Lee e interpreta la Palabra

por:P. Pedrojosé Ynaraja

AGUA-AMOR-MISIÓN

1. Que dice el texto:
Juan 4, 5-42

Y fue así como llegó a un pueblo de Samaría, y fue así como llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra de Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob.
Jesús, cansado por la caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber" Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer.
La samaritana le dijo: "¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?" (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría".
Ella le dijo: "Señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?"
Jesús le dijo: "El que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna".
La mujer le dijo: "Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua." Jesús le dijo: "Vete, llama a tu marido y vuelve acá."
La mujer contestó: "No tengo marido". Jesús le dijo: "Has dicho bien que no tienes marido, pues has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad."
La mujer contestó: Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasado siempre vinieron a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?"
Jesús le dijo: "Créeme, mujer: Llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en Jerusalén". Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad."
La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías (que es el Cristo), está por venir; cuando venga nos enseñará todo." Jesús le dijo: "Ese soy yo, el que habla contigo."
En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella. la mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste e Cristo?" Salieron, pues, del pueblo y fueron a verlo.
Mientras tanto los discípulos le insistían: "Maestro, come" pero él les contestó: "El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen." Y se preguntaban si alguien le habría traído de comer. Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen: "dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar" ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarilletnos para la siega. El segador ya recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador.
Aquí vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha.
Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes se han aprovechado de su trabajo."
Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: "El me ha dicho todoo lo que he hecho."
Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron al oír su palabra, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo."

2. Qué me dice el texto:
1.- Reviso antes de empezar a redactar este mensaje que os envío semanalmente, mis queridos jóvenes lectores, el texto del evangelio de Juan que nos ofrece la liturgia de este domingo. Es puro capricho en este caso. Compruebo que la versión antigua decía manantial y la de ahora pone pozo, que es más tradicional. Pues bien, os advierto que ni una ni otra corresponden a la realidad. Los manantiales que conozco desde mi niñez y los pozos que también desde antiguo he visto, no coinciden con la estructura del que allí había, donde acudió aquella mujer y se encontró de sopetón con el Señor. Hay que moverse por el desierto para observar como son los que todavía hoy excavan, conservan y utilizan los beduinos, para hacerse una idea plástica de cómo era el de la escena del relato de hoy.

2.- En la actualidad, para situar un lugar con exactitud, se dan las coordenadas geográficas, obtenidas mediante un GPS. En este caso es suficiente que se nos diga que se trataba del pozo de Jacob, para que nadie dude. El lugar desde antiguo era inconfundible. Por allí, a 500m se encontró Abraham con la Divinidad y se enteró de que Dios era un ser personal, comunicativo, amigo. A unos 200m está la tumba del patriarca José. A uno y otro lado se elevan dos montañas significativas: el Garizín y el Ebal. A su pie, en este suave collado, Josué levantó una piedra que fue reclamo de la fidelidad del pueblo que allí se comprometía. En Siquem, muy cerca, fue violada Dina y destruido a continuación el poblado con sus habitantes. A 11Km estaba la que fue la capital del Reino del Norte. La visita a este lugar, mis queridos jóvenes lectores, es una de las más ricas que puede hacer el viajero interesado o el peregrino.

3.- Centrémonos en el pozo escenario del relato. No había máquinas excavadoras por aquel entonces, los usuarios de estas fuentes acostumbraban a ser, además de simples vecinos de la comarca, como nuestra protagonista de hoy, segunda en el reparto, pastores con sus rebaños, más los viajeros que con sus jumentos venían de la Alta galilea y se dirigían hacia el Reino del Sur: Judea y Jerusalén, su capital. Dicho lo cual, debéis imaginar un gran agujero, un enorme socavón, tal vez con escalones en sus paredes, en el fondo un llano de menos radio y ya allí, a algunos metros de profundidad el agua que tanto apetecían. Era agua viva. La palabra no coincide exactamente con el sentido de potable que empleamos ahora. Un gran depósito, un aljibe, puede acumular agua muy apta para el consumo, pero no es agua viva, para gozar de tal título, además de bebible, debe ser transparente y moverse, formar parte de una corriente.

4.- En el lugar, no hay otra fuente de agua viva, como os he dicho. Acudiendo a tiempos recientes os explico que se empezó a edificar una gran basílica. Eran los años del inicio del siglo XX, a expensas de Rusia, que la revolución bolchevique paralizó. En varias ocasiones había visto los muros perimetrales de no más de 4 o 5 metros de altura, según creo recordar. Últimamente se ha acabado y es impresionante su aspecto, bello y asombroso. Otro día me detendré con más explicaciones.

5.- El relato os lo voy a comentar como suena. Tal vez oigáis explicaciones de otra índole. Sucede con los textos de Juan, que merecen comentarios diversos. Es algo semejante a que de una zona se puede contar como es su población, como su clima, su gastronomía… y todo será verdad, pero diferente. Creemos saberlo todo y puede venir uno y hablarnos de las auroras boreales que se contemplan. También puede ser cierto, sin anular lo anterior.

