religiosos
 

Religiosos que han servido en la Diócesis

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

 

 

Colegio de las Hermanas de la Caridad del
sagrado Corazón de Jesús en Pinar del Río.

Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús

Creada en Madrid en el año 1877 por la Madre Isabel de Larrañaga en cuyo corazón, en tiempos calamitosos y de gran pobreza e ignorancia en la España del siglo XIX, se fue fraguando el ideal de recoger y educar a los niños pobres de los suburbios y pueblos para prevenirlos contra el ambiente peligroso en que vivían. Religiosas de este Instituto llegaban a Cuba menos de diez años después.
Entre las pocas pero interesantes noticias que sobre estas religiosas brinda en su libro Teresa F. Soneira está que en 1894 partió hacia Cuba su primera expedición misionera. Al llegar a La Habana, la encontraron devastada por una epidemia de fiebre amarilla. Mons. Santander y Frutos, quien les había invitado a la Isla, las mandaba a seguir hacia Pinar del Río y fundar allí.
Así, el 7 de enero de 1895, se abrieron a la infancia pinareña las primeras aulas escolares de estas religiosas. En 1898 levantaron un colegio de nombre Sagrado Corazón de Jesús para niñas pobres. Se encontraba frente al Parque de la Independencia al comienzo de la Avenida Alameda. Crearon también un internado para niñas y un pensionado para alumnas de la Escuela Normal de Maestras y el Instituto de Bachillerato. Éste de Pinar del Río fue el primer Colegio de los cuatro que llegaron a fundar en Cuba.

Hijas del Calvario

Almuerzo de un grupo de ancianos del Asilo
San José cuidados por las Hijas del Calvario.

En la ciudad de México el 19 de enero de 1885, dos hermanas, las Madres María Ernestina y María Enriqueta Larráinzar, fundaban esta Congregación dedicada a la asistencia de enfermos, ancianos y la enseñanza. Llegaban a Cuba en 1913 para atender estas tareas.
En Pinar del Río se encargaron del cuidado de los ancianos del «Asilo S. José de la Montaña» fundado por el Obispo Mons. Manuel Ruiz en 1925 e inaugurado el 19 marzo de 1928. Ayudaron a estas religiosas en la atención a los ancianos del Asilo San José de la Montaña las Damas Isabelinas.
Este Asilo fue querido también por Mons. Evelio Díaz, quien para sostenerlo financieramente, no escatimó tender su mano y solicitar la generosidad de los pinareños. Cada año el 19 de marzo en preparación a la fiesta de San José, se celebraba la «Semana del Anciano».

Sobre todo en los días del triduo de preparación a la fiesta había una serie de iniciativas a las cuales el Obispo, mediante una carta, invitaba a los fieles a participar.
Nos quedó una de estas cartas de las cuales no podemos establecer la fecha precisa pero informaba que el día 15 en la tarde se celebraría una matiné artística en el Teatro Riesgo y a la cinco y media sería bendecida la nueva enfermería del Asilo. Cuatro Buzones, que representaban los 4 barrios de la ciudad estaban colocados en los siguientes lugares: Hotel Comercio, Bazar Cubano, La Colosal, El Patico. Allí jóvenes caritativos recibían las ofrendas de la gente.
El día 19, día de San José, las distinguidas alumnas de la Escuela Jardines de la Infanciahacían una colecta pública. Así, como decía el propio Obispo, se presenciaba el lindo espectáculo de la «Juventud amparando a la vejez, la aurora de la vida dando un poco de calor a los que están en su ocaso».
Terminaba la su carta recordando y encomendando la participación el 19 en la Misa solemne en los Jardines del Asilo y procesión a San José.
De las religiosas Hijas del Calvario Mons. Siro recuerda en particular la Hermana Remedios superiora varias veces del Asilo San José de la Montaña «Mujer cubana de excepcional caridad»

Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción

«En 1902, el 3 de junio, una mujer con un corazón grande como el mundo, Délia Tétreault, nacida en Marieville (Quebec, Canadá), funda el Instituto de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción. Este Instituto está presente hoy en 13 países y cuenta con más de 700 religiosas de 17 nacionalidades.
Nuestro Instituto presenta un rostro de mujeres de diversas nacionalidades, sencillas y felices que han reconocido en su vida el Amor gratuito de Dios.
Inspiradas por la experiencia de María en su cántico espiritual, el Magnificat, y en un espíritu de Acción de Gracias, somos, entre nuestros hermanos y hermanas, una comunidad de mujeres consagradas, dedicadas a la misión de Jesús.
Participamos en la vida de las iglesias locales a donde somos enviadas. Con la fuerza del Espíritu de Dios queremos ser mujeres de esperanza, viviendo los valores evangélicos. Nuestro fin es favorecer el encuentro con la persona de Jesús, despertar en los cristianos y cristianas su responsabilidad bautismal y formar así comunidades inculturadas y misioneras, comprometidas en la promoción de sociedades más justas y fraternas.
El 19 de junio de 1948, Monseñor Martín Villaverde, obispo de la Diócesis de Matanzas, hace una petición a la Superiora General en una carta enviada a Canadá. En su carta, dicho obispo, pide hermanas, en particular, para las pequeñas escuelas de las zonas rurales: “Nosotros tenemos necesidad de religiosas que no teman salir de sus casas para ir hacia aquellos que no vienen hasta nosotros”... (extracto tomado de la carta de Mons. Villaverde). Debido a esa petición, el 15 de agosto de 1948 llegan a Cuba, a la casa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, en Matanzas, las dos primeras Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción (MIC).
El 16 de octubre de 1948, llega el segundo grupo y todas se encaminan hacia el central Mercedes, un pequeño pueblo de la provincia matancera. Después vendrán otras fundaciones: Martí, Manguito, Los Arabos, Máximo Gómez, San José de los Ramos y Colón, todas en la provincia de Matanzas, hasta el 16 de mayo de 1961, fecha en que fueron repatriadas 27 MIC canadienses. Gracias a Dios, 10 de nuestras hermanas se quedaron en este suelo cubano siendo signo para este pueblo de la presencia de la Iglesia misionera y residieron en el Seminario de la Diócesis de Matanzas, en Colón.
En el año 1965, se abre el noviciado en Cuba, en Colón. Este feliz acontecimiento asegura el crecimiento del Instituto con vocaciones cubanas, lo cual permitirá la apertura de nuevas casas de misión en diferentes lugares de la Isla: Habana, 1969; Morón, 1973; Holguín, 1977 y Los Palacios, 1980.
A pesar de que la apertura en Los Palacios fue en el año 1980 no podemos citar este año como el inicio de nuestro trabajo pastoral en la querida Diócesis pinareña. Se remonta al año 1973 nuestro trabajo en la Diócesis, ya en ese tiempo las hermanas Miriam Rodríguez y Claire Carrier colaboraban en la zona de Mariel, Cabañas y Varela.
En el año 1974, la hermana Eliette Gagnon, comenzó a animar a los laicos comprometidos de Pinar del Río a través de una reflexión evangélica, llamada Shalom. Simultáneamente, las hermanas Miriam Rodríguez, Sara Olga Pérez y Jacqueline Brage trabajaron en la parroquia de Artemisa.
Miriam Rodríguez viene a San Cristóbal en el 1975 con el objetivo de colaborar en un despertar de la fe a través de la misión durante una semana. Y en el 1976, Jacqueline Brage anima un encuentro de jóvenes en Consolación del Sur. Las hermanas Clara Carrier y Jacqueline Brage trabajan durante la Semana Santa del año 1977, en Puerta de Golpe y Pilotos, en mayo de ese mismo año se abre la misión en estos dos lugares. Dichas hermanas vivían en casa de una señora llamada Nena Dubé y alternaban 15 días de misión y 15 días en la fraternidad del Corpus Christi, en la ciudad de La Habana.
La apertura en Los Palacios correspondió a las hermanas Claire Carrier y Miriam Rodríguez el 17 de febrero de 1980 y tuvo, al principio, las mismas características de itinerancia que la misión en Puerta de Golpe, hasta que se establecieron en la parroquia Jesús Nazareno, de Los Palacios. En agosto del mismo año, se forma un equipo mic que inaugurará ese año pastoral: Gloria Sulet, Claire Carrier y Mercedes Quiñones.En los años siguientes se sucederán varias hermanas en el servicio pastoral: Bernardeta Collazo, Marta Romero, Ileana Grau, Elvira Valdés, Maricela Baños, Simonne Perreault y Catherine Raveronomenhanajary.

