Lee e interpreta la Palabra

por: Pedrojosé Ynaraja

LA VERDAD DE VERDAD

1. Que dice el texto:
Lucas 24,35-48

"Ellos contaron lo del camino y cómo lo reconocieron al partir el pan. Estaban hablando de todo esto, cuando Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con vosotros". Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Él les dijo: "¿Por qué os asustáis y dudáis dentro de vosotros? Ved mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo". Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como ellos no creían aún de pura alegría y asombro, les dijo: "¿Tenéis algo de comer?". Le dieron un trozo de pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Luego les dijo: "De esto os hablaba cuando estaba todavía con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos". Entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras. Y les dijo: "Estaba escrito que el mesías tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que hay que predicar en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas."

2. Qué me dice el texto:
1.- La cosa viene de antiguo. Decía Ignacio de Loyola: entrar con la suya para salir con la nuestra" que, aunque se parece, no es lo mismo que lo de Pablo: hacerse todo a todos para ganar a algunos (1Cor 9,22). Lo advierto porque lo segundo es revelado y lo primero no.

El contenido de las tres lecturas de la misa del presente domingo, mis queridos jóvenes lectores, podríamos dividirlo en dos grupos. En el primero están las dos primeras, el segundo corresponde exclusivamente al texto evangélico.

2.- Vamos al grano, pues .Aunque no se haya estudiado márquetin, salta a la vista que el discurso de Pedro es inoportuno e imprudente. A ningún político de turno, líder de un partido nuevo, se le ocurriría tal lenguaje. Ni un comerciante que exhibiera sus novedades, se expresaría de tal forma. Pedro se ensaña con sus oyentes acusándolos con ferocidad. Era de esperar, pues, que se le fueran los presentes. Pero no lo hicieron. Les irritaba lo que les decía, pero se expresaba con sinceridad y acierto. Lo acertado no era el modo, sino el contenido del discurso.

3.- Si lo lógico hubiera sido que se hubieran alejado ¿por qué no lo hicieron? Pedro estaba hablando como cualquier anónimo rabino pudiera hacerlo en el “Speakers Corner” del Hyde Park de aquel tiempo, que lo era sin duda, la amplia explanada del Templo, la que llamamos atrio de los gentiles. El apóstol era sincero y dotado su interior de la gracia, más concretamente, y en lenguaje teológico, provisto de los carismas que se le otorgaron a la primitiva comunidad. Sabemos que la de Jerusalén además, tenía conocimiento del valor de la oración y de la asistencia del Espíritu y vivía de acuerdo con ello y no exclusivamente de las cualidades del orador de turno, o de la fama que se haya ganado quien se empina en cualquier estrado.

4.- Aceparon los que le escuchaban, fueron nobles y humildes, era sin duda gente sencilla y buena. Añade a continuación que su mal obrar tiene la excusa de su ignorancia. Respiran ellos consolados. Menciona Pedro el pecado. Aquí quería llegar. Esta palabra y concepto no se usa hoy. Ante cualquier proceder adverso, se acude siempre a calificarlo de ignorancia o enfermedad mental. ¡pobre mundo nuestro! Si cuesta mucho enseñar y reconocerse incompetente, mucho más irrita ser considerado un trastornado. Tienen difícil y no inmediato remedio tales males. Reconocerse y aceptar ser pecador, abre horizontes de perdón, ilumina el porvenir de Esperanza.

5.- Sin duda, sentirse impregnado de pecado, puede conducir a la desesperación. Juan lo sabe y él también hablando inspirado, nos dice en un párrafo del texto de hoy: “os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero”.

6.- Me he encontrado más de una vez que incluso gente de Iglesia, se niega a reconocer que alguien puede ser pecador. Estas niñas no pueden cometer pecados, si solo tienen trece o catorce años, me decía un día una catequista religiosa. Solo cometen faltas, me advertía. Aquellas preciosas adolescentes eran capaces de mentir, de fomentar la vanidad, de no cumplir con su deber de estudiar, de desobedecer y ofender a sus progenitores, entre otras cosas. Pecado sin duda, de acuerdo con su talla. Para ser pecador como un criminal nazi, es preciso tener mucho poder y grandes facultades, amén de edad madura. A personalidades pequeñas e incipientes, les corresponden pecados menores y no demasiado ofensivos, pero auténticos pecados, a su medida. La innata inclinación que pueda tener un enfermo mental, tiene difícil remedio. El pecado, si existe arrepentimiento y con la gracia de Dios, puede ser perdonado definitiva y totalmente.

7.- La escena del evangelio está cargada de simpatía. Jesús resucitado no se aparece para atemorizar. Llega para alegrar y ellos los apóstoles no saben avenirse a esta realidad que les era desconocida. Habían oído hablar de apariciones, la de la nigromante del pie del Tabor, que habló al rey Saul, la del ángel a Abraham, que estaba a punto de degollar a su hijo Isaac, ambas les serían conocidas. De los espíritus que inundaban las noches de tempestad también imaginarían algo desde pequeños. Espíritus, fantasmas, espectros, duendes, también a nosotros nos han contado mil y una historias ¿Quién sabe cómo son? Tampoco importa demasiado.

8.- Jesús resucitado es experto instructor. Que le den algo de comer y se convencerán de que no es un zombi. Le dan, según el texto litúrgico, pescado asado, según otras versiones, acompañado de miel, cosa muy verosímil que tuvieran ellos, gente de aquel tiempo y lugar. No necesita alimentarse un resucitado, comer es sencilla muestra de humanidad y a esta señal acude el Señor. Convencidos como están acude a doctrinas que les había predicado en su época histórica. Se sienten cómodos escuchándole. Aceptan su mensaje y advertencia. Es preciso que prediquen la conversión y el perdón. Se lo dijo a ellos. Nos lo dice a nosotros.

9.- Quiero advertiros ahora, mis queridos jóvenes lectores, que los que le escuchaban no eran los once apóstoles. Seguramente, muchos de vosotros recordaréis el relato de los discípulos que yendo camino de Emaús, se encontraron con Él y con Él hicieron interesante ruta. Educados, hospitalarios y generosos, le habían invitado a quedarse a dormir en su domicilio familiar. Se dio a conocer entonces a los presentes, que, con seguridad, además de los dos, les acompañaría sus familias. (Muchos artistas plasman el acontecimiento completando la escena y pintan los que imaginarían estarían presentes, esposas, hijos y hasta la suegra de alguno de ellos. ¡No faltaba más! Otros tal vez para ahorrase trabajo se contentan con diseñar a los sólo tres)

10.- Se les dio a conocer y ellos le reconocieron. No se quedaron encerrados en casa a celebrarlo, acabando de cenar juntos. Abandonaron a los suyos y se fueron corriendo a anunciarlo a los apóstoles, por si no se habían enterado de que el Maestro vivía. Después del fracaso del Calvario, había que proclamarlo de inmediato, pese a que estarían cansados de la caminata.

3. A qué me compromete el texto
Después del fracaso de nuestra decadente cultura occidental y de la dejadez y abandono de la religiosidad que le es tan propia, a vosotros, y a mí sin duda, nos toca compartir vivencias, Fe y Gracia, mis queridos jóvenes lectores. No hacerlo es desilusionar a Cristo y abandonarlo, No ser misioneros, además de perezosos, tacaños e ingratos, es ser anticuados, cristianamente considerado.