religiosos
 

Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

   
 
Escolapias en Guanajay y Artemisa. (fotomontaje)

Fueron fundadas en 1847 por Paula Montalt en la Ciudad de Condal. Su fin principal era la enseñanza de la juventud femenina según el espíritu y los principios de S. José de Calasanz. “Su misión educadora tiene como fin que las alumnas amen y busquen la verdad, se formen para llegar a ser fermento salvador de la familia - fundamento de la sociedad- y como auténticas colaboradoras del reino de Dios, participen en la construcción de un mundo más justo y más humano.” En otras palabras la pedagogía de las escuelas pías podría resumirse en dos palabras: Piedad y Letras.
Llegaron a Cuba en el año 1912 y a nuestra Diócesis en 1913. La fundación en Cuba de esta congregación, que mientras tanto se había propagado y fundado colegios en Cataluña, Valencia, Baleares, Andalucía y Zaragoza, asumió una gran importancia pues era la primera vez que la Congregación salía de España.
Salieron de Madrid, para la fundación de la primera casa en Cuba, las Madres, Pilar Albín Llobert, M. Paz Parody Rodríguez, y la Hna. Jacinta Saraleguy. Se embarcaron en el vapor «Navarre» el 22 de noviembre de 1911 y llegaron a La Habana el 4 de diciembre del mismo año. Los primeros días se hospedaron, como tantas otras congregaciones religiosas al llegar a la Isla, en el convento de la Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.
Las atendieron con toda clase de bondades y como verdaderas hermanas. Enseguida saben que el señor Obispo no permite una fundación en La Habana hasta que las religiosas no tengan casa propia. Como la Sra. Ulzurrum sólo había prometido a las tres fundadoras «pagarles un año de alquiler, o algo más de tiempo», aceptan el ofrecimiento del P. Luis Fábregas, Visitador de las Escuelas Pías de Cuba, que había hablado con el Obispo de Pinar del Río, Mons. Manuel Ruiz, muy amigo de las Escuelas Pías, quien manifestó grandes deseos de que se establecieran en Guanajay.
Era Guanajay por aquella época una población importante en la Diócesis pinareña. Con unos 10.000 habitantes y sin colegio de religiosas. El 16 de diciembre de 1911 hizo la M. Paz Parody la solicitud al Superintendente de Instrucción, pidiendo «licencia» para abrir el colegio. Consintió la Excma. Marquesa de Monte Claros, la iniciadora del viaje y siempre generosa mecenas de las Escolapia.
Mientras les llegaba el permiso, que era costoso de conseguir, buscaron una casa. Las madres vieron ‘el caserón’: un almacén de tabacos propiedad de la Sra.Gloria Calderón de Cinta, el 11 de diciembre. Les pareció muy bien... en lo que cabe. “Lo que no nos gustó fue el precio que nos piden: 53 pesos mensuales, y 10 más mensuales también durante un año por el arreglo que hay que hacer, cocina, hornillo y escalera para la azotea...”
El día 30 de diciembre llegaron las tres religiosas a la casa que según narran: “Está destartalada, no tiene luz eléctrica... por esto, encienden una vela y luego un mal quinqué, y así durmieron las tres primeras fundadoras.” No encontraron ni luz, ni capilla, ni sagrario.
El 8 de enero de 1912 se celebró el Santo Sacrificio en la reducida, pobre y humilde capilla de la casa de Guanajay, Calle de los Mártires N. 24. A la bendición va el Rdo. P. Esteban Terrades, Sch. P., autorizado por el Obispo de Pinar del Río, acompañado solamente por el pobre sacristán de la parroquia y las tres fundadoras.
El 5 de enero había comenzado la Madre Pilar su labor catequética con dos sesiones de niñas llenas de buena voluntad, pero nulas en nociones religiosas. Esperaban con ansiedad carta de España que anunciara la llegada de las próximas religiosas para poder dar comienzo a las clases, El 2 de febrero la Virgen regaló a las tres fundadoras un refuerzo providencial: las Madres Carmen Valdivia, Sor Lucía Angulo, Sor Catalina Alzada (cubana), la Hna. Asunción Mendizábal y la Hna. Rafaela Echevarri. Con M. Paz y la Hna. Jacinta formaron la comunidad definitiva. Fue de M. Paz la primera Superiora y M. Carmen Valdivia la primera Vicesuperiora.
“Compraron entonces varias casas limítrofes y el conjunto se adaptó, lo mejor posible, para colegio y Casa de Noviciado, que abriría más adelante. El edificio daba a tres calles y era bastante el terreno que comprendía. “