Hermanas MIC, Encarnación,
Clara y Bernardeta, en los Palacios.

Desde 1981 hasta 1989, son acogidos en la casa parroquial varios grupos de niños, adolescentes y jóvenes que participan en retiros, convivencias y encuentros en los que reciben formación humana y religiosa. Es tiempo de sembrar a pesar de las dificultades de aquellos años. Cada una se dedica a la pastoral parroquial según su carisma: catequesis, matrimonios, pastoral juvenil, pastoral de enfermos, pastoral vocacional, animación de comunidades, etc. En sus numerosas visitas las hermanas echan semillas de fe y esperanza en las familias.
En 1989, llega un misionero de Chile, el P. José Bocktenk, alemán de nacimiento. Viene como párroco residente por lo que las hermanas se mudan a un apartamento en un edificio en el que viven 24 familias, durante la búsqueda del apartamento residen en la casa de una familia que gentilmente las aloja, el Señor Luis Suárez y su esposa Regla.
Durante 5 años, las hermanas vivirán en el edificio, en un ambiente de no creyentes en su mayoría, pero es precisamente este grupo el que tiene prioridad para las MIC de Cuba. Ellas dan allí testimonio de presencia sencilla, de cercanía caritativa y alegre, de hermandad que acoge y fraterniza con todo aquel que vive en este barrio.
El trabajo misionero, empezado en el 1977, se sigue realizando también en los pueblos cercanos y lejanos; en el ámbito vicarial y diocesano. En 1994 se realiza la permuta del apartamento por una casa más cercana a la parroquia, mientras que en el pueblo surge una nueva crisis, la de los balseros, miles de cubanos abandonan el país en embarcaciones rudimentarias y muchos pierden la vida. En agosto los obispos en una carta pastoral, llamada “El amor todo lo espera”, declaran que este mes está marcado como el más duro de la historia de Cuba. Sin embargo seguirán otros meses y años duros para este pueblo y las hermanas MIC seguirán comprometidas en la tarea de HACER VISIBLE EL REINO.
En febrero de 1997, sucede al P. José el P. Joaquín Gaiga, italiano. Con este último trabajarán varias MIC. Después de ese año, sigue cambiando el rostro de la fraternidad MIC con la presencia de otras hermanas como son: Encarnación Martínez, Josephine Leal y Zenaide Correia.
Por ser esta una fraternidad de inserción misionera a tiempo pleno, vivieron su experiencia apostólica la hermana Herlinda Batista, siendo postulante y Anniet De Roux, en su etapa de aspirantado.»
Actualmente, la fraternidad MIC en Los Palacios está integrada por Bernardeta Collazo, Claire Carrier y Encarnación Martínez (Cani). (Testimonio escrito por las Hermanas MIC)

Misioneras del Corazón de María

Esta congregación religiosa fue fundada en 1848 en Olot, España, por el P. Joaquín Masmitijá de Puig (1808-1886) para religiosas dedicadas a la enseñanza de la juventud femenina.

Primera comunión en el interior de la Capilla
del Colegio del Sagrado Corazón de María .

Colegio Inmaculado Corazón de María en Pinar del Río (1911)

También estas religiosas, que se establecieron en Pinar del Río en 1911, se comprometieron con la labor educativa fundando el magnífico Colegio del Inmaculado Corazón de María que se inauguró el 21 de octubre de aquel mismo año. Era Colegio autorizado por el Ministerio de la Educación, comprometido en la enseñanza elemental y superior. Se encontraba en la calle Maceo n. 82 esquina cerca de Recreo. Fue el Obispo Mons. Ruiz quien también impulsó esta fundación. Las Misioneras del Corazón de María tuvieron en Pinar también el Noviciado.
En la enseñanza Primaria y Superior seguían los programas oficiales llevando a las muchachas hasta el 8º grado. Cuidaban mucho también la educación religiosa y preparaban a sus alumnas para la Primera Comunión. Atendían la Educación Física y el deporte. Para las alumnas que lo deseaban se impartían a módicos precios cursos especiales de piano, pintura, dibujo, repujado, inglés, francés, mecanografía y taquigrafía. Durante el verano se explicaban también cursos, de preparación para el ingreso en la Segunda Enseñanza.
«En agosto de 1937 se restauraba la fachada del colegio y el patio de entrada donde se colocó la imagen de la Virgen de Lourdes regalada por las alumnas y que se bendijo con toda solemnidad. En 1946 eligió el Gobierno General de la Congregación el primer Gobierno provincial en sesión del 24 de marzo. Resultaban: Superiora principal la MRM. Dolores Illa.; Consiliaria 1ra: la M. Joaquina Oset; Consiliaria 2da. y secretaria: la M. Mercedes Landaburu; Consiliaria 3ra.la M. Ma. Josefa Ruiz; Consiliaria 4ta. la M. Antonia Suárez; Maestra de Novicias la RM María Jubert.»
El 5 de septiembre de 1946 llegaba de España la M. Josefa Plá destinada a sustituir a la superiora M. Josefa Oset que marchaba al Colegio de Colón con el mismo cargo. En 1948 se hundió el presbiterio lo que motivó la reparación que dio como resultado la ampliación de la capilla con la construcción de un coro para la comunidad.
En el mes de mayo de aquel año las alumnas del sexto, séptimo y octavo grados, para ampliar sus conocimientos, visitaron el Observatorio de los Padres Jesuitas de Belén, el famoso museo de los Padres Escolapios de Guanabacoa, y el parque Zoológico de La Habana.

Religiosas del Sagrado Corazón de María
misionando en los años 40
.

