccionados, no por habernos presentado con un currículo de méritos para solicitar la entrada, sino por pura iniciativa de Él. Y añade que no se limita a ser compañero, colega o pareja. Es muchísimo más y así quiere que nosotros lo seamos. Permanecemos en su amistad y prueba de ello es que ha compartido con nosotros el encargo recibido del Padre. ¿Quién da más?

3. A qué me compromete el texto
Y dicho sea de paso, nuestra amistad con los demás ha de ser de esta misma particularidad. Creemos en un Dios y Señor nuestro Jesucristo, que es amigo comunicativo, no seamos nosotros con los demás, reservados y desconocidos compañeros de camino.