Hemos ya descrito precedentemente la actividad de las Esolapias en nuestra Diócesis y la salida del país de todas ellas, cubanas y españolas, cuando fueron nacionalizados por la Revolución sus colegios y sus casas en 1961.
“Al crearse condiciones más favorables para su regreso a Cuba, aunque con finalidades diversas, volvieron a la Isla a petición del Nuncio Faustino Saínz el 23 de junio de 1992. Las hermanas que llegaron en esta fecha fueron la Madre Ana María García Novo (española), M. Felisa López (colombiana) y M. Lucia los Arcos Macaya (española) quien vivió en Cuba antes de la Revolución.
Regresar a tierra cubana después de tres décadas supuso algunos retos que, según testimonio de la M. Ana García N., fueron sobre todo: asumir lo inesperado e inseguro, relacionarse con un pueblo distinto, construir en la inseguridad y miedo de quien da los primeros pasos, cambiar nuestros esquemas personales para poder ser parte del pueblo, vivir sintiéndose vigilada, convivir con personas en cuyo comportamiento esta presente con mucha frecuencia la doble moral
El 9 de octubre M. Ana María, M. Lucía y M. Felisa fueron al Poder Popular a registrarse como residentes del pueblo artemiseño y tener derecho a la libreta de abastecimiento de alimentos. Las primeras clases que recibieron las hermanas fueron como manejar la libreta para obtener alimentos.
Sus actividades pastorales comenzaron en el Templo de San Marcos, poco a poco caminaron todo el pueblo y a cada una se le designó una zona que atender, con la ayuda de algunas mujeres comprometidas de la comunidad. Las principales actividades pastorales encomendadas en principio fueron: catequesis de niños, adolescentes, jóvenes y adultos; visita a las familias y enfermos, también Celebraciones de la Palabra en diferentes casas de oración, y apoyo a familias con algún hijo Síndrome de Down.
En fechas importantes las hermanas empezaron a desplazarse a lugares fuera del pueblo para hacer misión con otras personas recorriendo: Oceguera, Las Mangas, Pijirigua, Lincoln, Las Cañas, El Rastro, La Pastorita, Pablo Torres, El Pilar y Puerta de La Güira.
El 18 de abril de 1993 la Comunidad Escolapia compartía un significativo acontecimiento eclesial: la Beatificación de la Madre Fundadora Paula Montal Fornés. Seguía su Canonización el 25 de noviembre del 2001 en la cual pudo participar en Roma también nuestro Obispo Mons. Siro.
El 22 de enero de 1997 llegaron dos nuevas hermanas mexicanas: M. Minerva A. Calderón y Sor Elizabeth Ramírez Pimentel. El día 26 se abría una nueva comunidad en Guanajay, inicialmente formada por M. Ana María García Novo y M. Minerva A. Calderón. El P. Mariano Ruiz S.J. Párroco del lugar y otras personas les dieron la bienvenida. Un grupo de exalumnas también se alegró del regreso de las Escolapias.
El 5 de enero de 1998 se incorporaron otras Escolapia también mexicanas: M. Laura Benítez Cuevas y M. Sonia Rodríguez, mientras tanto M. Lucía era enviada a Guanajay.
Hoy nuestra comunidad Escolapia está conformada por M. Ana García Novo, M. Laura Benitez Cuevas, M. Sonia Rodríguez, M. Elizabeth Ramírez Pimentel, y Sor Flor Yolanda Arteaga Labra que llegó el 15 de noviembre del 2001 procedente de México.
“Residimos en Guanajay, colaborando en las actividades pastorales de Artemisa, sin que por ello dejemos de brindarnuestro servicio en otro lugar de la Diócesis o fuera de ella. Como Escolapia y de acuerdo a las necesidades que demanda la familia, la sociedad, la Iglesia y la escuela, seguimos educando a través de la Catequesis, pero también a través de grupos de repaso. Reforzamos la lectura, escritura y ortografía. Se procura el rescate de valores y normas de urbanidad que en un país culto y no tan culto deben existir.
«Se atiende, tanto en Artemisa como en Guanajay, a grupos de educadores, colaborando con la Conferencia Cubana de Religiosos (CONCUR) en el área de Educación. Se asesora un grupo de catequistas también en ambos lugares y se pertenece a la Comisión de Catequesis Diocesana para colaborar en la medida de nuestras posibilidades con la Diócesis. De igual modo se trabaja con el grupo de mujeres en el ámbito parroquial y diocesano.
Se acompaña a un grupo de matrimonios en Artemisa. Se colabora en la Infancia Misionera y en la Comisión de Pastoral Vocacional de la Diócesis. Se ayuda en la Hermandad de Ayuda al Preso y sus Familiares. Se busca la forma de hacer vivas nuestras celebraciones eucarísticas de los domingos.
Creemos en la fuerza de los laicos y laicas comprometidos, los hay de talla y les pedimos que no bajen la guardia. Si no que sigan adelante respondiendo al llamado que Dios les hace cada día. Es así como vamos dando respuesta, insertas en nuestro medio popular, alegre, festivo; en un ambiente a veces un tanto cargado de preocupación, nerviosismo, y cierto desequilibrio psíquico por los problemas que cada día se presentan en las familias: falta de alimento, ropa, vivienda, la beca, salir del país, huracanes, rendición de cuentas, la no libertad, etc.
Estamos caminando con gozo esperanzado y creemos en el legado de nuestra fundadora: la mujer y la familia tan importante y actual en Cuba.» (Testimonio escrito por las mismas Hermanas Esolapias)



Dirección: Calle 7 # 6106 e/ 61 y 63. Guanajay. Prov. Habana
Email: -
Teléfono: +53(48) 66466


 

   
 

 

 

 

 

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