Al celebrarse el Centenario de la Fundación de la Congregación, el 2 de julio de 1948, se bendijo y colocó una imagen en piedra del Inmaculado Corazón de María en el patio central del Colegio, se celebró una solemne Misa Pontifical en la Catedral y al final un acto literario-musical con un cuadro de la fundación. También se adquirió un ómnibus para transporte de las externas y se fundaron dos grupos de la Acción Católica cuyos efectos fueron notables por el aumento de piedad e instrucción religiosa.
La tarea educativa de las religiosas sale del ámbito puramente escolar. Los sábados y domingos organizan «escuelas rurales» de catequesis en núcleos aislados que no tienen acceso a la escuela, y a los que la acción sacerdotal no llega por falta de personal. Ellas les instruyen en las verdades esenciales de la fe y les preparan para la recepción de los sacramentos. Por estas fechas las Hermanas atendían varios lugares de Misión: San Diego, El Cangre, La Flora, Sábalo y Cortés. En 1950 se amplía el dormitorio, entra una postulante, visten tres postulantes y toma posesión del cargo de Maestra de Novicias la M. Caridad Calleja quien había venido de España»
En un plegable de aquel período se precisaba los intentos y finalidades de este Colegio: «Este plantel ha tenido siempre como máxima aspiración la de cooperar al engrandecimiento de la Patria, llevando al seno del Hogar jóvenes moldeadas en la más sólida moral y poseedoras de una cultura capaz de hacerlas aptas para desempeñar con brillantez el papel que en la vida les corresponda.
«Atribuimos la buena acogida que a nuestras alumnas se dispensa, tanto en los Centros de Enseñanza Secundaria como en el desenvolvimiento de la vida social, a los métodos que nuestra escuela emplea, la cual al tanto siempre de las modernas corrientes pedagógicas no abandona el sendero que nos trazara el educador sin par Cristo Jesús».
Además que una linda Capilla, el Colegio tenía un museo de Historia Natural. «En 1951 aumenta el alumnado a 290 alumnas y compra la comunidad una finca colindante con dos casitas y gran patio. En 1952 se establece el Secretariado. En 1953 se hace una campaña para recolectar fondos para ampliar la capilla que ya resulta pequeña para las primeras comuniones y actos en general.
En el 1954 se estableció el Bachillerato empezando con 12 alumnas. Se celebró el Año Mariano con devoción, y se dio mayor relieve a la Novena de la Inmaculada. En 1955 se inauguró la nueva capilla, un salón de actos y demás dependencias ampliadas. Con los donativos de las alumnas y amistades se adquirió un crucifijo de tamaño natural, un Vía Crucis y una imagen de San José. También fue restaurado el Sagrario con un diseño moderno.

Religiosas del Inmaculado Corazón de María
que trabajaron en Pinar del río.

La Madre General visitó ese año el Colegio de Pinar y mandó construir un pabellón de dos plantas para dormitorio y enfermería de la comunidad, que por el constante crecimiento del colegio, debió ceder sus antiguos dormitorios para aulas.
En 1957 se compró un terreno para deportes y se amplió el Colegio con dos aulas para segunda enseñanza, laboratorio de química, salón de estudio y terraza para recreos. Se adquirió un ómnibus y una guagüita para el transporte entre los colegios de Pinar y San Juan y Martínez.
Ya en 1958 el curso se desenvolvió con mucha anormalidad por los disturbios políticos en el país. Casi todo el alumnado dejó de asistir a clases durante los meses de marzo y abril dándose de baja bastantes alumnos para el resto del curso. 1959 siguió con circunstancias anormales por las que atravesó el país con la agitación política.

Atrio de entrada del Colegio de las religiosas
del Inmaculado Corazón de María en Pinar del Río.

En 1960 se continuó con los retiros, primeras comuniones, repartición de premios y fin de cursos muy lucidos. En ese momento la comunidad estaba compuesta por 17 hermanas de coro, 5 hermanas de obediencia, y dos de votos temporales. Existía verdadera comunión con el pastor del pueblo de Dios, el Sr. Obispo. También Monseñor Cayetano Martínez cooperaba grandemente con la Comunidad. Había especial devoción a la Virgen en su advocación del Corazón de María y era notable la participación de los padres y familiares en actividades colegiales. (62)
La obra de las religiosas del Corazón de María en Pinar se caracterizó también por la funcionalidad de los bienes económicos para la obra apostólica, la inquietud por la vida cristiana del alumnado y de sus familias, la calidad de la enseñanza, la cooperación en la fundación de otras casas: entre ellas la de San Juan y Martínez.

Siervas de María, Ministras de los Enfermos

Fue fundada en Madrid en el año 1851 por la Beata Madre Soledad Torres. Religiosas de esta congregación prestaron su servicio a los enfermos del hospital pinareño de S. Isidro. Al respecto la revista «BOHEMIA», en 1959, entrevistó a una anciana monjita que acababa de cumplir 100 años.
Se trataba de Aracelia Ayala, nacida en Navarra (España) el 22 agosto de 1859 y perteneciente a esa abnegada Congregación de mujeres dispuestas a pasar noches y noches a las cabeceras de los enfermos, muchas veces sin fe.
Sor Aracelia había vivido en Cuba 70 de los cien años de su larga existencia, buen número de los cuales, en el hospital San Isidro de Pinar del Río. Allí estuvo también durante el dramático período de la Reconcentración, del cual recordaba: «Pasé grandes calamidades, en aquel hospital cuando la Reconcentración. En el establecimiento atendíamos a doscientos enfermos, pero sin los medios más elementales. A veces nos enviaban un saco de huesos. Con estos lográbamos hacer alguna sopa, pero, sin papas, sin fideos, sin manteca ni especias de ninguna clase. En algunas ocasiones obteníamos un poco de harina de maíz y eso aminoraba un tanto nuestros inconvenientes...»

Religiosas de los Hermanos Desamparados

Fundadas en Barbastro (España) el año 1872 por el P. Saturnino López Novoa y la Beata Madre Teresa Jornet, llegaron a Cuba en 1897. En la Diócesis de Pinar del Río prestaron su obra en el asilo de ancianos en Artemisa, llamado «Asilo Santa Margarita»
Este Asilo fue fundado en 1905 por una donación gestionada por el Padre Arocha a los Marqueses de Arellanos. La donación se le confió a la Congregación de religiosas «Hermanitas de los Ancianos Desamparados» que construyeron el edificio del Asilo (Actual Hospital Municipal).
En dicho Asilo atendían a ancianos pobres, sin familia, o que su familia no se ocupaba de ellos. La asistencia era gratuita. Contaba con la presencia y servicio abnegado de 15 monjas que todo lo hacían. Al morirse los ancianos se preocupaban también de su sepultura para la cual había sido construido un panteón en el cementerio municipal.
En el año 1961 estas monjas fueron llamadas a España por la superiora general. Actualmente religiosas de esta Congregación atienden el Asilo Santovenia y el Asilo Santa Teresa Jornet en La Habana.

Los Padres Franciscanos

Ya en el siglo XVI los franciscanos habían llegado a Cuba. Las más antiguas noticias del trabajo de los franciscanos en la provincia de Pinar del Río se refieren a algunos servicios prestados por los frailes seráficos a finales del siglo XVIII en el Curato de Guane, en la Iglesia de San Ildefonso. Es sin embargo a comienzos del siglo XX que llegan a extender su apostolado por toda la Isla, incluso a nuestro territorio del occidente. La iglesia de Candelaria fue la primera que tuvieron a su cargo.
En el año 1911, a solicitud del Obispo Mons. Manuel Ruiz, la Provincia Franciscana de Cantabria (España) se hizo cargo de las parroquias pinareñas de Candelaria, Mangas, Cayajabos, Mariel y Quiebra Hacha. El acuerdo que se fijó en un documento al respecto, fue ratificado por el Obispo Ruiz el 1º de junio de 1911 y firmado por el Rdo. P. Provincial de Cantábria, P. E. Martínez, el 15 de noviembre de 1911 en el Convento de Religiosas Clarisas de Portugalete.
Señalaba el documento que se establecía en Candelaria una residencia franciscana de tres o cuatro Padres, y uno o dos Hermanos Legos donde residiera el único Párroco que con sus Coadjutores sirviera las parroquias antedichas, estando los Coadjutores autorizados para toda clase de documentos relacionados con la administración parroquial.
Según el acuerdo, que podía ser renovable, el Obispo cedía a la Orden Franciscana la administración de las iglesias mencionadas por espacio de cincuenta años y se comprometía en ayudarlos económicamente. La Provincia Franciscana, por su parte, se obligaba a cumplir al convenio estipulado, mientras conservara la misión pinareña. (50)

Candelaria

Padres franciscanos trabajando en la
construcción de la iglesia de Candelaria 1952.

