Lee e interpreta la Palabra

por:P. Pedrojosé Ynaraja

COMPORTAMIENTOS ANTIGUOS Y ACTUALES

1. Que dice el texto:
Éxodo 22, 21-27

No harán daño ni a la viuda ni al huérfano. Si ustedes lo hacen, ellos clamarán a mí, y yo escucharé su clamor, se despertará mi enojo y a ustedes los mataré a espada; viudas quedarán sus esposas y huérfanos sus hijos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre, que tú conoces, no serás como el usurero, no le exigirás interés.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo y para acostarse; si no, ¿cómo podrá dormir? Si no se lo devuelves, él clamará a mí, y yo lo escucharé porque soy compasivo.
No blasfemarás contra Dios y no maldecirás al jefe de tu pueblo.

2. Qué me dice el texto:
1.- Muchas veces oigo decir que no gusta leer el Antiguo Testamento porque todo son luchas, venganzas, violencia y ambición. Y lo malo es que en todo ven o creen que está implicado Dios, que lo aprueba, que le gusta tales comportamientos. Quienes lo dicen, generalmente, solo han leído textos de los que llamamos históricos y si solo conocen estos, evidentemente, no carecen de alguna razón.

2.- Yo no os digo, mis queridos jóvenes lectores, que os traguéis de golpe los libros sapienciales, ni que os entretengáis en tratar de entender los múltiples preceptos y ritos que describen algunos libros. Ni las pesadas genealogías que se incluyen. Pero no juzguéis apresuradamente todos los contenidos. Muchos preceptos que se dan, tienen vigencia, hoy, con tal de que sepamos traducir a nuestros tiempos los criterios que vigían, las costumbres que impregnaban sin remedio, aquellas culturas, sus normas sociales y la de los pueblos del entorno. A veces cuesta muy poco, otras exigen estudio, no os lo niego.

3.- El texto de la primera lectura de la misa de hoy, nos habla de cómo se debe acoger al extranjero, de cómo aceptar al emigrante, cómo tratar al marginado, como atender al que ha sido víctima de una desgracia imprevista, de una situación catastrófica. Sirven hoy en nuestra actualidad, las normas que se dan, son oportunas, todavía hoy. Nadie lo puede negar.

4.- Yo no sé cuánto durará el fenómeno, pero sabréis mejor que yo, que concentraciones y manifestaciones que hoy en día acontecen, no se anuncian a toque de campana o de trompeta. Ni se convocan mediante reuniones de socios, de clubs, de sindicatos o de asociaciones de vecinos. Se comunican y animan a acudir, mediante cortos mensajes, sean SMS o los WhatsApp. Uno se entera hoy de lo que hace o piensa, o se propone hacer un vecino, o el habitante de las antípodas, casi antes de que empiecen a suceder. Y nadie niega lo útiles que son.

5.- ¡Cómo hubiera disfrutado San Pablo, de haber dispuesto de estos medios, de toda esta manera de comunicar, que tenéis vosotros, mis queridos jóvenes lectores! Ahora bien, pienso yo ¿os transmitís los logros de una conversación que ha podido corregir los errores de un compañero, o los desánimos y frustraciones que le llevaban a la desesperación a otro? ¿Os contáis vuestros éxitos respecto a lo que os habíais propuesto para mejorar los ambientes por los que os movéis? ¿Estáis enterados de las andanzas, aventuras y peligros por los que pasan vuestros amigos o compañeros de ideales?

6.- Si comunicáis de inmediato quien ha subido a un podio, quien ha ganado un trofeo, qué equipo ha triunfado o qué partido ha ganado unas elecciones y nada decís de los que han vuelto a la Fe, de los que colaboran con Caritas, o de los que se ofrecen a voluntarios a acompañar enfermos, a entretener y educar niños marginados y a nadie comunicáis los logros y crecimiento de la Fe, es que os falta todavía generosidad y tener clara escala de valores. Mirad, analizad, imitad lo que Pablo dice de los de Tesalónica, de su comportamiento, de sus vivencias.

3. A qué me compromete el texto
7.- Cuando uno se entera de que han derrotado al que consideraba su enemigo o adversario, le parece que está más próximo su triunfo y ya empieza a satisfacer su orgullo. Algo así es lo que les pasaba a este grupo de fariseos, cuando se enteraron de que sus contrarios, los saduceos, habían hecho el ridículo al querer desprestigiar a Jesús. Se acercan y arguyen con maestría, como buenos intelectuales y listos que son. La respuesta de Jesús no es brillante, no se ufana de sus conocimientos eruditos, les dice simple y llanamente la verdad, tan simple y llanamente que no pueden indignarse, no pueden atacarle. Ante los oyentes circunstanciales, no les tocaba más que callar. Y “hacer mutis por el foro”, como se dice, o se decía, vete a saber, en lenguaje teatral...

¿Buscáis vosotros, mis queridos jóvenes lectores, pronunciaros con sencillez aunque por ello a nadie deslumbréis? ¿Os contentáis con decir la verdad sin que se satisfaga vuestra vanidad?