6.- Jesús se queda solo. No era frecuente que lo hiciera al mediodía, ni en sitio frecuentado, pero esta vez ocurrió así. Su soledad duró poco. Se acerca esta lugareña y Él no la ignora, no pasa de ella, se diría también. A Él cualquier persona le importa, aunque su pinta no sea atractiva. Nosotros, cuando nos atrevemos a hacerlo, nos limitamos a comentar algo sobre el clima, si lloverá, o si hace calor o frío. El Maestro es más atrevido: pide. ¡Anda ya! ¿¡Qué se ha creído este!? Pensaría para sus adentros la mujer. Pero le picó la curiosidad. Era una espabilada y atrevida, cosa poco frecuente en aquel tiempo. No por serlo, sino por atreverse a manifestarlo.

(Por aquel mismo lugar iba yo un día en un auto de línea. Subió un palestino con su esposa que no dijo ni pío. Si siquiera saludó al entrar, ni al salir del vehículo. En otras ocasiones, por estas mismas tierras, he observado conductas semejantes)

Entra al trapo Él y ella dice:

-- ¿Cómo tú te diriges a mí?

(Judíos y samaritanos no se hablan. Son de la misma familia, semitas ambos, pero rencores antiguos imperan)

Si una es audaz, el Maestro no da muestras de timidez.

(Los políticos de prestigio, no reconocidos por un simple ciudadano que les interpela, fácilmente le espetan: Usted ignora con quien está hablando ¿Quién se atreve a decirme esto a mí?)

¡Ay! buena mujer, si supieras con quien hablas, tu serías quien solicitarías mis favores… me pedirías agua y yo te la daría de la mejor que puedas encontrar y beber en toda tu vida… ¡Amos anda!, que ni siquiera tienes cubo y soga y ahora quieres hacerte el gracioso… ¿Quién te crees ser tú?

7.- La mujer tiene experiencia. Sabe el punto flaco de los hombres y no se arredra. Marisabidilla que es, acude a sus conocimientos históricos, que también deben ser los del extranjero. Le cita a Jacob, el artífice del pozo, y a su familia y a sus criados.

(El varón es un cerebro con patas, me decía un día una chica. Molesta a la mujer esta enigmática entidad. No lo afirmo yo, ni lo niego. Me limito a citarlo, considero oportuno recordar hoy y aquí esta estrambótica definición)

Quien bebe del agua que yo puedo darle, no volverá a tener sed. Más aún se convertirá en manantial. La pícara mujer sabe que ante la bravura masculina, puede vencerla la ironía femenina. Y acude a ella. Pues, ¡anda! ¿A ver si te atreves? Dámela a mí y me ahorrarás muchos quehaceres…

El Maestro se ha dado cuenta de que la tiene atrapada en la intriga y acude a lo que una mujer más protege: su interioridad. Ha estado hablando tranquila desde su anonimato. Él se atreve a desvelar su misterio. ¡Vete! ahora mismo y vuelve con tu marido, le dice. Sin darse cuenta, cae en la trampa y afirma que no tiene marido. Bien dices, añade el Señor. Cinco compañeros has tenido y ni el de ahora has logrado sea tu conyugue.

Aquí fue Troya. Se ha desnudado su interior y lo lamenta, pero ya no hay remedio. No obstante, no se da aun por vencida. Acudir a la política es una buena estratagema. Están al pie del Garizín su montaña santa y para el extranjero lo es Sión. Como el diálogo la tiene prisionera, Jesús aparca rencillas nacionalistas y va a lo esencial.

8.- De ahora en adelante cualquier lugar podrá ser sagrado. Se trata no de terrenos, sino de actitudes personales. Gran revelación. Con humildad ahora ella le confía una de sus inquietudes, de la que no le da vergüenza hablar: la venida del Mesías. Él le dice simplemente: yo lo soy y ella lo acepta con la misma naturalidad. Llega gente, la anónima samaritana tiene suficiente con lo escuchado.

9.- El encuentro, en el terreno coloquial, ha sido encarnizado. Aparentemente Él habría vencido y ella había sido la víctima, pero es lo suficiente lista como para darse cuenta de que no ha quedado herida, sino agraciada y no quiere quedarse para sí tal fortuna. Jesús había enviado a los suyos de dos por Galilea, para anunciar su llegada, para el pueblo samaritano tiene suficiente con una mujer.

3. A qué me compromete el texto
10.- Que cada uno de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, aprenda del pasaje evangélico proclamado hoy. Y desearía que mi mensaje os ayudara a profundizarlo y sacar consecuencias misioneras. Que estoy seguro de que ninguno de vosotros, chicos o chicas, ha tenido una historia semejante y aunque así fuera, sabría con el testimonio de esta mujer, que siempre es posible cambiar de mediocre o malo, a bueno y mejor.