Cuando los franciscanos tomaron a su cargo la iglesia de Candelaria esta se encontraba en muy malas condiciones. El padre Lucas Garteiz, Restaurador de la Orden que fue su primer párroco entre los hijos de San Francisco durante los años 1911 a 1915, se dió a la tarea de reconstruirla nuevamente al igual que las iglesias de las Mangas (San Juan Nepomucheno) y Cayajabos (San Francisco Javier) que fueron casi totalmente destruidas durante la Guerra de 1895.
Los demás padres que regentearon la Parroquia de Candelaria continuaron los arreglos y mejoraron el ornato de todas estas iglesias. Ellos fueron: P. Juan José Arrúe: de 1915 a 1918; P. Balbino Ocerin Jáuregui de 1918 a 1925; P. Mario Cuende de 1925 a 1931 y de 1940 a 1946; P. Hilario Ortúzar: de 1931 a 1934; P. Eduardo Arsuaga: en 1934 yen 1959; P. Justo Anasagasti: de 1935 a 1937, P. Adrián Ma. Querajeta: de 1937 a 1940; P. Ma Narbaiza: de 1946 a 1949; P. Alberto Navaridas: de 1950 a 1959. Éste fue el padre que dejó en Candelaria también el recuerdo más entrañable. Quedan en el archivo de la Parroquia interesantes fotos ilustrativas de cómo dejó la iglesia de Candelaria también el ciclón del año 1944 y en el Obispado hay otras que muestran a los mismos franciscanos trabajando con seráfico entusiasmo en su reparación. La restauración de la Iglesia de Candelaria al aspecto con que se presenta se efectuó en el año 1953, año en que este pueblo alcanzó una mejora notable gracias a la construcción de un Dispensario para niños, un Centro Escolar y la Casa del Ayuntamiento. Obras todas costeadas por el Gobierno de entonces.
En la parroquia de Candelaria los Padres Franciscanos fundaron e impulsaron la acción de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, la Asociación de las Hijas de María, la Cofradía de la Doctrina Cristiana y de la Unión de Caballeros Católicos.

Mariel
Por razones de distancia, aquel mismo año, los franciscanos terminaron por establecer una residencia también en el Mariel (Santa Teresa de Jesús) desde donde atendían a Quiebra Hacha (Nuestra Señora de las Mercedes). Estas dos iglesias estaban destruidas desde los tiempos de la Guerra de Independencia.
El tesonero, Fray Lucas Garteiz fue el primer Párroco franciscano del Mariel y tuvo que realizar una labor titánica para reconstruir su iglesia y ponerla en condiciones de seguridad y habitabilidad. Del mismo modo la iglesia de Quiebra Hacha fue habilitada y puesta en servicio por los franciscanos.
Los padres franciscanos que han regido esta parroquia fueron: el ya mencionado P. Lucas Garteiz (1911 - 1914); P. Tomás de Jesús (1911); P. Balbino Madariaga (1912); P. Mariano Ibáñez (1914 - 1915); P. Santos Ruiz (1915 - 1916); P. Sebastián García (1916 - 1922); P. Cástor Apraiz (1922 - 1928); P. Angel Madariaga (1928 - 1931); P. José Domingo Arzallus (1931 - 34); P. Juan Ibade (hasta noviembre de1934); P. Elías Zulaica (de1934 a febrero de 1937); P. Antonio Melo (de febrero de 1937 a diciembre de 1938); P. Máximo Cincomedia (de diciembre de 1938 a julio de 1939); P. Dionisio Ecenarro (de julio de 1939 a octubre de 1940); P. Adrián María de Querejeta (de octubre de 1940 a octubre de 1943); P. Epifanio Epinaga (de octubre de 1943 a enero de 1950); P. Felipe Areso (de enero 1950 a septiembre 1958); P. Pedro Otólora (de septiembre 1958 a junio de 1961); P. Feliciano Eisaguirre (de junio de 1961 a septiembre de 1961); P.Alfonso Prieto (de septiembre de 1961 a febrero de 1981).

Padres franciscanos trabajando en la
construcción de la iglesia de Candelaria 1952.

Hacia 1935 los franciscanos reconstruyeron la Iglesia del Mariel y se debe al P. Balbino la realización de la casa-residencia parroquial. En tiempos del P. Balbino el Hno. José Leal animó también la obra de construcción de la iglesia de Quiebra Hacha.
También en el Mariel los franciscanos activaron la Venerable Orden Tercera de san Francisco, los Caballeros Católicos, la Doctrina Cristiana, los Pajes del santísimo, Juveniles, Damas Católicas y Pía Unión de San Antonio. (51)

San Cristóbal
Fue en el año 1921 que los franciscanos, de acuerdo con el Obispo Manuel Ruiz, tomaron a su cargo la parroquia del Niño Jesús y la Santa Cruz, sucesora de la primitiva Iglesia de Santa Cruz de Los Pinos que había sido elevada a Parroquia por el Obispo Diego Evelino de Compostela en el año 1688.
Al fundarse el actual pueblo de San Cristóbal en 1830 se construyó una primera y después una segunda y tercera Ermita en madera hasta llegar a 1912 cuando, por primera vez, se realizó en mampostería bajo el nombre del Niño Jesús de Los Pinos y Santa Cruz.
Así la conocieron los franciscanos cuando la tomaron a su cargo. En aquel momento la parroquia contaba con 16.600 feligreses, casi todos dispersos por los campos cercanos. Párrocos franciscanos que han regido esta parroquia fueron. P. Eustaquio Arronátegui (1921 - 1925); P. José Domingo Arzallús (1925 - 1928); P. Juan Ajuria (1928 - 1931); P. Celestino Zabala (1931 - 1935) muy querido en San Cristóbal también porque animó la construcción de la Iglesia como actualmente se presenta. Le sucedió el P. Marculeta que permaneció en San Cristóbal hasta 1948; P. Felipe Arero (1937); P. José Loza y José Gambeca (1942); P. Manuel Sordoa (1945), P. Bernardo Oyarrazábal (1946). Desde 1945 hasta 1950 trabajó en S. Cristóbal el P. Lucas Iruretagoyena y en 1949 el P. Eliseo Bengoa reemplazaba al P. Sebastián Marculeta permaneciendo al frente de la parroquia hasta 1959. Junto a él ejercieron su ministerio eclesiástico los Padres José María Viau, Angel Sánchez y Lucas Iruretagoyena, todos de origen español y de la provincia franciscana de Cantabria-Vizcaya.
El P. Lucas Iruretagoyena fue uno de los sacerdotes que, junto al Padre Sardiñas, se incorporaron en el año 1958 a la lucha revolucionaria en la Sierra Maestra ejerciendo la función de capellanes de los soldados del Ejército Rebelde. Al triunfar la Revolución, cuando volvió a San Cristóbal, los ancianos del lugar recuerdan como «lucía barba y melena de guerrillero y ostentaba grado militar». (47)
Fueron los Padres franciscanos quienes realizaron la construcción de la Iglesia de San Antonio de Padua en Chirigota en 1940, de San Martín de Porres en Taco Taco en 1949 y de la actual linda iglesia de Santa Cruz de Los Pinos en 1950. También a esas comunidades extendieron su servicio religioso los Padres franciscanos. El último de ellos que regenteó la parroquia deSan Cristóbal fue el P. Eulogio Aguirre.
También en San Cristóbal los franciscanos activaron la Venerable Orden Tercera de San Francisco, los Caballeros Católicos, la Asociación de la Doctrina Cristiana, el Apostolado de la Oración y el Ropero de Santa Teresa.
Quizás pueda interesar el estado personal de las tres comunidades franciscanas pinareñas, en dos diversas fechas:

Padre Alfonso Prieto (franciscano) Cura Párroco del
Mariel hasta inicios de la década de los 80 del siglo XX.

1) Estado personal del año 1940: En Candelaria estaban el P. Adrián Querejeta, párroco y presidente, el P. José María Olascoaga y el Hno. Fr. Diego Gutiérrez. En El Mariel estaban el P. Antonio Melo, Doctor en Derecho Canónico, párroco y presidente, el P. Dionisio Ecenárro y el Hno. Fr. Dionisio Mondragón. En San Cristóbal estaban el P. Sebastián Marculeta, presidente y párroco, el P. José Ignacio Lasa y el Hno. Fr. Esteban Gastesi.
2) Estado personal del año 1957: En Candelaria estaban el P. Alberto Navaridas, presidente y párroco, el P. Julián Larrarte (vivía en el 2002 en España) y el Hno. Fr. Víctor Ugarte En el Mariel estaban el P. Felipe Areso, presidente y párroco, el P. Alfonso Prieto y el Hno. Fr. Vicente Lamarrain. En San Cristóbal estaban el P. Eulogio Aguirregaviria, presidente y párroco (vivía en el 2002 en España), el P. Ángel Sánchez y el Hno. Fr. Diego Hernández (51)

Sobre todo por hacerse portavoces de las amonestaciones de los Obispos frente a la nueva situación, los Padres franciscanos pronto comenzaron a ser perseguidos con registro de sus casas, arrestos, detenciones, amenazas, maltratos de palabra, etc.
En Candelaria el pretexto fue muy banal: «Explotó un petardo y enseguida invadieron la casa parroquial violentamente y comenzaron a buscar el cuerpo del delito y dieron con unos velones del Santísimo que tenían la mecha puesta y lista. Desde el 16 de abril al 22 de julio de 1961, según un informe firmado por el Delegado Provincial Fray José A. Mendizábal de día 30 del último mes citado en San Sebastián, en apenas tres meses tuvieron que salir de Cuba 23 religiosos franciscanos.
La situación de Cuba era muy difícil y los frailes españoles recordaban bien los hechos sucedidos en España durante la última Guerra Civil, razones que fundamentaban de sobra el nerviosismo de muchos de ellos. De los 23 franciscanos que se marcharon, 10 de ellos se dirigieron a los Estados Unidos, 9 para Colombia y los restantes para Venezuela.
En Cuba quedaron 44 religiosos. Los efectivos de la Orden quedaron disminuidos en un 54 por ciento aún antes de que se produjera el éxodo masivo de septiembre de 1961 cuando partieron 21 franciscanos más a bordo del Covadonga. (48)

Encuentro Franciscano con
el Obispo Evelio Díaz en 1950.

Los franciscanos que permanecieron fueron distribuidos entre los Conventos de La Habana, Guanabacoa, San Antonio, Santa Cruz de Jerusalén, el Colegio Seráfico, San Cristóbal, Candelaria, Mariel, Unión de Reyes, Remedios, Ciego de Avila, Manzanillo y Santiago de Cuba.
Con respecto a las tres parroquias por ellos cuidadas en nuestra Diócesis, en el año 1961 abandonaron San Cristóbal el P. Eulogio Aguirregaviria, el P. Ángel Sánchez y el Hno. Fr. Diego Hernández. Pero en 1964 volvió a Candelaria el P. José Biaín Anduaga, que permaneció en esta parroquia hasta 1970 cuando se fue definitivamente de Cuba. Del Mariel se fueron los demás, pero siguió en solitario el P. Alfonso Prieto hasta el año 1981, en el que pasó a San Antonio de Miramar, instado por el Superior Provincial a vivir en fraternidad con otros hermanos franciscanos.
Mientras tanto fueron alcanzando avanzada edad y muriéndose varios de los padres que habían quedado en la Isla obligando a la Orden a retirarse paulatinamente de otros lugares.
Hubo que esperar el clima favorable que permitió también en 1986 la celebración del ENEC para que comenzaran a vislumbrarse algunos síntomas de cierta apertura que culminó con el permiso de entrada a Cuba de algunos sacerdotes, entre ellos dos franciscanos, en 1988 cuando se pudo materializar la de los Padres, Angel García Chasco y Joaquín Garciarena quienes desde finales de aquel mismo año hasta finales de 1992 se alternaron en ayudar, los fines de semana, al P. Claudio Ojea en San Cristóbal. (47 - 48 - 50 -51)

Los Hermanos de la Salle
Congregación fundada en el año 1680 por el sacerdote francés Juan Bautista de la Salle. Arribaron a Cuba en 1905. No eran sacerdotes sino hermanos religiosos comprometidos sobre todo en la escolarización instrucción y formación cristiana de la juventud. En la Isla entre ellos se hizo famoso el Hermano Victorino del cual está introducido el proceso de beatificación y que fue el fundador de la Juventud Católica Cubana el 11 de febrero de 1928.
Los Hermanos de la Salle llegaron a tener en Cuba 20 dependenicas, entre Colegios, Academias y Escuelas gratuitas, además de fundar la «Universidad Social Católica» que tuvo sólo 4 años de vida, siendo confiscada, junto a los demás Colegios, en 1961.
En nuestra Diócesis tuvieron, sin embargo, por lo que parece, sólo por un año o dos (1914-15), una escuela gratuita en San Diego de Los Baños, en la llamada «Quinta San José».

Los Padres Paules
Tomaron el nombre de su fundador S. Vicente de Paul nacido en Ranquines (Francia) en 1576. No tuvieron Colegios, ni gobierno de parroquias en nuestra Diócesis de Pinar del Río, pero sí se brindaron, como en el resto de Cuba, en el ministerio de la predicación y la organización de las Misiones Parroquiales. La edad del oro de estas Misiones sucedió entre los años 1863 y 1963, en que efectuaron campañas misionales por los más apartados rincones de la Isla.
Durante los años de la Guerra de Independencia, se encontraban fácilmente por los campos a los padres Vegas, Izuriaga y Bacaicoa acompañando a Mons. Estrada en su recorrido misional de la Diócesis de La Habana que naturalmente en aquella época, incluía también Pinar del Río.
«Una vez recuperada la nación de la Guerra de Independencia, en 1926 volvieron en plena actividad los PP. Paules con las Misiones organizadas a dimensiones nacionales, bajo el impulso de Arzobispo Manuel Ruiz, por el P. Chaurrondo que, como recuerda el P. Lara, en nuestra Diócesis llegó a sacudir conciencias adormecidas y animar de su fervor apostólico hasta a las poblaciones del extremo Occidente de nuestra provincia.

Colegio Nuestra Señora del Sagrado Corazón en Artemisa (1913)
«El Sr. Obispo de Pinar del Río expuso sus deseos de fundar un Colegio en Artemisa y pidió a la M. Purificación Echeto, Provincial, quien pasaba visita en Guanajay, y a la M. Parody, que se trasladen a la villa de Artemisa. Allí compruebaron la necesidad de una fundación y el interés del Sr. Obispo, quien las ayudó con el pago del alquiler de la casa por una temporada. La visita del Sr. Obispo se repitió el día 7, acompañado esta vez por el Párroco, el P. Arocha. Ambos ofrecieron todo su apoyo a la nueva fundación.
El 1º de febrero de 1913 se trasladaron definitivamente a Artemisa la hermana M. Paz y la hermana Josefa Santacilia. Se les unió el día 3 la M. Provincial, Purificación Echeto, y Sor Catalina Alzada dando comienzo a las clases. Ya funcionaba en Artemisa el colegio privado «La Inmaculada» que había dirigido Doña Ramona Rabell de Arús. Una seria enfermedad de la directora hacía que el colegio estuviese momentáneamente cerrado. Al llegar las Escolapia, la Sra. de Arús les traspasó su colegio, gozosa y gratuitamente.
Comenzó éste a funcionar con todas las alumnas externas del colegio “La Inmaculada”, más tres alumnas internas. El día 4 de febrero se bendijo la casa y se celebró la primera Misa en su capilla poniéndose el colegio bajo el patrocinio de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. También aquí la Sra. Marquesa de Monte Claros se hizo presente con su generosa ayuda, y su hijo, don Pablo, asignó a esta fundación una cantidad suficiente para cinco becas de niñas externas. Tampoco faltaron la ayuda moral y material de los Padres Escolapios Luis Francisco Fábregas y José Sirés.
El permiso gubernamental para el funcionamiento del colegio llegó el 22 de junio de 1913. Pronto comenzaron las religiosas a modificar, ampliar y embellecer el edificio. Las principales familias de Artemisa se honraron mandando a sus hijas al Colegio. En el 1913, año de la fundación, el alumnado terminó siendo de 40 muchachas. En 1925 tenía ya 90, y para 1948 eran 200. Este número se volvió a repetir en 1957 y fue el mayor alcanzado. Antes de su confiscación, en 1960, las alumnas eran 166. «Las alumnas del colegio - afirma el P. Antonio Rodríguez actual párroco de Artemisa - pertenecían a la clase alta y media. Las Escolapias, sin embargo, daban algunas becas para niñas pobres. Daban clase de costura y bordado gratis.»
Desde el principio de su fundación se impartió la primera enseñanza. Vino luego el Secretariado Comercial y las clases particulares de idiomas y música; de dibujo, pintura y repujado. A partir del 1953 funcionaba en el colegio el Instituto Musical San José de Calasanz y con las alumnas más capacitadas se formó una banda musical de auténtica calidad continuamente solicitada para dar solemnidad a los principales acontecimientos religiosos y patrióticos de la ciudad. Desde septiembre de 1956 asistían niños y niñas al preescolar. El 9 de noviembre de 1956 se estableció la Asociación de Padres de Familia.
La graduación de 8º se transformó en un acto solemne y social realizado en los últimos años en el Casino Hispano-Cubano. Al acto asistían ordinariamente el Sr. Obispo y el Inspector Provincial de Enseñanza. El primero imponía a las alumnas la medalla de graduadas, y el segundo entregaba a cada una el correspondiente certificado oficial de estudios.

Fachada del Colegio de los Padres
Escolapios en Pinar del Río (1949) .

Según la cronista del colegio de Artemisa, cuando llegaron las religiosas a esa ciudad sólo cuatro personas asistían a Misa los domingos, pero para 1948 la parroquia se llenaba. Los misioneros no dudaron en reconocer que, con el correr de los años, la acción espiritual del colegio había obrado el milagro.
En 1914 la M. Dolores Ernest estableció la Asociación de Hijas de María y el 27 de diciembre se creó la Asociación de Padres de Familia. En el terreno apostólico la acción penetrante y continua de un centro de Acción Católica fue verdaderamente pujante. La celebración de la Fiesta de la Lata conmovía al colegio, a la ciudad entera y a los pobres que recibían sus beneficios. La catequesis era floreciente, en una atención permanente a los niños de los barrios marginados.
Quizás la labor más importante del colegio fue la misional. Existían las asociaciones misionales de la Santa Infancia, San Pedro Apóstol y de la Propagación de la Fe. Se realizaban anualmente concursos filatélicos misionales y la proclamación de la Reina de las Misiones tenía lugar en el Casino Hispano-Cubano en acto solemne presidido por el Sr. Obispo.
El fervor misional de las alumnas de Artemisa y Guanajay le hizo decir al P. Lombó S.J.: «Hay dos colegios gemelos, porque están e la misma provincia, uno en Artemisa y otro en Guanajay; son gemelos porque están dirigidos por religiosas de la misma Congregación: las RR.MM. Escolapia, y gemelos por el espíritu y entusiasmo por las Misiones de que se ven animadas las jóvenes colegiales.»
A partir de 1950 la fortuna sonrió al colegio. Con el aumento de las entradas, se había ido mejorando el mobiliario; en 1955 se compró un ómnibus para llevar a las niñas a sus casas, y arregló la fachada. Pensaban las religiosas en un embellecimiento total de su colegio cuando les cogía la sorpresa de la intervención... El 3 de mayo de 1961 las milicias entraron en el colegio dando orden a las religiosas de que se fuesen con lo puesto, sin poder sacar nada de la casa. El pueblo «al enterarse que teníamos que irnos - escribe en su Informe M. Laura Menéndez - invadió el colegio tratando de evitarlo, pero al ver que no conseguían esto, trataron por lo menos de lograr que permitieran a nuestras monjas sacar las cosas más personales, y gracias a Dios lo consiguieron y pudieron sacar también lo de la capilla. Quedó el colegio definitivamente en poder de los milicianos el 4 de mayo de 1961.»

 

Colegio Sagrado Corazón de las Escolapias en Artemisa.

Noviciado de las Madres Escolapias en Cuba
«En el colegio de Guanajay funcionó muy pronto el Noviciado de las Madres Escolapias de Cuba, casi desde 1913. Al principio completaban allí el noviciado y hacían su profesión novicias mandadas de España. La primera maestra de novicias fue la M. Purificación Fernández. Después las Madres María Moro y Angeles Gutíez. Las primeras novicias fueron las Madres Caridad Ortega (natural de Artemisa y discípula de Guanajay) y Teresa Moreno (natural y discípula de Guanajay). Mientras que las tres hermanas Aráoz, que eran de Guanabacoa, y que fueron las primeras Novicias Escolapia cubanas, fueron a España a hacer el noviciado.
La última novicia fue M. Isaura Doménech, en 1955. En total, hicieron su noviciado en Cuba, profesaron y fueron o son Escolapias, 18 religiosas. A estas hay que añadir las dos hermanas Aráoz y Catalina Alzada, nacidas en Cuba, quienes, como hemos dicho, hicieron su noviciado en España.

La hora de cerrar puertas
La Comunidad de las Escolapia de Guanajay en 1937 estaba integrada por: M. Lucía Angulo (Superiora y fundadora), M. Carmen Ruiz de Velasco; M. Trinidad Moro; M. Providencia (Directora); M. Amparo Ratia; M. Caridad Ortega; M.Ma. Angeles Serrano; Hna. Ma. Luisa; Hna Jacinta (fundadora); Sor Rosario Tallés (Novicia Cubana).
Fueron superioras de este Colegio: en 1912: M. Paz Parody; en 1915: M. Carmen Valdivia; en 1929: M. Angeles Ibañez; en 1941: M. Carmen Ruiz de Velasco; en 1946: M. Purificación Fernández; en 1947: M. Calasanz Vilata; en 950 M. María Luisa López; en 1955 M. Angeles Ibañez.
La Comunidad de las Escolapias de Guanajay en 1960 estaba integrada por: M. Ángeles Ibáñez (Última Superiora del Colegio); M. Adoración Manuel; M. Felisa Rodríguez; M. Manuela Compostizo; M. Paula Alfonso; M. Pilar de la Rosa; M. Inés Alonso; M. Angela Hoyos: M. Esperanza Vadillo; M. Mercedes Onieva; M. Rafaela Echavarría; M. Escolástica Fernández; M. Agueda Barea; M. Valentina Reinoso; M. Patrocinio Iglesias; M. Isabel Bea.
El Colegio de Guanajay había ido prosperando «Pero a la gloria sucede con frecuencia el dolor, y al dolor el silencio - relata la Madre Laura Menéndez en su “Informe sobre los principales hechos ocurridos en nuestros Colegios de Cuba desde septiembre de 1960 hasta junio de 1961” - La hora de cerrar puertas y partir se produjo entre agosto y septiembre de 1960 y se completó en 1961. Contraseñas telefónicas, vestidos civiles, cuidado de las ancianas, amenazas de milicianas... La salida de las religiosas de Guanajay sucedió el 3 de mayo de 1961, entre amenazas y registro de piquetes milicianos.
Alumnas y ex-alumnas en gran número las despidieron llorando, y a pesar de los obstáculos que les ponían los milicianos, no se retiraron de allí. Llegaron a disparar un tiro al aire para asustarlas, pero todo fue inútil, y no sólo estuvo un gran número de personas allí hasta el momento de la partida, sino que algunos siguieron en máquinas detrás de las monjas...»

Colegio Nuestra Señora de los
Dolores de las Escolapias en Guanajay.

Colegio del Inmaculado Corazón de María en San Juan y Martínez (1954)
«Se llevó a cabo la fundación de San Juan y Martínez a petición del Obispo de Pinar del Río, Mons. Evelio Díaz Cía, quien ya conocía la Congregación por medio de la tarea catequética que realizaban en los diferentes pueblos de su Diócesis.
Empezó a funcionar el colegio el 1ro de octubre de 1953 con una matrícula de 75 niños, que sumados a los 370 de Pinar, dan un total de 445 alumnos. Fue un colegio mixto. Se inauguró en un edificio amplio y moderno con los avances de fabricación y pedagógicos del momento.
Las Madres fundadoras: Leonor Terán, Ramona Saleta, María Aumatell y Carmen Baña» estuvieron 4 o 5 años yendo y viniendo diariamente de Pinar del Río, dando clases en un local alquilado, hasta que el Sr. Obispo, Mons. Evelio Díaz; adquirió un terreno y fabricó el colegio, capilla y una pequeña casa-convento para las religiosas que lo atendían.
Más adelante, el Obispo compró los terrenos y las Misioneras Corazón de María se encargan del equipamiento. Con los ahorros y fondos obtenidos de la organización de festivales benéficos, se llega a construir un nuevo edificio de dos plantas en el que tiene cabida una escuela mixta, capilla y dependencias para las religiosas. El nuevo colegio se inauguró en 1957, y tenía entonces unos 135 alumnos.

La intervención
Ya aludimos a la tarea educativa y de catequesis que estas monjitas desarrollaron en nuestra Diócesis. A esta hay que añadir su compromiso misionero casa por casa. En el año 1958 por ejemplo las Hermanas atendieron el centro catequístico establecido en la Catedral. Además crearon pequeños centros que funcionaban durante el tiempo necesario para la obra misional, como el de Ovas.
Pero en mayo de 1961 las actividades también de las Misioneras Sagrado Corazón de María quedaban interrumpidas cuando todas las escuelas privadas fueron clausuradas por el decreto de Ministerio de la Educación de la República de Cuba (3. V.1961) que decía textualmente: «El pueblo de Cuba a través del máximo líder de la Revolución Cubana, Dr. Fidel Castro Ruz, ha proclamado el derecho a la libre enseñanza, basado en el principio de la política socialista, que garantiza la enseñanza gratuita que debe impartir el Estado siendo proclamada la abolición de la escuela privada como órgano de enseñanza de nuestro país...»
Como muchas otras, también estas religiosas tuvieron que abandonar con harta pena sus florecientes institutos y apostolados y expatriarse».
La Madre Josefa Plá que hemos mencionado varias veces, que fue superiora del Colegio de Pinar del Río desde 1946 hasta su clausura y a quien nuestro Obispo José Siro recuerda como «catalana y de grandes virtudes en el campo de la educación además que exquisita pintora», en 1993 enviaba desde Olot (España) a la autora del libro «Cuba- Historia de la educación católica 1582-1961», un lindo testimonio que aquí resumimos:
«Mi estancia en esta hermosa (...) Isla duró 13 años, y en los 10 años que fui Provincial se fundaron las comunidades y colegios de Banes, Cabaiguán, San Juan y Martínez y Pinar.
Llegué a Cuba el 5 de septiembre de 1946 destinada a Pinar del Río con el encargo de Superiora de aquella comunidad... La única superviviente de las primeras fundadoras en Cuba la encontré en Pinar del Río, era la M. Ana Figueroas. De origen catalán, que estaba allí desde el año 1912, un año después de la fundación de nuestra congregación en Cuba, sin haber salido jamás de allí.»
Ya muy anciana y exiliada con las demás hermanas, embarcaron rumbo España en el vapor «Virginia Churruca» en junio de 1961. No pudo sin embargo alcanzar España porque, navegando en aguas de Tenerife, falleció de un paro cardiaco el 23 de junio de 1961 siendo enterrada en Las Palmas de Gran Canaria. Justamente en ese año se cumplían 50 de permanencia de nuestra congregación en la Isla y en Pinar del Río».
La Madre Josefa, que falleció recientemente, fue una buena pintora que le regaló a Mons. Siro un lindo cuadro que está colgado en el comedor del Obispado, y muestra una yunta de bueyes en un hermoso campo de tabaco de Vuelt Abajo, testimonio del recuerdo siempre vivo de una tierra que tuvo como suya.
Georgina Fernández Giménez, que frecuentó el Colegio de Pinar del Río desde 1948 hasta 1955, nos recuerda: «Mi maestra de cuarto grado era una magnífica maestra, la Madre María, que era cubana. Recuerdo también a la Madre Josefa Plá y a la M. Celina. También estaban las Madres María de Jesús Páez y la Madre Amada Martínez Malo»
Felisa López Valdés que asistió este Colegio de 1948 a 1957 nos dejó este testimonio: “Puedo afirmar sin temor a equivocarme que una de las etapas más felices de mi vida fue la que pasé como interna, de pupila primero, y después como profesora, del Curso de Secretariado en el Colegio Inmaculado Corazón de María en la ciudad de Pinar del Río.
Yo recuerdo con mucho cariño a todas las religiosas y profesoras seglares de aquella época, entre otras a la Madre Josefa Plá (superiora), Mercedes Landaburu (directora), la Madre Leonor Terán con sus clases de Gramática y Ortografía, a Sor Ana y Sor Paz, tan preocupadas por repartir la merienda a las internas; a las maestras María de Jesús Páez, Ana Rita Gómez, Ernestina Besú, Berta y Celeste Echevarría, Rita Alea, Magdalena Hernández, Hilda Quintáns y otras que aunque presentes en mi memoria y corazón, haría interminable esta relación.
Tengo y dedico un especial recuerdo a la tan querida Madre Amada Luisa Martínez Malo, recién fallecida lejos de nuestra querida patria, con quien siempre estuve muy unida; ella era comprensiva, pero a la vez con mano firme, gran cariño y dulzura, nos guiaba y preparaba para la vida.
Está muy presente en mi vida la querida imagen del Corazón de María que presidía la capilla, a quien todas amábamos y amamos con especial devoción, y que, a pesar de las vicisitudes que hemos vivido y estamos viviendo nos mantenemos fieles a la fe cristiana y a la devoción y amor a nuestra Madre del cielo. Recuerdo el himno del colegio, las celebraciones religiosas y culturales que con tanto esmero y cariño se preparaban.
No puedo dejar de mencionar a mis compañeras del Colegio a quienes con tanto cariño recuerdo, entre muchas mis queridas Mireya Labrador, Hildelisa, Mary, Irma y Chefi, Méndez, María Cristina Gelot, María Mursuli, las hermanas Ledesma, Leonor Alonso, Carola Canosa, Estrella, Irradió y Leda López, Iraida Sordo, Alicia Huerta, Tomasina Arenas algunas de las cuales fueron mis alumnas.
Quisiera contar tantos momentos felices, tantos recuerdos, emociones vividas... No puedo olvidar la visita diaria del querido y recordado Padre Cayetano que siempre esperábamos ansiosas, pues nos dejaba su cariño, sabios consejos y alguna que otra medallita o estampa. También tengo presente el Sr. Obispo de aquellos años, al recordado Mons. Evelio Díaz, tan querido por todos los pinareños. Recuerdo Las Flores de mayo, los cumpleaños de la Madre Superiora, etc. Todas estas cosas y muchas más las recordamos y vivimos en las reuniones del grupo de antiguas alumnas y profesoras que hemos fundado gracias a la iniciativa de la querida María Antonia Sojo.

Hija de la Caridad con 2 niñas pobres
en Pinar del Río, en los años 40 del siglo pasado..

¡Cuánto he deseado que mis hijos y mi nieta hubieran disfrutado en su educación de esas enseñanzas que yo tuve y que me han servido y ayudado tanto en los momentos difíciles de mi vida!”
Con respecto a la despedida de las Madres de nuestra ciudad escribe Georgina Fernández Giménez: «Cuando intervinieron el Colegio en 1961, aunque ya yo no estaba allá, recuerdo que me llamaron para ver si quería ayudar a llevar los libros religiosos y dije que sí. Ya las Madres se habían ido de Cuba. Llevamos un carro al Colegio y fuimos cargándolo de libros y de los Misales de las madres, pues ni eso le habían dejado sacar del Colegio. Las imágenes religiosas fueron trasladadas a la catedral. Hubo una gran Misa de despedida cuando las Madres partieron, y recuerdo que todo el mundo lloraba, incluso las milicianas...».
Después de tantos años de ausencia, 4 hermanas de las Misioneras Corazón de María que habían llegado a tener en Cuba 8 Colegios, y todos los habían perdidos, podían volver a Cuba solicitadas por el Obispo de Holguín y calurosamente acogidas por él, por el clero y las otras comunidades religiosas que en la Diócesis habían emprendido, no precisamente la tarea para la cual había nacido su Congregación, pero sí una tarea evangelizadora adecuada a los tiempos y las situaciones que cambian.

Hijas de la Caridad en el portal de
su casa en Pinar del Río en los años 50.

Colegio Nuestra Señora de los Dolores en Guanajay
«El colegio se llamó Nuestra Señora de los Dolores y las clases comenzaron oficialmente el 5 de febrero de 1912 con 3 alumnas internas, 3 simi-internas y 7 externas. Ya para abril sin embargo las alumnas eran 50. El número máximo de alumnas lo tuvo el colegio en el último curso de su historia, en 1960; 240 alumnas. En este colegio se implantan métodos activos en la Enseñanza Primaria y el Secretariado Comercial, y se dan clases especiales de música, idiomas, dibujo y pintura.»
«Las madres enseguida se ganaron el afecto de la generosa gente de Guanajay y zonas aledañas. Como relata la Madre Adoración Tovar: «En Navidades, como había muchas niñas de fincas y del ingenio «San Ramón» del Mariel, nos regalaban guineos, guanajos y cochinitos. En un mes no teníamos que comprar carnes. De su parte las Madres supieron acomodarse, desde el principio, a las necesidades intelectuales y religiosas de la población.
Siempre pudieron contar con su acción los padres de familia, las ex alumnas, el Párroco y el Sr. Obispo. Las clases de música eran impartidas por la Madre Carmen Ruiz de Velasco, y las de arte por la M. Amparo Ratia. Esta última pintó todos los estandartes para la parroquia de San Hilarión.
Contaba el Colegio con Asociaciones de Hijas de María y de Antiguas Alumnas. Fue particularmente viva la Acción Católica, integrada a la actividad parroquial. Entre 1947-50 se transformó completamente el colegio con la edificación de tres nuevas plantas. Algo más tarde, entre 1953 y 1959, se constituyeron aulas nuevas, un nuevo patio y una hermosa capilla.»

 

De derecha a izquierda las hermanas, Alejandra
Esteva Driggs, superiora, Lourdes Orta y
Yenket Hernández, frente a su casa en Los Palacios.

Las Hermanas Sociales
El 12 de Septiembre de 2005, Mons. José Siro González Bacallao recibió oficialmente, en la comunidad “Jesús de Nazaret de Los Palacios, a las Hermanas Sociales.
Esta congregación de religiosas es una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio, llamadas a dar testimonio del amor santificante de Dios, particularmente en la misión social de la Iglesia. Su carisma es: fin y dedicación, tradicionalmente como internas y externas.
Todos los miembros de la sociedad poseen igual status. Viven votos de castidad, pobreza, obediencia y fidelidad a su carisma.
La sociedad de las Hermanas Sociales, tal como la conocemos hoy en día lleva el sello de grandes personalidades inspiradas por la Revum Novarum del Papa León XXII, la primera de las grandes Encíclicas que llamaron a la justicia social.
Fue su fundadora la Hermana: Margarita Slachta, el 12 de mayo de 1923. Esta mujer de gran valentía y amplia visión, concibió el alcance del ministerio en forma de pirámide. La base consiste en las obras de caridad, el segundo nivel comprende el servicio social, el tercero lo forman los movimientos y la cima está constituida por el ministerio político.
Muy pronto las primeras hermanas determinaron seguir la espiritualidad benedictina para poder extraer fuerzas de sus raíces evangélicas. Sus vidas eran de gran simplicidad, profunda oración y alegría en el Espíritu Santo. Concientes de una necesidad especial del amor y poder del espíritu con sus vida, escogieron el Domingo de Pentecostés para hacer sus primeros votos.
En 1949, la sociedad llegó a Cuba en la persona de la Hermana Nicoletta.En la actualidad hay en Cuba 30 hermanas, todas ellas cubanas. Están presentes en las diócesis de Santiago de Cuba, con una casa en El Cobre y dos en Santiago. En Holguín, en la comunidad de San Andrés en Camagüey, La Habana y actualmente acaban de abrir una casa misión durante un año en nuestra comunidad.
La sociedad de las Hermanas Sociales que fundó la casa en Los Palacios está integrada por las hermanas: Hermana Alejandra Esteva Driggs, superiora, Hermana Lourdes Orta Ruíz y Hermana Yenket Hernández Peña. Estas religiosas sirvieron 1 año en Los Palacios.

   

   

 

 

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